Revisando el diccionario político, en la página 743, me he topado con un término que se aplica en lo político y la propia misión del Estado en el control del caos sociopolítico. Y sencillamente, en mi afán académico he querido socializar su existencia desde la disciplina de las ciencias del poder. Se trata de la zenarquía, cuyo significado asume una especie de filosofía política propuesta por Kerry Thornley en un libro del mismo nombre, en el cual la desglosa de la siguiente manera:

  • Zen es meditación.
  • Arquía es orden social.
  • Zenarquía = orden social que surge de la meditación.

Según textualiza el referido diccionario, esta doctrina celebra a la iluminación universal como requisito previo a la abolición del Estado —o sea, su blindaje—, después de lo cual el Estado desaparecerá inexorablemente o nadie dará por él ni un centavo. Doctrina esta que está inspirada en la filosofía budista zen y taoísta, así como por las ideas anarquistas occidentales —diríamos como materia prima del desorden social—, a lo que se agrega, como la mayoría de las ideas discordianistas —refiere especie de religión satírica que rinde culto a Eris, diosa grecorromana de la discordia—, también diosa del desorden. En tal razón, en este sucinto abordaje, relacionado con la filosofía de zen, como hemos dicho.

Para ser más ilustrativo, presento estas dos imágenes, las cuales representan unas infografías relativas a la anarquía, y de ahí el título de este artículo al combinarse el abordaje como ilustración de la filosofía de zen, y un conjunto de reflexiones del control de las acciones anárquicas del propio Estado y, en peor consecuencia, dejar que la sociedad se convierta en un estado de descontrol y llegue a impactarse su propia pervivencia como estructura del tejido del poder, y como efecto, que impere el desorden como amo y señor de la cotidianidad y la propia vida en sociedad, situaciones estas que, según la concepción abordada, solo se evita, filosóficamente, con la ilustración y la meditación.

En Gary Snyder (nacido el 8 de mayo de 1930, estadounidense, quien además de ser poeta, es un escritor que se interesó en la espiritualidad budista, en síntesis, un gran académico y a quien le cabe la honra de ser el traductor de "El budismo y la revolución venidera"), encontramos las siguientes consideraciones: desde un punto de vista budista, la ignorancia que se proyecta en el miedo y el vano apetito impide toda manifestación natural. Históricamente, los filósofos budistas no han sabido analizar hasta qué punto la ignorancia y el sufrimiento eran debidos o favorecidos por factores sociales, considerando el temor y el deseo como hechos intrínsecos a la condición humana.

Nos plantea que la filosofía budista se interesó principalmente por la teoría del conocimiento y por la psicología, y deja de lado el estudio de los problemas históricos o sociológicos. Y especifica que el budismo mahayana posee una amplia visión de la salvación universal, basado en que su realización efectiva se ha concretizado en el desarrollo de sistemas prácticos de meditación para liberar a una minoría de individuos de cuelgues psicológicos y condicionamientos culturales.

La fuente citada se empeña en reforzar que la sabiduría sin compasión no siente dolor. Por lo tanto, asegura que hoy en día ya nadie puede ser inocente o permanecer en la ignorancia de la naturaleza de los gobiernos actuales, de la política y de los órdenes sociales. Recalca que los regímenes del mundo moderno mantienen su existencia mediante una avidez y un miedo deliberadamente conservados, entre otros, extorsiones monstruosas de protección. Y en sus consideraciones siguientes, se torna severo al remachar que "el mundo libre" se ha vuelto económicamente dependiente de un sistema increíble de incitación a una codicia que no puede ser colmada, a una sexualidad que no puede ser satisfecha y a un odio que no puede ser expresado salvo contra uno mismo, las personas que se supone que amamos o las aspiraciones revolucionarias de las lamentables sociedades marginales, afectadas por la pobreza —y así refiere una gran muestra de pueblos en tal condición—.

Y de esa forma, luego de presentar un listado de países bajo esta pobreza, toma como ejemplo la llamada guerra fría y machaca que transformó todas las sociedades modernas —incluidas las comunistas— en viciosos distorsionadores del verdadero potencial humano. Engendran poblaciones de "preta" —esos fantasmas hambrientos con un apetito de gigante y una garganta no más amplia que una aguja—. Y que también refieren tipo de espíritu atormentando el alma de los fallecidos. La tierra, los bosques y toda la vida animal son utilizados por esos colectivos cancerosos que deshonran el aire y el agua del planeta. No hay nada en la naturaleza humana o en las condiciones necesarias de las organizaciones sociales humanas que exija en su fondo que una cultura sea contradictoria, represiva y productora de una humanidad violenta y frustrada. Y en ese mismo orden, establece que recientes descubrimientos antropológicos y psicológicos lo demuestran de manera cada vez más evidente. Situación que lo mueve a plantear que podemos verlo nosotros mismos mediante una correcta percepción de la naturaleza propia o a través de la meditación. Y dice: una vez que una persona ha desarrollado esta confianza y esta intuición, esto debe llevarla a un interés real por la necesidad de un cambio social radical mediante una serie de medios que esperamos no sean violentos.

Entonces, como ya vimos su definición y su intervinculación con los aspectos reflexivos y profundos como catarsis de los caos del sistema político, no resulta psicopatía alguna hacernos un examen profundo para descartar —profilácticamente— o a tiempo, el posible descuido en la presencia de cepas macrobióticas del caos, sin disponer entonces una cultura zenarquista —ya que, de no preverlo, y descubrir una avanzada cultura caótica como modus vivendi en nuestra sociedad, resultaría prácticamente de diagnóstico reservado o de carácter o nivel catastrófico —quién sabe si con metástasis— en el cuerpo de la democracia y el orden social, como sistema político, y por descuido, haya que entubarla fácilmente—.

Matiza con vehemencia que el budismo se convierte en una fuerza positiva ya que se enfoca en su tradicional no violencia y su rechazo a quitar la vida, sea cual sea su forma, tiene implicaciones estremecedoras para las naciones. Entonces insiste que la práctica de la meditación, que solo necesita "la tierra bajo los pies", limpia esos montones de inmundicia que nos han sido vertidos en la mente por los medios de comunicación, las universidades y pensadores carentes de juicios propositivos, y por efecto, impiden creer que la realización tranquila y generosa del deseo natural de amar destroza las ideologías que ciegan, mutilan y reprimen. Esta realización abre la vía a un tipo de comunidad que asombraría a los "moralistas" y que transformaría armadas de hombres que son guerreros feroces por no haber podido ser personas afectuosas. La filosofía budista del Avatamsaka (Kegon), sostiene, ve el mundo como una amplia red interconectada en la cual todos los objetos y los seres son necesarios e iluminados.

Desde cierto punto de vista, los gobiernos, las guerras y todo lo que consideramos "malo" está, sin duda, dentro de esta globalidad, acota la fuente. El halcón, el vuelo en picada y la liebre son uno. Desde el punto de vista "humano", no podemos vivir en estas condiciones a menos que todos los seres vean con los mismos ojos despiertos. Y dice: el bodisatva —cualquier ser que aspira a alcanzar la iluminación y se proyecta a la salvación de todos los seres en sufrimiento— vive según la vida del que sufre, y debe ser útil ayudando a los que sufren.

La revolución social ha sido la misericordia de Occidente; el despertar personal al yo fundamental/vacuidad, la misericordia de Oriente. Necesitamos ambos. Y están contenidos en los tres puntos tradicionales de la vía búdica: la sabiduría (prajña), la meditación (dhyâna) y la moralidad (sîla). La sabiduría es el conocimiento intuitivo del espíritu de benevolencia y de claridad que mora bajo las ansiedades y las agresiones que operan en el ego. La meditación es ir al fondo del espíritu para ver todo eso por uno mismo —una y otra vez, hasta que se convierte en el lugar en el que uno mora—. La moralidad es llevar todo eso a la forma de vivir, mediante la ejemplaridad personal y la acción responsable, en última instancia hacia la verdadera comunidad (la sangha) —asamblea o comunidad— de "todos los seres". Y sustenta, como su propio criterio, que este último aspecto tiene un sentido que sustenta toda revolución cultural o económica que se dirige claramente hacia un mundo libre, internacionalizado y sin clases. Significa utilizar medios como la desobediencia civil, la crítica franca, la protesta, el pacifismo, la pobreza voluntaria e incluso la violencia suave si se trata de contener a algún reaccionario impetuoso. Significa mantener el espectro de todos los comportamientos individuales no violentos lo más amplio posible —defendiendo el derecho de los individuos de fumar cannabis, de consumir peyote —cactus de efecto psicodélico—, de ser polígamo, poliandro o de ser homosexual—. Comportamientos y prácticas prohibidas durante largo tiempo por un Occidente judeocapitalista-cristiano-marxista. Significa respetar la inteligencia y el estudio, pero no bajo su aspecto ávido o como medio para conseguir poder personal. Entonces, este título, La zenarquía como meditación y sabiduría…, es una vacuna para el control del caos de los Estados, viene como anillo al dedo en un estado actual convulsivo e irreverente en que los sistemas políticos quedan envueltos en unos paradigmas de la sociedad carente de sensibilidad y garantía del bien colectivo basado en la propia inexistencia de la meditación y la propia iluminación del pensamiento humano. La zenarquía es la misma esencia que inevitablemente se sustenta en el orden social que surge de la meditación. Según la línea filosófica de zen y que, aparentemente, su sustentación es pacifista, justamente se entiende que sabiduría y meditación son los fundamentos de la vacuna del caos.

José Lino Martínez Reyes

Abogado

Politólogo, abogado, docente en asuntos políticos y electoral. Y Magister en Estudios Políticos y Electoral.

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