En el espacio de cincuenta y cuatro días, entre el 17 de junio día de la primera victoria de Colombia en la copa FIFA 2026 y el 10 de agosto, día del sismo de magnitud 7.4 que afectó varias localidades, ese país pasó de la promesa de grandes éxitos a la desolación de enormes pérdidas humanas y materiales.

Esta cercanía de dos eventos tan disímiles pone en evidencia los puntos en común que pueden tener los momentos de gloria y de tragedia tienen elementos en común. Ninguna rutina está completamente a salvo de la incertidumbre, pero la mitigación del riesgo aplica para ambos escenarios: el elemento de preparación está en el pretérito de cualquier victoria deportiva y también en la mitigación de los daños que pueden surgir como fruto de la vulnerabilidad sísmica de los terrenos.  La disciplina en el entrenamiento, el diseño de estrategias como equipo y la adecuada remuneración de todos los involucrados en una copa mundial es tan importante como prever los riesgos de las edificaciones, que no solo son sísmicos y que comprenden incendios, huracanes, fallas mayores en la alimentación eléctrica e inundaciones de todo tipo. La gestión del riesgo no es una expresión fría de los manuales de emergencia: es una forma de amor por la vida. Tener un plan familiar, conocer las rutas de evacuación, fortalecer las viviendas y educarnos para responder ante desastres son actos de responsabilidad que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y la tragedia.

Del mismo modo, la adecuada respuesta es relevante tanto para la contienda deportiva (y su celebración en caso de éxito) como para la recogida de escombros, identificación de pérdidas humanas y rescate y salvamento de los heridos.

Pero la preparación, por sí sola, no agota la lección. La celebración como la tragedia nos invitan a contemplar el valor irrepetible del presente. Cuando la tierra tiembla, caen los muros de la ilusión de permanencia. Lo que parecía seguro deja de serlo; aquello que creíamos eterno revela su condición efímera. Entonces comprendemos que la conversación pendiente, el abrazo postergado, la sonrisa compartida durante una comida familiar o la contemplación de un atardecer poseen una riqueza inmensa.  Del mismo modo, no podemos vivir solo en el pasado de un momento esplendoroso. Tal y como más adelante fue evidente, ese satisfactorio inicio de la participación en un mundial se vio empañado por un empate antes de ir a tiempo extra el 3 de julio y una eliminación el 7 de julio

Por ello, ante los avatares de la existencia, conviene prepararnos con prudencia, responder con serenidad a las contingencias y, sobre todo, disfrutar aquello que hoy tenemos delante. Los filósofos estoicos enseñaban que recordar nuestra vulnerabilidad no conduce al pesimismo, sino a una gratitud más profunda. Si la vida es sueño, como decía Calderón de la Barca, hay que vivir con intensidad cada momento.

Jeanne Marion Landais

psicóloga y escritora

Jeanne Marion-Landais cuenta con una experiencia profesional importante en el mundo financiero y diplomático. Ha vivido en Estados Unidos, Francia y República Dominicana y su mirada al mundo está permeada por sus vivencias en estos países. A título voluntario colabora desde el 2014 con El Arca, asociación en torno a la discapacidad intelectual. Es madre de dos hijos.

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