Desde hace más de dos décadas he venido escribiendo sobre la enorme cantidad de fallecidos, sin razón alguna, durante las festividades religiosas de la Semana Santa. ¿Qué justifica que en un tiempo que debe ser de reflexión y recogimiento espiritual decenas de dominicanos pierdan la vida trágicamente?

Peor aún, mueren personas que estaban estudiando, trabajando, soñando y amando. Hay que sumarles a esas muertes los planes perdidos que también murieron, cuando pudieron y debieron servir al colectivo familiar, empresarial, político o religioso. Entonces la pérdida es total.

Nunca habrá razón para que un solo ciudadano dominicano pierda la vida en un tiempo que debe y debería ser para la reflexión, el total recogimiento de la familia y la propia comunidad. ¿Cómo justificar que personas en estados normales de existencia (física y mental) pierdan la vida, causando problemas inesperados a sus propios familiares?

Entre esos fallecidos siempre habrá padres, hijos, hermanos, esposos, abuelos, nietos y vecinos, que lo más lejos que tenían era que les llegara la muerte en un viaje que debió ser de placer compartiendo con los suyos y con la paz espiritual que exige el momento, por tratarse de una fecha tan única y especial en el marco de los valores religiosos tradicionales de la nación dominicana.

Cuando se dan a conocer las estadísticas de los fallecidos de la Semana Santa, los organismos de socorro, con frecuencia, suelen compararlas con los resultados del año anterior, y hasta expresan, como he observado, que desde el punto comparativo, hemos tenido éxito; pero, la realidad es que desde el punto de vista humano los fallecidos son muertos irreparables e irreemplazables para sus dolientes y sus comunidades.

Es importante saber, con claridad absoluta, que no se trata de cuidarnos con policías, paracaídas y socorristas durante el período de la Semana Santa, sino de educar civilmente, a través de un programa de educación ciudadana eficaz y efectivo todos los días, semanas, meses, años y siglos para toda la vida.

En la dirección de lo dicho anteriormente, remito a los lectores a leer un interesante trabajo del prestigioso periodista Aníbal de Castro, titulado "Todos los días son sagrados".

Rafael Nino Féliz

Educador

Nacido en El Cachón, Barahona. Graduado de Licenciado en Educación con mención en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD. Se desempeñó como técnico de varios departamentos del Ministerio de Educación. Director de Organización de la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (ODC). Director de la Dirección de Bienestar Estudiantil; Tesorero General y dos veces Vicerrector de Extensión. Actualmente docente en las cátedras de Teorías y Crítica de la Literatura y Letras Básicas. Ha publicado más de diez libro de poesía.

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