A lo largo de la historia la violencia ha sido asociada con el abuso de poder. Visto así, parecería una afirmación muy lógica. Sin embargo, cuando la contrastamos con las evidencias que nos aporta la historia, nos damos cuenta que el poder ha sido necesario, pero no suficiente para entender la violencia.
Cuando profundizamos sobre el concepto de poder, nos encontramos que el mismo podría servir, no tan solo para ejercer violencia, sino también para hacer el bien. De ahí, que la palabra poder nos deja a medio camino cuando queremos descubrir los insondables enigmas que podrían llevar a una persona a dañar a otros con intención.
Una de las particularidades de la violencia es aquella análoga a una especie de virus con muchas mutaciones, que cuando nos enfocamos en neutralizar una sola de ellas, las demás siguen arrasando con todo a su paso.
Así que para asociar al poder con la violencia debemos decir “Los abusos de poder”, y para llegar ahí no tan solo hay que disponer de recursos de intimidación que puedan ser letales, sino de una mentalidad llena de hostilidad, temas no resueltos del pasado, anhelos y conquistas frustradas, que erróneamente las personas violentas, en su desorientada brújula creen resolverán apelando a la violencia.
Para lo que sí les alcanza el poder a las personas abusivas, es para generar un nivel de intimidación y letalidad graves conforme al tipo de poder que manejan. De ahí que se desprende una de las primeras máximas, y es que una persona con mentalidad abusiva no debería tener acceso a medios letales o recursos con los cuales puedan quedar en una posición de mucha ventaja sobre sus posibles víctimas.
Una inquietud importante de este y todos los tiempos, es que la violencia no empieza con golpes, patadas, misiles o bombas atómicas. El uso de esos recursos es ya la derrota moral ante la imposibilidad de resolver los conflictos de forma humana y diplomática. Las personas con mentalidades abusivas no conciben formas moderadas de solución de conflictos. El ideal de tomar decisiones que nos coloquen en un escenario donde todos ganemos, o al menos quedemos con la frente en alto al salvar nuestra dignidad, no existe en las mentalidades abusivas.
Estas personas solo son pacíficas o respetuosas de los derechos de los demás cuando están en una posición donde no tienen otra opción. Suelen ser de lo mas afables, cuando del otro lado encuentran personas que tienen formas de poder igualitarias o que perciben superiores a ellos. La verdadera violencia comienza mucho antes del uso de cualquier medio físico o letal. Inicia cuando se enarbola una ideología que propone “cosas buenas” para alguien y luego, una vez logrado el poder se cambia el libreto y se hace todo lo contrario.

Algunos referentes importantes nos pueden iluminar sobre la forma como las personas violentas se disfrazan de ovejas antes de iniciar sus escaladas mortales. El Trujillismo propuso orden y desarrollo, y luego, cuando el traje de oveja se desvaneció, lo más sobresaliente fue una horrible represión en contra de la población dominicana, además de una corrupción desbordada. Por su parte, Adolfo Hitler ilusionó a los alemanes con una propuesta de restaurar la dignidad de la nación ante la derrota en la Primera Guerra Mundial y las duras condiciones que les fueron impuestas por los países ganadores. Con el tiempo el resultado fue uno de los espectáculos de violencia más horripilantes que la historia de la humanidad pudo presenciar.
Pero la historia no termina ahí. En la edad media muchos farsantes distorsionaron el rol de la fe católica, cometiendo crímenes horrendos a través de la Santa Inquisición y en nombre del cristianismo. Stalin ordenó asesinar a millones de soviéticos en nombre del socialismo y, ahora tenemos varias escaladas de guerras y amenazas de genocidios en nombre del neoliberalismo, que intenta elevar al capitalismo a la categoría de valor supremo.
Ante este cuadro que nos presenta la historia, algunas preguntas se me ocurren y son las siguientes:
- ¿Estamos los seres humanos incapacitados al momento de intentar cumplir los ideales y doctrinas humanas que tanto defendemos o predicamos?
- ¿Cuáles son los mecanismos psicológicos que operan en aquellas personas que apelan a narrativas compasivas, solidarias, a la justicia y el amor cuando no ocupan una posición de poder, y luego son indiferentes a estos principios cuando ya lo tienen?
- ¿Se ha planteado alguna vez la posibilidad de inhabilitar a una persona de tener acceso a ciertas posiciones de poder bajo la premisa de ciertas señales que ofrecen de que lo utilizarán de forma abusiva cuando lo posean?
Independientemente de cuales sean las respuestas a estas preguntas, lo cierto es que hay mecanismos internos y conductas aprendidas que otorgan permiso al poder para que distorsione nuestra lógica, sobre todo en personas que tienen mentalidades abusivas. Son estas las personas que concluyen que cualquier acción política es válida, independientemente de que la misma arruine miles de años avances en el plano humano y social.
Todos los seres humanos necesitamos el logro de premisas y recursos emocionales que nos ayuden con la obtención de algo de certidumbre en un mundo cada vez más incierto y arriesgado. En el caso de las personas con mentalidades abusivas, piensan que solo pueden lograr esta sensación interna de estabilidad y certidumbre abusando de alguna forma de poder. Necesitan de las ideologías que prometen el respeto a los principios substanciales que enarbolan la paz, el respeto a los derechos fundamentales y la mejora de los indicadores de desarrollo humano de forma integral. Pero cuando obtienen el poder, estos principios pierden su fuerza motivacional y ahora se van al fondo para dar paso a formas abusivas que se manifiestan desde la manipulación, los chantajes, amenazas y la intimidación hasta escalar a la violencia descarada y explícita.
Decía Sigmund Freud que “no le temo a mis enemigos porque sé qué puedo esperar de ellos. En cambio, sí temo a los adulones porque son impredecibles y no sé cómo defenderse de ellos”. Las personas con poder con frecuencia tienen aduladores a su alrededor, y parece les agrada este tipo de compañía. Tal vez si cambiamos la mentalidad colectiva y los lideres, tanto mundiales como locales, comienzan a preferir a personas con pensamiento crítico a su lado que les recuerden que no son dioses, el poder seria la herramienta liberadora de los ángeles que todos llevamos dentro: la capacidad de ser felices, el deseo de vivir en paz, amar, vivir con libertad, solidaridad y respeto.
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