Una opción electoral alternativa mínimamente significativa, que supere la raquítica votación que hemos tenido las izquierdas y el progresismo, solo es posible si integra las izquierdas no orgánicas, que son el 90% de las simpatías de esa corriente en el país, y a las reservas democráticas que constituyen decenas de miles de personas.
Sería un desatino con consecuencias fatales repetir una participación electoral con resultado de 5- 10 mil votos.
Lo hemos dicho antes y muchas veces desde el 201O, recibiendo burlas incluso: la Izquierda no es minoría, solo que está dispersa. El sentimiento, la ética y los valores de Izquierda están en grande en la sociedad.
Hay izquierdas aunque pocas dentro de los partidos tradicionales. Las vemos a cada rato, y casi siempre acompañándonos en las luchas por la defensa del medio ambiente y los recursos naturales, y en rechazo a las injusticias de cada día en el país.
Y las convocamos en los diferentes municipios para la solidaridad con Cuba y resaltar la figura del Comandante Fidel Castro Ruz.
Concurren a estas convocatorias, porque tienen sentimientos de izquierdas.
Sería faltar a la nobleza humana y militar en la No- política, no reconocer esa calidad; que es un dato de la realidad, y no ficción.
Y aquí hay que recordar al insigne José Martí, a su decir: "El sol quema con la misma luz con que alumbra; el sol tiene manchas. Los agradecidos ven la luz; los desagradecidos solo ven las manchas".
La cuestión para el reposicionamiento de la Izquierda con mayúscula, es cómo poner en movimiento y en un mismo sentido esas izquierdas dispersas.
Esta es una tarea tan grande como necesaria. Que requiere asumir un valor esencial de Izquierda; cuál es, la inclusión del otro y la tolerancia a lo diferente.
Echar abajo el espíritu de descalificar al o la que no está conmigo o lo nuestro, y centrar la atención en la demanda política- país que más une y moviliza.
Requiere, entre otras cosas, abandonar de raíz la práctica de militar en la enemistad respecto a quienes no aceptan o se han distanciado de la militancia orgánica.
Cuál política, y espacio correspondiente, pueden hacer posible unir y mover en un mismo sentido al más amplio contingente de las izquierdas orgánicas y no orgánicas; es de una relevancia táctica y hasta estratégica.
Aunque la referencia hacía el 2028 es estrictamente táctica, y debe entenderse así a toda magnitud, porque es un episodio político pasajero, con día y hora de caducidad el que está en juego; y no la revolución que es un curso continuo de horizonte largo.
De palabra, que no de hechos, las izquierdas orgánicas hemos asumido la existencia de miles de hombres y mujeres en la sociedad que postulan y militan en valores y una ética de Izquierda.
Hemos dicho, por lo menos las tendencias más conocidas, que para asumirlas, además de un programa político mínimo que apunte a superar la problemática nacional y del pueblo; bastaría como requerimiento que no hayan incurrido ni incurran en actos de corrupción de los bienes públicos; que no tengan vínculos con el narcotráfico, ni con el crimen político y organizado; que no tengan ideas ni prácticas relacionadas con la violencia de género, los feminicidios, el acoso sexual, la pederastia, la xenofobia y la persecución racial.
¡El vengan a mi! no puede ser la línea. No ha resultado. Ni resultará.
La antropología quizás, pero seguro la sociología, deben ayudarnos a los políticos de las izquierdas a comprender que la nuestra es una sociedad con propensión natural a la dispersión, para hacerse cada vez diversa; porque la diversidad es su naturaleza.
Cuando Colón llegó, encontró la isla dividida en cinco cacicazgos con sus respectivos caciques, y en el decursar del tiempo lo dominicano resultó de un sincretismo socio-cultural que unió en ser único a una diversidad de razas y costumbres. El pueblo dominicano es diverso por naturaleza.
Solo el poder, o la perspectiva clara de este, ha podido convertir en mayoría política parte importante de esa diversidad.
Si entendemos esta realidad y asumimos con consecuencia la práctica correspondiente, las izquierdas orgánicas podríamos contribuir en grande a construir una opción electoral nueva para el 2028.
Con cuáles métodos y espacios, son problemas que hay que plantear y resolver.
Desprendimiento a los prejuicios y ataduras del pasado, y mucha imaginación creativa, pudieran ser la clave.
Y más fuerte será, si, además, contribuimos a mover las reservas democráticas que han existido y crecen en el país desde 1966, y se han movido electoralmente apoyando cada vez "el mal menor", o a quién valoran como lo más democrático en el momento en cuestión.
Hoy esas reservas son espacio en disputa a tres bandas. O las gana la indiferencia; o las gana otra propuesta política ; o vuelve a encantarlas el peledeismo.
Y esa "otra propuesta", también está en disputa. Porque además de que nosotros los de izquierdas queremos hacerla contestaría al orden dominante; desde la sociedad del espectáculo se la quiere hacer una para peor de lo que hay.
Las encuestas señalan esa realidad.
El PRM ha perdido 18 puntos de simpatías desde que asumió su segundo gobierno.
Mientras que 54% de encuestados dice no simpatizar con ningún partido.
Estamos compelidos a presentar una propuesta que de entrada supere el más de lo mismo que hemos sugerido siempre, y de una muestre perspectivas de poder.
(Volver a una votación de 5- 10 mil votos sería desalentador. Haría más daño).
Entonces la cuestión es: cómo se integran esas reservas de izquierdas y democráticas de manera militante; en la opinión y en la acción.
Cuál candidatura une y atrae más, y cómo se la escoge. Son cuestiones a resolver.
Repetir lo que hemos hecho siempre, sería un "roba la gallina"
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