Escuchar la historia del piloto dominicano Fabio Espinal y su colega norteamericano Bradley Schlenker, detenidos en la República de Guinea por más de 5 meses, es como sentarse a escuchar una historia de una película de terror de Hollywood. Los peligros de la forma de trabajo del piloto contratista, las dudas detrás del dueño de la aeronave y sus operaciones anteriores, la elección de la parada técnica en República de Guinea cuando se contaba con otras opciones, las metidas de pata en la planificación, y el eventual arresto parecen todas sacadas de un guion de cine, en el que todos los elementos se alinean para llevar a la odisea que vivieron los protagonistas.
Pero esto no debe ser visto solo desde el punto de vista de aquellos detenidos en Guinea, sino también desde el punto de vista de los gobiernos, familiares, amigos y colegas que se quedaron atrás, preocupados por el bienestar de sus muchachos, mientras pasaban las mil y una en una prisión africana. Y es que aquí hay lecciones aprendidas para todos los niveles, desde la importancia de la geopolítica a la hora de elegir destinos o paradas, y los temas de contratación de tripulaciones y planificación de planes de vuelo, hasta las labores diplomáticas para asistir a un ciudadano y un ser querido detenido lejos de casa.
El inicio
Para la mayoría de los pilotos, la idea de trabajar como contratista resulta un tanto ajena a la normalidad; generalmente, cuando un piloto es contratado para volar de manera comercial, se hace con contratos de empleados y no de contratistas, especialmente cuando se trata de contratos internacionales, donde se torna un tanto nebuloso el revisar la legalidad de las cosas. Como bien dicen las regulaciones, al final del día mucha de la responsabilidad de un vuelo (en especial un vuelo privado) recae en el piloto al mando, por lo que escuchar la historia de una tripulación estadounidense, contratada para un solo vuelo por un ciudadano brasileño fuera de su país, es un tanto anormal.
Pero como mucho del mundo moderno, la historia comienza en WhatsApp, cuando el dueño de la aeronave, el señor Kelton Mendonca Gama Reis, contacta al capitán Bradley Schlenker vía texto y ofrece contratarle para que le vuele un avión Gulfstream IV, matrícula norteamericana, desde Sudamérica a Dubái. Le deja a él la responsabilidad de buscar un primer oficial (copiloto). El capitán Schlenker publica en grupos de WhatsApp formados por pilotos contratistas la oportunidad de un contrato rápido para un primer oficial, y es ahí cuando se une el dominicano Fabio Espinal.
Los vuelos
Así comienza la primera parte de la historia, en la que ambos pilotos se trasladan a Campinas, Brasil. Allí se encuentran con el señor Kelton y revisan la aeronave por primera vez. Revisan las inspecciones, los documentos, los manuales, los mantenimientos y todo el historial técnico de la aeronave. El capitán Bradley está satisfecho y confiado en que la aeronave está legalmente aceptable, y salen a realizar vuelos de prueba por Brasil, concluyendo de manera positiva y realizando el primer vuelo comercial, en el que llevaron al dueño junto a su familia desde Campinas hasta Surinam, en la costa norte de Sudamérica. Así termina su primera interacción con el dueño y con la aeronave, y luego regresan a Estados Unidos.
Pasadas unas semanas, el señor Kelton les contacta nuevamente, pero esta vez con una misión más ambiciosa: desea volar de Surinam a Dubái junto a su familia. Los pilotos, habiendo ya revisado la aeronave y completado un primer vuelo, aceptan la oferta y parten hacia Surinam. Sin embargo, le informan al señor Kelton que la aeronave no tiene el rango de vuelo para volar sin parar desde Surinam hasta Dubái, y que tendrán que hacer una parada técnica para recargar combustible en algún lugar de África, por lo que él debe escoger dónde quiere hacerlo (primer error). El señor Kelton elige la República de Guinea.
Geopolítica: la República de Guinea es un pequeño país ubicado en la costa occidental africana. Durante los últimos años se ha visto envuelto en una serie de eventos desestabilizadores que le han llevado a la instalación de una dictadura, mientras su economía se ha visto paralizada por enfrentamientos internos. Recientemente tuvieron elecciones internas, las cuales no dieron resultados claros, y el país vive en un ambiente de constante tensión. Además, ha sido identificado como un país que viola acuerdos internacionales de libre tránsito, aprovechando el paso de aeronaves, globos y barcos cerca de sus costas y espacios aéreos, deteniendo a pilotos y navegantes, y cobrando grandes sumas de dinero para dejarlos en libertad; en fin, una especie de piratería estatal, y definitivamente uno de los peores sitios en África para una parada técnica para echar combustible.
Una vez decididos los principales puntos del viaje, se procedió a realizar las preparaciones técnicas y al llenado del plan de vuelo (documento descriptivo de la ruta por excelencia), cosa que el capitán Schlenker delegó a una pequeña empresa, formada por el suegro del señor Schlenker, que claramente, según su análisis, no contaba con la experiencia o capacidad técnica para hacerlo (segundo error). Esto incluía un proceso, algo fuera de lo común, llamado “permiso de aterrizaje” (un trámite burocrático poco usual que algunos países añaden a sus requisitos de entrada). A la hora de la salida, Schlenker confirmó con la empresa planificadora que contaban con todo el papeleo, y despegaron hacia su cruce del Atlántico, y hacia una experiencia que nunca olvidarían.
En una segunda parte, hablaremos de la detención y el desenlace de esta odisea, así como las lecciones aprendidas.
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