La emergencia y consolidación de la inteligencia artificial (IA) ha reconfigurado la estructura del espacio público, el debate político contemporáneo y los procesos electorales de las democracias occidentales, afectando la agencia ciudadana.
Al mismo tiempo, diversos estudios muestran que los sistemas algorítmicos pueden discriminar a las personas al replicar los prejuicios negativos en función de la pertenencia a un grupo (mujeres, afrodescendientes o poblaciones vulnerables).
Esto no significa que la IA solo reproduzca discursos y prácticas humanas. La inteligencia artificial no tiene un carácter meramente instrumental ─como un cuchillo o una lavadora─, ya que posee una extraordinaria capacidad para reconfigurar los entornos sociales y la forma de pensar de las personas. Como señala Mark Coeckelbergh, la inteligencia artificial tiene un carácter performativo, “tiene el poder de organizar nuestras performances y cambia el campo de fuerzas y relaciones de poder”. (La filosofía política de la inteligencia artificial. Una introducción, Cátedra, p. 145.).
La necesidad de reflexionar sobre estos problemas ha estimulado la emergencia de un programa de investigación denominado “Filosofía Política de la Inteligencia Artificial”. Su supuesto fundamental es que la IA no es una cuestión meramente técnica y que, por tanto, no atañe de modo exclusivo a ingenieros y expertos en nuevas tecnologías. Es política en su origen, constitución e implicaciones y, por consiguiente, debe ser un objeto de escrutinio, regulación y discusión democrática.
Las nuevas modalidades de gobiernos autoritarios que emergen a nivel global no solo representan el clásico peligro a la pérdida de derechos básicos como la libertad de expresión o de asociación; constituyen un proceso de destrucción de características inéditas de la autonomía humana inviables en el pasado pero hoy día completamente factibles gracias al desarrollo de la IA.
Por tanto, la colonización de la vida cotidiana producto de la inteligencia artificial refuerza la necesidad de combatir las nuevas expresiones de autoritarismo y de promover proyectos de ciudadanía democrática.
Compartir esta nota