La Iglesia tiene una misión universal, como hemos visto: salvar la humanidad. Pero debemos tener en cuenta que existe la Iglesia particular: la Diócesis. La Iglesia local: la Parroquia. La Iglesia doméstica: la Familia. Son modalidades con la misma misión.
Así como la familia es la base de la organización social, la cual puede ir asumiendo diferentes formas de organizarse según las ideas que fundamenten la estructura social organizativa: teocracia, monarquía, dictadura, democracia para ricos…, democracia participativa, populismo…, cualquiera que sea el punto de partida para organizar la sociedad, lo divino o lo humano/ideología, en sentido estricto o en sentido amplio…
La Iglesia también tiene como base de su estructura organizativa la familia; pero, en vez de una ideología, tiene valores trascendentes y dogmas para estructurar su visibilidad. Las ideologías son transitorias, superables; los valores y dogmas son permanentes y trascendentes. Aunque, a veces, ideologizamos dichos valores; es decir, cuando falta la coherencia: decimos una cosa y hacemos otra…
Las naciones se definen por tener un territorio definido, una población, un grupo humano específico, unas leyes y unas autoridades. Así también las diócesis: tienen un territorio determinado, un grupo humano, unas leyes y unas autoridades; en la Iglesia las leyes son las mismas para todas las diócesis, aunque estén repartidas por todo el mundo. Los mandamientos de la Ley de Dios y la Constitución también son los mismos: la Biblia. El culto es el mismo y los sacramentos son los mismos, con modalidades diferentes, si es rito oriental u occidental… En la nación el territorio es específico; en la Iglesia puede ser específico y simbólico… Aunque en cada Diócesis se hacen especificaciones propias, dadas la diversidad de condiciones culturales…
Las comunidades eclesiales locales: la Diócesis, la Parroquia, la Familia, la comunidad eclesial de base y otras comunidades eclesiales tienen la misma misión: salvar la humanidad desde la debilidad solidaria con la fuerza de Dios, cualquiera que sea el rito.
Dentro del cuerpo somos partes; dentro del pueblo de Dios somos miembros; dentro del Templo de Dios somos piedras vivas; dentro de la Familia Eclesial somos hijos; dentro de la Iglesia tenemos el derecho/deber de evangelizar a todas las gentes. Somos signo de la presencia y de la acción del Salvador. Todos los tiempos son de Dios, vividos en la diversidad de actividades…
Vivimos en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras. Somos instrumentos, misioneros de Jesucristo para comunicar su verdad, su amor y su vida nueva.
Dentro de los diversos ministerios y servicios eclesiales, somos evangelizadores y animadores misioneros. Estamos llamados a dar un especial impulso a la misión ad gentes (para las gentes) y a la nueva evangelización: nuevo ardor, nuevo método y nuevas expresiones. Hemos de vivir y promover la comunión y participación en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras. Nos comprometemos en la evangelización universal dando prioridad a la evangelización de los no cristianos, tanto de nuestro ambiente como del mundo entero (Cfr.: RM).
• La Diócesis es la comunidad de parroquias. La Parroquia es la comunidad de comunidades. La Familia es la comunidad originaria, padre/madre e hij@s; la Pequeña Iglesia (Iglesia Doméstica); pero que tiene un gran corazón capaz de latir por toda la humanidad. Iglesia débil y solidaria con la fuerza de Dios. Acompañada por Jesús hasta el final de los siglos…
Como vemos, en cualquier nivel de Iglesia que nos ubiquemos, siempre el sujeto determinante es el NOSOTROS, la comunidad.
Dios vive en mí y vive en ti como personas que somos; pero en Nosotros se hace presente, se vive el Reino de Dios, cuya cabeza es Cristo. El Nosotros es el Cuerpo de Cristo. Ya no soy yo, sino Cristo el que vive en NOSOTROS. Estamos cristificados. Ya no soy yo, sino Cristo el que vive en mí y en ti; somos NOSOTROS. El NOSOTROS no anula el yo ni el tú, sino que los potencia, los fortalece, trascendiéndose a sí mismo… Al cristificarnos nos divinizamos, nos hacemos partícipes de la Divinidad, eternizándonos en la plenitud de la vida resucitada…
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