Ahora todos estamos bien atentos a las guerras gordas que hay por el mundo, la Ucrania y Rusia, que duran más que una telenovela mexicana o española y de tanto verla y hasta normalizarla ya va bajando nuestra atención hasta casi tocar tierra. Más seguidores, mucho más, somos de las nuevas y vistosas del Medio Oriente en las que los misiles se intercambian como las pelotas de pimpón y además cruzando el cielo nocturno con luces blanquecinas tipo bengalas navideñas son todo un espectáculo… pero con mucha muerte o destrucción final. Todo muy deplorable, lo comentamos y lo rechazamos.
Lo que ya no nos está causando sensación es la guerra que tenemos al lado, a unos cuantos kilómetros a la izquierda de nuestro pedazo de isla, la de Haití, la del pobre Haití apandillado, que de tan consuetudinaria ya ni caso le hacemos aun cuando para los dominicanos puede tener tantas o más repercusiones económicas y sociales que las de los Estados Unidos e Irán con su incidencia en los precios de la gasolina, del mangú matutino y del arroz con pollo de casi a diario en nuestro país.
Hoy sale publicado en la prensa matutina un titular terrorífico: «Un ataque de pandillas deja al menos 70 muertos, el número de víctimas se elevaría hasta 80 de acuerdo al informe de la ONU». ¿Qué les parece? ¡80! Y por añadidura 1,4 millones de desplazados de un país de 12. Toda una masacre y ni caso ya le hacemos, es el pan macabro de cada día, la matanza que se repite una y otra vez, esa noticia sale nuestra prensa minorizada en un chin-chin más de un octavo de página y debajo del resto de información.
Solo en el 2025 más de 6.000 personas fueron asesinadas por la violencia de las pandillas, cifra esta casi o más alta que las víctimas que se han producido a estas alturas en la guerra particular de Trump y Netanyahu con los ayatolás, los Hamás libaneses y compañía por acciones en ya más de un mes de una guerra tecnológica e internacional.
Si creían que con cuatrocientos kenianos haciendo de policías lo podían arreglar los problemas de Haití pecaron de inocentes y hasta de guanajos. Ahora traerán 5.500 militares y policías de la ONU, es posible que controlen en mayor o menor modo las pandillas, pero los males de Haití son ancestrales, verticales, horizontales, globales, la miseria, la ignorancia, la explotación a que ha sido sometido desde siempre han traído los lodos de violencia de antes y los actuales. Los remedios no resultan solamente ejerciendo acciones de facto, comienzan en la educación y continúan con una aplicación de una justicia social integral, esto toma tiempo, mucho tiempo y tal vez se le ha hecho demasiado tarde para Haití en estos tiempos vertiginosos.
Sí, tenemos una guerra a la vuelta de la esquina, a algo más de un par de cientos de kilómetros, por suerte no parece representar peligro para nosotros, si bien muchos de los desplazados y pandilleros criminales podrían entrar por las fronteras-guayos que tenemos con el vecino país. Al respecto el Gobierno dominicano dice aplicar medidas para controlarlos. Bien hecho, si lo están haciendo bien. Atentos pues a las guerras de lejos y a la vecina porque nunca se sabe si alguna pedrada tonta y distraída nos puede caer.
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