Una de las debilidades más profundas de una parte importante de la izquierda dominicana no radica únicamente en sus limitaciones organizativas, electorales o de comunicación. Su problema más serio es otro: el déficit de la formación política e ideológica de buena parte de su militancia.
Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario;pero resulta difícil construir una práctica política coherente sino no hay una formacion politica. La improvisación termina sustituyendo al estudio; las consignas reemplazan al análisis concreto; y la repetición de frases hechas ocupan el lugar de la comprensión científica de la realidad.
En La Izquierda Vista por sí Misma, de Fausto Rosario Adames, resulta especialmente revelador el testimonio del economista Yvan Rodríguez. Al narrar su proceso de formación, describe a parte de una generación para la cual el estudio sistemático constituía una obligación política y moral. Comenzó a estudiar teoría revolucionaria desde el bachillerato y, siendo muy joven, abordó El capital de Carlos Marx, además de numerosas obras del marxismo-leninismo y del pensamiento de Mao Tse Tung.
Su experiencia refleja una época en que la formación de un militante suponía largas jornadas de lectura y discusión. Se estudiaban las obras de Marx y Engels, los textos fundamentales de Lenin, Stalin y Enver Hoxha,tambien manuales de economía política como el de P. Nikitin, filosofía marxista como la de Afanásiev, el materialismo histórico, Dialéctica de la naturaleza, Anti-Dühring, Del socialismo utópico al socialismo científico, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, además de otros textos que formaban parte de la escuela José Stalin de formacion de cuadros del PCT y otras organizaciones revolucionarias enviaban a sus militantes a formarse en el exterior
Es cierto que aquella formación también tenía limitaciones. En muchos casos predominaba una visión muy centrada en determinados autores y experiencias históricas, dejando poco espacio para el estudio de otras corrientes del pensamiento revolucionario o para la confrontación crítica de ideas. Sin embargo, esa limitación no debe ocultar una diferencia esencial con el presente: antes se estudiaba de manera sistemática; hoy, en muchos espacios, sencillamente no se estudia.
Ese déficit tiene consecuencias particularmente graves en la República Dominicana.
El país ha experimentado profundas transformaciones económicas y sociales desde la década de 1990. El capitalismo dominicano dejó de ser una economía basada principalmente en la agricultura y la sustitución de importaciones para convertirse en una economía de servicios, turismo, zonas francas, remesas, construcción, telecomunicaciones y creciente concentración financiera. Han surgido nuevos grupos empresariales, nuevas formas de acumulación de capital y nuevas modalidades de precarización del trabajo.
Sin embargo, buena parte de la izquierda continúa analizando la realidad dominicana con categorías aprendidas hace cincuenta años, sin investigar suficientemente cómo funciona hoy el capitalismo nacional. Se habla del imperialismo, de la dependencia y de la lucha de clases, pero con frecuencia faltan estudios rigurosos sobre el sistema financiero dominicano, la estructura de los grandes grupos económicos, el papel de las zonas francas, la economía informal, la migración laboral, la revolución tecnológica, el impacto de la inteligencia artificial o las nuevas formas de organización del trabajo.
La consecuencia es evidente: resulta difícil formular propuestas convincentes para una sociedad que ha cambiado profundamente.
Una organización política puede sobrevivir durante algún tiempo sin grandes recursos económicos. Incluso puede resistir derrotas electorales o períodos de aislamiento. Lo que difícilmente puede superar es el abandono de la formación de sus cuadros.
Mi experiencia personal durante años de militancia en la izquierda dominicana confirma esa realidad. En muchas ocasiones las sesiones de estudio eran asumidas como un compromiso formal más que como una verdadera necesidad intelectual. No pocos camaradas llegaban habiendo leído únicamente los primeros párrafos del texto asignado. Bastaba intervenir unos minutos para dar la impresión de haber estudiado. Pero nadie engaña a la teoría. Mucho menos se engaña la realidad.
El marxismo no puede aprenderse mediante citas memorizadas. Comprenderlo exige estudio paciente, lectura comparada, discusión crítica y la capacidad de aplicar sus categorías al análisis concreto de la realidad concreta.
Precisamente ahí aparece uno de los mayores déficits de una parte de la izquierda dominicana. Con frecuencia se repiten conceptos generales, pero cuesta utilizarlos para explicar fenómenos concretos: por qué el modelo económico dominicano ha mantenido estabilidad macroeconómica junto con elevados niveles de desigualdad; cómo se reproduce el poder de las élites económicas; cuáles son las nuevas formas de dominación cultural; cómo operan hoy los monopolios mediáticos; cuál es el impacto de las plataformas digitales sobre la conciencia social; o cuáles son las contradicciones generadas por la inserción de la República Dominicana en la economía global.
Sin ese esfuerzo intelectual resulta imposible construir una estrategia política seria.
Cuando la formación política desaparece, aparecen inevitablemente el dogmatismo, el espontaneísmo, el activismo sin estrategia y la sustitución del análisis por las consignas. Las redes sociales terminan reemplazando los círculos de estudio; la opinión sustituye a la investigación; y la inmediatez desplaza el pensamiento estratégico.
La República Dominicana necesita una izquierda capaz de estudiar con el mismo rigor con que interviene en los conflictos sociales. Necesita cuadros que dominen la economía política contemporánea, la historia nacional, el derecho constitucional, las finanzas públicas, la geopolítica, la tecnología, la comunicación política y las transformaciones culturales del siglo XXI. No basta con conocer los clásicos; también es imprescindible comprender el presente.
La renovación de la izquierda dominicana no dependerá únicamente de un nuevo liderazgo ni de mejores campañas electorales. Dependerá, sobre todo, de reconstruir una verdadera cultura del estudio. Escuelas de formación permanentes, círculos de lectura, investigación sobre la realidad nacional y debate intelectual riguroso deben volver a ocupar el lugar que alguna vez tuvieron.
Porque ninguna organización transforma una sociedad que no comprende. Ningún militante puede dirigir procesos históricos si desconoce las leyes fundamentales que explican el funcionamiento de la revolución,la economía, el Estado y de la lucha de clases. Y ninguna izquierda podrá convertirse en vanguardia alternativa de poder mientras renuncie a formar cuadros capaces de interpretar científicamente la realidad dominicana.
La principal tarea de la izquierda dominicana no es solamente crecer en número; es elevar su nivel de conciencia, de conocimiento y de capacidad analítica. Sin cuadros sólidamente formados no habrá estrategia duradera. Sin teoría revolucionaria no habrá análisis profundo. Y sin formación política será imposible construir un proyecto de transformación social que responda, con eficacia y creatividad, a los desafíos específicos de la República Dominicana del siglo XXI.
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