Hace unas semanas advertí sobre el posible impacto que el conflicto entre Estados Unidos e Irán podía tener sobre la economía dominicana. En aquel momento, el riesgo parecía distante, pero abril demostró que, para una economía como la nuestra, lo externo no tarda en sentirse en el bolsillo.
El mecanismo es sencillo de entender. República Dominicana es un importador neto de petróleo, y cuando el crudo se encarece, el efecto no se detiene en los mercados internacionales ni se queda en las estaciones de combustible, sino que migra hacia el transporte, la energía y los costos de producción, hasta terminar en los precios que pagan las familias cada vez que van al colmado o toman el transporte público.
Los números de abril lo confirman. La inflación del mes fue de 0.49%, la inflación mensual más alta en lo que va del año. Con este resultado, la inflación interanual subió a 5.11% frente al 4.63% del mes anterior, posicionándose por encima del rango meta superior de 5% del Banco Central y mostrando un cambio de tendencia, ya que había descendido en el mes anterior, de 4.67% en febrero a 4.63% en marzo.
Este cambio de tendencia se sintió con más fuerza precisamente donde más afecta al bolsillo dominicano: alimentos y bebidas no alcohólicas y transporte. Estos dos grupos concentran alrededor del 40% de la ponderación total del índice de precios, y en abril registraron incrementos de 7.0% y 5.3% interanual respectivamente, es decir, los dos rubros donde el dominicano de a pie menos puede ajustarse porque comer y moverse no son opcionales.
Con este resultado de la inflación de abril, República Dominicana se posiciona como el segundo país con mayor inflación en toda Centroamérica, superado únicamente por Honduras con 5.5%.
Pero lo más preocupante no es lo que ya ocurrió sino lo que viene, porque han transcurrido 83 días desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán y no hay señales creíbles de que el enfrentamiento esté próximo a resolverse. De hecho, los agentes económicos ya lo están incorporando en sus proyecciones, ya que en enero de 2026 estimaban una inflación de cierre de año de 4.28%, pero al mes de abril esa cifra había subido a 4.98%, un salto de 70 puntos básicos en apenas tres meses.
Por otra parte, mientras los precios suben, la economía dominicana pierde fuerza. Si bien la economía creció 4.1% en el primer trimestre, una cifra que en otro contexto podría parecer aceptable, hoy resulta insuficiente y preocupante frente al promedio histórico de la última década, estimado en torno al 5.3% (excluyendo los años atípicos de 2020 y 2021).
De hecho, organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, ya ajustaron sus proyecciones de crecimiento a la baja, recortando su estimado de crecimiento para República Dominicana en 2026 de 4.5% en octubre de 2025 a 3.7% en abril de este año, una corrección de 0.8 puntos porcentuales en apenas seis meses. Sin embargo, a la luz de las condiciones actuales, ese 3.7% podría resultar un escenario optimista y el crecimiento real de la economía puede terminar siendo inferior a esa cifra.
Lo que se configura es un escenario donde la inflación sube, las expectativas se deterioran y el crecimiento se desacelera, todo al mismo tiempo y sin que el conflicto que lo detona muestre señales de parar. Tiene nombre ese escenario, y es el mismo que anticipé en artículos anteriores: estanflación.
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