Los beneficios y perjuicios que la tecnología de la comunicación e información nos darán en el futuro, son descomunales. El estar debidamente informados mediante el uso de herramientas, dispositivos y medios modernos de transmisión de información es
positivo.

Pero también, el uso deliberado e irresponsable de los medios modernos están impactando negativamente a nuestras poblaciones, al punto de que han sido identificados en los dos recientes Informes de Riesgos Globales (2025 y 2026) del Foro Económico Mundial (FEM), Foro de Davos, como uno de los mayores riesgos globales.

En el 2025, el análisis que suele realizar el FEM, develó que la población está preocupada con lo que acontece en la actualidad en el mundo con el manejo de la información. El reporte del 2025, además de los problemas de conflictos armados entre países, los riesgos medioambientales por el cambio climático y los desastres por fenómenos naturales, también la desinformación queda posicionada como una de las que preocupan a la población.

“La desinformación y la información errónea encabezan los riesgos a corto plazo y pueden fomentar la inestabilidad y socavar la confianza en la gobernanza, complicando la urgente necesidad de cooperación para abordar crisis compartidas”. (Informe de
Riesgos Globales, 2025).

Si bien los medios son un excelente vehículo para informar, educar e incidir, igual la desinformación arrastra a las sociedades hacia la pérdida de autoridad de los medios tradicionales. La hiperconexión de los usuarios y el predominio de las emociones sobre la razón en la percepción de las informaciones que se sirven, desde las distintas redes sociales, al parecer nos pone en riesgo a todos.

Ese es un problema que vuelve a salir en el Informe de Riesgos Globales, 2026; esta vez, en el campo de las tecnologías, sociedades y medioambiente, “la información falsa y la desinformación ocupan el segundo puesto en el panorama a dos años, mientras que la inseguridad cibernética se sitúa en el sexto”. (Informe de Riesgos Globales, 2026).

República Dominicana, al igual que otros países, vive la experiencia de pasar por momentos en que la tecnología de la comunicación, especialmente las redes sociales, las que están en manos de personas sin preparación, provocan sensiblemente daños
psicológicos.

En el país han ocurrido situaciones de pérdidas de niños y tragedias en las que muchas personas han pasado a un estado de shock al ser desinformados y no poder ver con claridad la situación acontecida. Hay personas que no sienten, incluso, ninguna emoción, lo cual empeora los escenarios fatales colectivos, familiares y personales.

Por ejemplo, sobre el caso de Brianna Genao, la niña de Imbert, Puerto Plata, desaparecida el pasado 31 de diciembre, algunos influencer desinformaron publicando en sus canales informaciones inexistentes. Igual situación se vivió en la lamentable tragedia de la discoteca del Jet Set.

En vista de que la desinformación que se sirve a los usuarios, desde diferentes plataformas tecnológicas de comunicación, es un riesgo global y local que impacta emocionalmente a la sociedad dominicana, pues, debemos ir pensando en un esquema de regulación y sanción de esos actos.

Circularon en la semana pasada, y aún siguen reenviándose en las redes, las supuestas muertes del merenguero Sergio Vargas y el dirigente político Ing. Ramón Alburquerque, ambas noticias malintencionadas. Y esta última, tristemente, se hizo cierta en la mañana de este viernes, al comunicar los familiares del ingeniero su deceso.

La desinformación en las redes sociales preocupa a muchos de aquí y de allá; pensar a corto plazo el tipo de medidas de control que se tendrá que aplicar, es un asunto urgente que no espera y se tiene que resolver en el menor tiempo posible.

Bernardo Rodríguez Vidal

Psicólogo clínico

Subdirector Ejecutivo de la Defensa Civil Psicólogo Clínico, Maestría en Alta Gerencia y Especialista en Gestión de Riesgo de Desastres.

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