Nuestra opción vital tiene como base la vida, la fe y el valor originario; además, tiene una exigencia permanente y cotidiana: la conversión continua, que tiene un amigo inseparable: el discernimiento.

Tanto el Valor Originario Personal como el Valor Originario Institucional son complementarios y tienen variantes: personales y comunitarias según pasa el tiempo; ambos coordinados, en la Vida Consagrada, tenemos la Comunidad Apostólica; pero sucede que después de un período de tiempo largo, tanto lo personal como lo comunitario institucional se fijan, se anquilosan y se detiene el crecimiento personal y el comunitario. Es decir, nos ajustamos a un comportamiento acomodado, rutinario, que nos hace perder la radicalidad del sentido originario de la entrega personal y pasamos de un servicio solidario a un servicio financiado viviendo en la Comunidad Apostólica, lo mismo pasa en la Comunidad Cristiana… Aquí se hace presente la exigencia de una conversión personal y comunitaria…, para recuperar ambos originarios.

¡Atención! Las personas somos limitadas y fácilmente podemos dejarnos cegar por el yo, que se deslumbra por el inmediatismo de lo bueno, y no vemos el mal que hacemos al otro, que a la larga perjudica al mismo yo y al nosotros.

Al caer en la cuenta de que esta situación personal y/o comunitaria hace daño al otro y a mí, es que aparece la exigencia de conversión. Por la experiencia sabemos que el cambio personal, la conversión, puede ser más rápido que el comunitario. Así, como no se llega al anquilosamiento en un corto plazo personal y comunitario, tampoco podemos creer que vamos a cambiar de un día para otro una situación forjada en varios años personales o varias generaciones comunitarias, porque las personas pasan y permanece lo comunitario, la institución, y por tal razón no va a cambiar en poco tiempo, se lleva un proceso el desaprender igual que tuvo para formalizarse aprendiendo…

No es lamentándonos, ni echando la culpa a nuestros ancestros o al otro presente, ni llorando…, que vamos a dar el paso a la conversión, sino haciendo cada uno/a y la comunidad lo que esté a su alcance para lograr el cambio. Dios actúa a partir de que haga o hagamos lo que me corresponda o nos corresponda; actuando con fidelidad creativa, yo o nosotros…, Dios pone lo que falte.

La fidelidad creativa de la juventud, que entra a la Vida Consagrada (Comunidad Apostólica), no es a las personas con quienes convive, sino que la fidelidad creativa es al carisma personal y comunitario (V. O. P. + V. O. I.), que se complementan; porque la conversión siempre hace referencia a la originalidad, que le da sentido a la opción vital de la persona y de la comunidad. Todos, superior, comunidad y persona, tenemos la misma obediencia al carisma institucional, que es nuestro Absoluto…

El propósito principal de nuestra ofrenda vital en servicio solidario, como ofrenda a Dios, es para reconciliarnos con Él y salvar la humanidad en continuidad con la entrega al estilo de Jesús.

La relación con Dios, con el Otro y con la Naturaleza exige conversión personal y comunitaria. Exige claridad objetiva, real, concreta, específica. Es decir, saber bien a qué nos dedicamos y por qué; a quiénes beneficiamos y no dar por supuesto… Yo creíayo no sabía; no bastan buenas intenciones. ¿A qué me quiero comprometer? ¿A quiénes quiero beneficiar? ¿Desde dónde y cómo voy a vivir?

 Ordinariamente, los consagrados, hablamos de evangelizar, educar,  administrar y repartir. Estos valores no son contradictorios; pero se combinan y confunden la opción vital personal y comunitaria de evangelizar.  Por tanto, la conversión no es exclusiva de los pecadores… Al contrario, es el presente inmediato del futuro anhelado: Plenitud de Vida, querido por la persona y la Comunidad Apostólica. La conversión es continua para todas las personas y las comunidades, la conversión no es puntual.

Sería absurdo, pues, mantener estructuras y personal dedicados a una entelequia: una racionalidad que invierte el sentido de servicio solidario a beneficio y seguridad personal y comunitaria con servicio financiado; es decir, es como presentar ofrendas a Dios teniendo pendencias con el otro; no podemos continuar sin corregir el mal que nos aparta de la misión personal y comunitaria (Mt 5, 23-24): 23 Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

El evangelista Mateo está en sintonía con el mensaje de los profetas, quienes insistían en que los sacrificios y ofrendas no eran aceptables sin la reconciliación, que para nosotros viene a ser la conversión… Veamos despacio: Am 5, 21-22; Miq 6, 6-8: "… el Señor ya te ha dicho, y qué es lo que él espera de ti…". Sal 51, 19: "Las ofrendas a Dios son un espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, un corazón hecho pedazos!".

Nuestra relación con Dios depende de nuestra relación con los hermanos y la conversión es el fiel de la balanza indicando nuestra coherencia.

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

Ver más