La Modernidad se encuentra vinculada al reconocimiento de unos principios universales que deben ser respetados en el interior de las naciones y entre los Estados. Esta interrelación es defendida por Immanuel Kant en el séptimo principio de “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita” al afirmar que la instauración del “ser común” en un Estado particular está relacionada con las relaciones exteriores entre los diferentes Estados.

Kant afirma que existe una “insociable sociabilidad de los hombres”, es decir, una tensión constitutiva de la especie humana entre buscar el establecimiento de relaciones sociales y la tendencia a romperlas por el deseo de disponer de los bienes naturales sin restricción de los demás.

La resolución de la referida tensión no es sencilla y Kant entiende que la misma pasa por la conformación del ideal de una federación de naciones (Foedus Amphictyonum) como proyecto de construcción de una ciudadanía pacífica, una constitución que establezca unos principios de respeto mutuo entre los ciudadanos y, al mismo tiempo, la instauración de un régimen de legalidad que oriente las relaciones de respeto mutuo entre los Estados.

El planteamiento de Kant es un ideal de perfeccionabilidad inacabado, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, constituye una guía de convivencia basada en ideales de justicia y no en la lógica de la supervivencia del más fuerte. Defender un orden de derechos es cada vez más relevante debido al retroceso del reconocimiento de los derechos humanos como producto de la emergencia de gobiernos iliberales de derecha y de izquierda, tanto en Europa como en América, así como por la violación del derecho internacional que se viene efectuando desde hace años por parte de las actuales superpotencias del planeta.

No requerimos compartir los fundamentos metafísicos del ideal federativo de Kant o de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde un punto de vista pragmático, podemos evaluar las implicaciones de asumir como principio de las interacciones humanas ideales de dignidad, justicia y convivencia pacífica en vez de asumir los supuestos de las doctrinas supremacistas.

Por supuesto, en la medida que las sociedades democráticas actuales sigan fallando en la resolución de los problemas sociales de la ciudadanía, el discurso de los derechos humanos seguirá perdiendo peso. Es más probable que los temerosos de la inseguridad ciudadana se vean más atraídos por los líderes que les prometen seguridad, aunque sea convirtiendo la sociedad en una mega cárcel; que los hambrientos y torturados no reprueben la injerencia extranjera como método para deshacerse de un tirano; o que los excluidos sociales puedan identificarse con las políticas de odio que los hacen sentirse incluidos.

En última instancia, los ideales pueden ser loables, pero, si no satisfacen las necesidades de la gente, pierden significado.

Leonardo Díaz

Filósofo y ensayista

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco, con líneas de investigación en las áreas de epistemología social, ética ciudadana y filosofía política. Conductor del Podcast de filosofía Conversaciones de la caverna y del programa D−ética TV. Presidente de la Asociación Dominicana de Filosofía. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana por la Comisión de Filosofía y Epistemología. Premio Nacional de Ensayo Científico (2015). Premio de Ensayo Pedro Francisco Bono (2012). Integrante de la reunión constitutiva de la Red Iberoamericana de Filosofía. Fue miembro de la Comisión de Alto Nivel para la Difusión de la Filosofía de la UNESCO. Autor de Reflexiones filosóficas. Artículos de ética, política y filosofía (2018); Las tensiones de Thomas Kuhn: Una perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia (2014); La filosofía y los espacios de la libertad (2012), así como de diversos artículos publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales de filosofía. (Correo: leonardodiazsd@gmail.com; Instagram: @leonardodiazsd).

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