La figura de Juan Pablo Duarte ocupa un lugar central en la construcción de la identidad nacional dominicana. Esta valoración coincide con lo señalado por Jimenes Grullón (1980), quien afirma que Duarte es “el dominicano más representativo porque encarna las virtudes y valores más elevados en el orden moral, intelectual y cívico” (p. 5). Por ello, no se trata únicamente del fundador de La Trinitaria o del ideólogo de la independencia, sino de un pensador político cuya obra continúa iluminando los retos de la República Dominicana en la actualidad.

En este sentido, la figura de Duarte, dechado de virtudes, debe contraponerse a los predicadores de la contracultura, a los profetas del fatalismo y del atraso, así como a las modernas Casandras que solo vislumbran oscuridad para la nación. Desde esta perspectiva, la vida del patricio debe ser vista, estudiada y presentada a partir de su formación intelectual, su visión política y su labor educativa, como un referente válido para la juventud dominicana contemporánea.

La visión de Duarte comenzó a formarse desde su juventud, especialmente a partir de sus viajes educativos a Estados Unidos y España, en particular a Cataluña, donde frecuentó círculos de altos estudios. Según Jimenes Grullón (1980), durante esta etapa Duarte recibió “la influencia de distintas corrientes del pensamiento: socialismo, liberalismo, romanticismo y nacionalismo”, siendo estas dos últimas las más decisivas en su formación ideológica (p. 14).

Resulta fundamental comunicar a la juventud dominicana que Duarte, a quien con frecuencia se ha presentado como un filorio romántico y soñador, fue en realidad un auténtico caballero del espíritu, poseedor de una formación cultivada y refinada, pero también profundamente práctica. Esa practicidad lo llevó a ejercitar la esgrima, así como a formarse profesionalmente en áreas como la agrimensura y la contabilidad.

Es posible imaginar al joven Duarte pulsando una guitarra, como relata su hermana Rosa Duarte en sus Apuntes, acompañando sus acordes en una noche de luna en la ciudad romántica, mientras la brisa del Ozama llevaba hasta el balcón de su amada unos versos que son, a la vez, súplica y canción:

“Si amorosos me vieran tus ojos,
acabaran mis penas en bien,
pues quitaras así de mi sien
la corona que ciñe de abrojos”
(Duarte, citado en Duarte, R., 1994).

Peña (1996), en su obra Así era Duarte, señala que el patricio no realizó una carrera específica, pero se preocupó por aprender al menos diez disciplinas científicas diferentes y llegó a dominar siete idiomas. La filosofía fue otra de sus grandes aficiones: comenzó a estudiarla en España y, al encontrarse en pleno auge las enseñanzas de Raimundo Lulio durante su primera visita a Barcelona, se familiarizó con este aspecto de la cultura humana a través de los textos del beato mallorquín (pp. 17–18).

Entre los idiomas que Duarte conocía y llegó a enseñar a particulares durante su prolongado destierro en Venezuela se encontraban el francés, el alemán y el inglés, además de poseer conocimientos de latín y griego. Asimismo, dominaba el portugués, aprendido con un sacerdote mientras se desempeñaba como maestro en la selva de Apure.

Junto a sus estudios de Derecho y Filosofía, Juan Pablo Duarte fue un profundo amante de la historia. De acuerdo con los testimonios conservados por su hermana Rosa Duarte, preparó diversos escritos de carácter histórico y político que evidencian la amplitud de su pensamiento. En sus archivos se extraviaron los apuntes correspondientes a una Historia de Santo Domingo que tenía en proceso de elaboración; no obstante, se conservaron sus escritos sobre la Historia de Venezuela. Asimismo, elaboró un proyecto de Constitución de la República, el cual constituye un esfuerzo intelectual notable para una sola persona y una de sus obras más relevantes dentro del pensamiento político dominicano (Duarte, R., 1994, pp. 96–97).

Juan Pablo Duarte sobresale así como pensador político, lo que lo convierte en el verdadero ideólogo de la nación dominicana. Un pasaje recogido por su hermana Rosa evidencia su temprano despertar patriótico: tras ser despreciado en un barco por ser llamado “haitiano”, Duarte respondió que era dominicano y juró “probarle al mundo entero que éramos dignos de llevar ese nombre” (Jimenes Grullón, 1980, p. 41).

El mismo autor concluye que la idea de la independencia no provino del entorno familiar, sino que fue una convicción original del joven patriota, pues “la paternidad de esa idea corresponde al hijo y discípulo” (Jimenes Grullón, 1980, p. 52).

La autodeterminación constituyó la esencia del pensamiento político de Duarte. Cassá (2013) señala que el patricio rechazaba firmemente “toda intromisión de poderes del exterior” (p. 72). Para Duarte, la lucha por la independencia representaba un conflicto entre “la minoría afecta a un dominio extranjero y los patriotas” (Cassá, 2013, p. 73).

Sus ideales políticos, unidos a su vocación formativa, lo convirtieron también en un auténtico educador del pueblo dominicano. Jimenes Grullón (1980) lo describe como un “educador de la conciencia nacional” (p. 18). En su escuela enseñaba filosofía, historia y derechos políticos, convencido de que solo un pueblo instruido podía aspirar a una libertad verdadera (Jimenes Grullón, 1980, p. 19).

Como se ha podido evidenciar, Juan Pablo Duarte fue un hombre de ideas y de acción. Su espíritu práctico lo llevó a cultivar tanto su mente como su cuerpo, lo que lo convierte en un arquetipo, modelo y ejemplo para la juventud dominicana actual. Por todo lo expuesto, Duarte no es solo un legado histórico, sino una guía ética y política frente a los desafíos contemporáneos. Fue “la cabeza visible del pensamiento liberal que debía orientar el proyecto nacional” (Jimenes Grullón, 1980, p. 110) y permanece como el arquitecto intelectual y moral del futuro dominicano.

Referencias

Cassá, R. (2013). Antes y después del 27 de febrero (2.ª ed.). Editora Nacional.

Duarte, R. (1994). Apuntes para la historia de la isla de Santo Domingo y para la biografía del general Juan Pablo Duarte. Archivo General de la Nación.

Jimenes Grullón, J. I. (1980). La ideología revolucionaria de Juan Pablo Duarte. Cuadernos Populares.

Peña, Á. (1996). Así era Duarte. Editora Lozano.

Anthony Almonte Minaya

Historiador, Educador, Politólogo

Anthony Almonte Minaya, de nacionalidad dominicana, es un destacado profesional con una sólida formación académica y una amplia trayectoria en diversas áreas. Sus credenciales incluyen: Maestría en Historia Dominicana de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Educación con mención en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fue encargado del Departamento de Ciencias Sociales y profesor en el Colegio de La Salle en Santiago. Miembro de Ateneo Amantes De La Luz Miembro de la comisión de Efemérides Patria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto Santiago.

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