“Después que metieron a Juan a la cárcel, Jesús fue a Galilea, a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. Decía: ya se cumplió el plazo señalado, y el reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias.” MC 1, 14-15.

Con el anuncio de Juan el Bautista se termina la preparación a la venida de Jesús, la antigua ley; con Jesús llega el tiempo totalmente nuevo y definitivo: nuestra liberación y nuestra responsabilidad.

Galilea, tierra de gentiles, de personas pobres, “impuras” y “marginadas” es el lugar elegido para comenzar a proclamar la Buena Noticia. El Reino de Dios es lo que ocurre cuando reina Dios en lugar de otro poder cualquiera. Es creer en Jesús, en lo que dice, hace, deshace, en lo que realiza en nosotr@s. Se trata de vivir como vivió Él. El anuncio del Reino de Dios es la raíz del mensaje de Jesús, que tiene como única ley: “Amar a Dios y al otro como a mí” (Mc.12,29-31).

Jesús no enseña en Galilea una doctrina religiosa para que sus oyentes la aprendan bien. Jesús anuncia un acontecimiento para que aquellas gentes lo acojan con gozo y con fe. Nadie ve en él a un maestro dedicado a explicar las tradiciones religiosas de Israel.

El Pueblo se encuentra con un profeta apasionado por una vida más digna para todos, que busca con todas sus fuerzas que Dios sea acogido y que su reinado de Justicia y Misericordia se vaya extendiendo con alegría.

Su objetivo no es perfeccionar la religión judía, sino contribuir a que se implante cuanto antes el tan añorado Reino de Dios y, con él, la Justicia y la Paz.

“Jesús pasaba junto al lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red en al agua.

Les dijo Jesús: “síganme, y yo haré que ustedes sean pescadores de hombres. Al momento dejaron sus redes y se fueron con él”. Mc.1, 17-18.

Jesús llama cada día, en el ambiente habitual de cada persona, en medio de las tareas cotidianas. La respuesta también ha de ser nueva y renovada cada día. Ser discípul@ es seguir a Jesús, estar con él, compartir su estilo de vida. Continuar su Misión.

Quien sigue a Jesús no se caracteriza por haber dejado algo, sino por haberse dejado encontrar por Alguien. La llamada va dirigida a todas las personas sin distinción, -el Evangelio es único para tod@s-, a cada cual en su realidad diaria y personal. Me llama –hoy, ahora- para que le siga, para hacerme feliz, para que haga lo que hace él: anunciar la Buena Noticia del amor incondicional del Padre, consolar, liberar, alegrar, compartir, solidarizarme. La respuesta se da con la mirada puesta en el Otro, sea quien sea, donde sea, a la hora que sea sin esperar recompensa; por amor; con debilidad solidaria… Así la Evangelización tiene sentido de eclesialidad sinodal.

Jesús siempre llama sea cual sea la condición en que nos encontremos: cada día que amanece. Cuando el cansancio nos vence. Cuando nos equivocamos de camino.  En el silencio de la noche. Desde los que sufren sin consuelo. Siempre llama, ahora es siempre…

¿Cómo vivo mi seguimiento a Jesús? ¿Qué significa para mí ser su discípul@? ¿Qué “redes” o “intereses” me impiden avanzar, discernir, descubrir nuevos horizontes? Pueden ser redes sociales, eclesiásticas, políticas, económicas, culturales…; redes de pecado, cuando disimulo lo malo de mi comportamiento estoy “enredao”; y me encadeno cuando hago pública y descaradamente las ofensas al otro…, o me busco a mí mismo…

Pero sabemos que Dios es santo, misericordioso, lento a la ira, bueno…, Cfr.: el Ps.103.  Sólo basta reconocerme pecador; es la exigencia para mí conversión y seguimiento a Jesús. ¡Aquí estoy Señor!. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea te doy las gracias… Sólo para ti, todo para los demás, cada momento. Toda la vida…

Tanto el Ayer como el Mañana se hacen presente en el “Aquí y Ahora”, en el Hoy. Así la Opción Vital permanece joven, con vitalidad creciente, que se renueva cada día. Aunque las fuerzas del cuerpo disminuyan. La Espiritualidad Personalizada vivida en comunidad: Se fortalece y crece cada día hasta continuar en la infinitud de la Plenitud de Vida.

La llamada a colaborar en el Anuncio del Reino de Dios pertenece a Jesús. La respuesta es mía: libre, personalizada y vivida en comunidad, se mantiene presente “con y como + discerniendo” unido al sujeto preferencial de evangelización, el empobrecido, al estilo de Jesús, quien para salvar a toda la humanidad se hace débil y solidario con los empobrecidos, marginados, vulnerables. Jesús, despojándose de los poderes divinos, escoge ser pobre hasta su muerte… Flp.2, 5-11. Tenemos que vernos en ese espejo…

“¿CÓMO ME VEO, CÓMO NOS VEMOS, EN EL ESPEJO DE JESÚS?

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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