La semana pasada, el mundo se despertó con la noticia de que los principales ejecutivos de las empresas que lideran las compañías de inteligencia artificial han solicitado el establecimiento de regulaciones para frenar el descontrolado avance de IA. Y crear límites que impidan el avance de esta; sin la adecuada incorporación de sistemas estandarizados de protección global.
La noticia ha causado un revuelo internacional de que directores de OpenAI, Sam Altman, y el fundador de SpaceX AI, Elon Musk entre otros, sean las caras detrás del mayor experimento del siglo XXI, sean quienes hagan la advertencia. Especialmente en el escenario actual por el control de las potencias sobre el desarrollo de la IA.
En EE. UU., en medios de lecciones de medio término y a dos años de las presidenciales, la IA, es el tema del partido que logre propulsar propuestas de regulación o apoyo. Para definir la intención del voto. ¿Pero qué son los guardrails? Son mecanismos de seguridad, restricciones y sistemas de filtrado que rodean a un modelo de IA para evitar que genere contenido dañino, inapropiado, sesgado o fuera del alcance previsto.
Que resalta la necesidad de políticas establecidas por la comunidad internacional. Para sanear, regulación y acceso. ¿Pero qué sucede con el precio medioambiental que Estados Unidos y otras naciones serían responsables? Especialmente, por la gran cantidad de agua para el enfriamiento de los centros de los ordenadores o los millones de hectáreas para la construcción de dichos espacios.
Espacios equivalentes a varias canchas de futbool donde se almacenarán la información. Así como grandes cantidades de suministro eléctrico. Es contraproducente, si se apuesta por la creación de medidas ecológicamente menos dañina al planeta, la inversión en IA, sin pensar en las consecuencias -porque en definitiva- país que más invierta en ella; lograra desarrollar armas cada vez más autónomas, predecir ataques bélicos y desarrollar estrategias de ataque y contraataque que aventajen a la controla.
Ya no estamos hablando de la crisis de los misiles de los 60, o la necesidad de la conquista especial. Nos enfrentamos a la mayor amenaza del siglo en materia de revolución mediática, la IA puede predecir campañas, crear confusión, diseñar algoritmos que implanten la división de masas como mecanismo disruptivo de grupos que piensen por ellos. Porque actualmente, no existe una plataforma financiera, tecnológica, militar o gubernamental que no tenga su propia empresa que opera la inteligencia artificial. Es decir, el impacto afectaria todo lo existente.
Porque el problema aquí es la inexistencia de regulaciones estrictas. Que, sin la participación unitaria de los miembros del G-7, el BRICS, bajo la sombrilla de la ONU, el FMI y la OEA, para asumir las consecuencias sin las regulaciones necesarias. Nos enfrentaríamos a los problemas de consecuencias inimaginables.
Estados Unidos, lidera el mapa internacional de las naciones desarrolladas con la mayor concentración de energía, datos y conectividad; con grandes instalaciones físicas donde se procesan y almacenan grandes cantidades de datos. Convirtiéndola en una ventaja frente a su archirrival chino.
No es de coincidencia que la actual administración no desee establecer dichos controles. Al colocarla como una superpotencia en desarrollo de IA. Desde su creación, voces de la comunidad científica, académica y tecnológica han advertido de los peligros que encierra la automatización de un sistema que está cobrando cada vez más fuerza.
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