En mi columna anterior escribí sobre el Greater Giving Summit, que reunió en Atlanta a organizaciones sociales, donantes, recaudadores, investigadores y académicos. Dejé pendiente un tema que me acompañó durante esos días: cómo las organizaciones dominicanas podemos aprovechar mejor GivingTuesday. No como un día aislado para pedir donaciones, sino como la fecha alrededor de la cual puede organizarse una campaña.

El movimiento nació en 2012 con una idea sencilla: después de Black Friday y Cyber Monday, dedicar un día a dar. En República Dominicana lo impulsamos también como Un Día para Dar RD. Este año se celebra el martes 1 de diciembre.

Cada año me hacen dos preguntas. La primera: ¿dónde nos inscribimos? La respuesta sorprende: en ningún lugar. Ningún comercio se inscribe para hacer ofertas en Black Friday, y ninguna organización necesita hacerlo para participar en GivingTuesday. Es un movimiento abierto, y sus herramientas y materiales están disponibles para que cada organización prepare su propia campaña.

La segunda: ¿quién recibe el dinero? Tampoco existe una entidad central. Cada organización convoca por sus propios canales y recibe directamente las donaciones o las inscripciones de voluntarios. Black Friday no tiene una caja común en la que se depositen todas las ventas. GivingTuesday tampoco. La fecha es de todos, pero la invitación concreta le corresponde a cada organización.

Y esa invitación no tiene que esperar al 1 de diciembre.

Una organización puede anunciar desde ahora una meta y proponerse presentar ese día los resultados alcanzados: sumar cien nuevos donantes, incorporar cincuenta voluntarios, equipar una biblioteca, reparar un centro comunitario o financiar varias becas. En los meses previos convoca aliados, muestra avances y abre distintas maneras de participar. El 1 de diciembre se convierte en punto de llegada y en la celebración de un esfuerzo colectivo.

La fecha también puede servir para acelerar. Una campaña que lleva semanas en marcha puede concentrar ese día sus mejores cartas: una empresa que iguala las donaciones, una jornada de voluntariado o antiguos beneficiarios que movilizan sus propias redes.

Y puede ser un punto de partida. Ese día una organización puede lanzar un fondo de becas, un círculo de donantes recurrentes, una campaña para recuperar un espacio público o un programa de voluntariado que seguirá abierto hasta cumplir su meta.

Llegada, impulso o arranque. En cualquiera de los tres casos, la preparación cambia. Ya no basta con diseñar una publicación para las redes unos días antes. Hay que escoger una meta comprensible, decidir a quién se quiere convocar, repartir responsabilidades, armar un calendario y pensar desde ahora cómo se mostrarán los resultados.

Ese ejercicio vale la pena aunque lo recaudado al principio sea modesto. Conozco muchas organizaciones que hacen un trabajo extraordinario y que, sin embargo, no logran explicarlo fuera del círculo que ya las conoce. Una campaña bien pensada las obliga a convertir una necesidad general en un objetivo que cualquier ciudadano pueda entender y apoyar.

No es lo mismo pedir ayuda para “continuar nuestra labor” que invitar a doscientas personas a sostener, entre todas, un programa durante seis meses. Tampoco es igual decir que se necesitan voluntarios que explicar qué harán, cuánto tiempo dedicarán y qué lograrán con su participación.

Cuando la convocatoria es concreta, quien la recibe sabe de inmediato qué puede hacer y a quién beneficia su participación. Una cosa es pedir que se respalde la salud de manera general y otra invitar a una acción precisa para ayudar a niños y niñas con cáncer. En 2019, desde AFS y en el marco de Un Día para Dar RD, convocamos a una jornada de donación de sangre en apoyo a la Fundación Amigos Contra el Cáncer Infantil, FACCI. Vimos llegar a jóvenes que nunca antes habían donado sangre.

No todas las organizaciones tienen que recaudar dinero. Algunas necesitan voluntarios, alimentos, equipos, conocimientos profesionales o simplemente que más gente conozca su causa.

Tampoco hay que hacerlo en solitario. Varias organizaciones que trabajan en una misma causa pueden proponerse una meta conjunta. Una universidad puede acompañar una campaña comunitaria y un medio puede contar historias que rara vez llegan a la conversación pública.

Las empresas también tienen un papel. Ninguna prepara su Black Friday la semana anterior: fijan metas, planifican inventario, capacitan a su personal y cuidan cada mensaje. Ese mismo oficio puede ponerse al servicio de una causa. Una empresa puede igualar las donaciones que reciba una organización aliada, organizar una jornada de voluntariado con sus colaboradores, prestar el talento de sus equipos de comunicación, finanzas o tecnología, o abrir sus canales para que sus clientes conozcan una causa social. Lo más valioso es acompañar a una organización desde los meses previos y celebrar con ella el resultado.

Este año queremos ampliar esa movilización con la Semana de la Generosidad, que une GivingTuesday, el 1 de diciembre, con el Día Internacional de los Voluntarios, el 5 de diciembre. Donar, servir, compartir lo que uno sabe y dar visibilidad a una causa son formas distintas de una misma decisión: participar en la construcción del bien común.

Todavía hay tiempo. La pregunta para cada organización no debería ser solo qué publicará el 1 de diciembre, sino qué quiere anunciar ese día como logrado, qué esfuerzo necesita acelerar o qué iniciativa está lista para comenzar.

El 1 de diciembre puede ser un gran día para dar. También puede ser el día en que celebremos lo que empezamos a construir mucho antes.

Pablo Viñas Guzmán

Educador, gestor cívico

Pablo Viñas Guzmán es director ejecutivo de AFS Intercultura en República Dominicana, gestor cívico y educador. Desde esa posición lidera programas de intercambio educativo, formación de jóvenes líderes, cooperación intersectorial y participación ciudadana. Es líder de GivingTuesday en República Dominicana y forma parte de su red global, además de presidir la Junta Directiva de Alianza ONG y participar activamente en otros espacios de articulación del sector social. Ha sido consultor y conferenciante en diplomacia pública, educación global, voluntariado internacional y fortalecimiento institucional en América Latina, Europa y Asia. Ha diseñado y ejecutado programas con el apoyo de agencias de cooperación y organismos internacionales, y ha colaborado con iniciativas de la Unión Europea, WINGS y otras plataformas en la consolidación de ecosistemas filantrópicos en el Caribe. Cuenta con formación en Derecho, Negocios Internacionales, Liderazgo Cívico y Diplomacia, y es egresado del Programa Executivo en Estrategia de Impacto Social e Innovación de la Universidad de Pensilvania.

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