Dentro del conjunto de problemas que plantea la ingeniería fluvial, la protección de cauces y riberas de los cursos de agua, así como la defensa de determinadas infraestructuras: puentes, obras de toma, estribos, entre otras, constituye uno de los aspectos de mayor relevancia.

En nuestro medio, para las actividades de protección mencionadas, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) recurre de manera sistemática a la utilización de gaviones. En principio, esta solución puede considerarse adecuada; sin embargo, resulta evidente que con frecuencia se cometen errores en su diseño y/o ejecución, ya que en numerosos ríos estas obras presentan fallas prematuras.

Un ejemplo reciente lo constituye el caso del río Tireo, donde hace menos de un año se construyó un muro de gaviones próximo al cruce con la carretera que conduce a Constanza y a los pocos meses, dicha estructura se encontraba prácticamente destruida, lo cual pone de manifiesto la necesidad de revisar los criterios empleados en este tipo de intervenciones.

A nivel internacional, existen otras alternativas ampliamente utilizadas para la protección de márgenes fluviales que, sin embargo, apenas se mencionan en nuestro país. Entre ellas destaca el uso de enrocados (riprap), una solución que, según diversos tratados técnicos, tanto en español como en inglés, representa aproximadamente el 65 % de las defensas fluviales a nivel mundial. En particular, en los Estados Unidos las protecciones mediante enrocados superan en una proporción cercana de seis a uno a las realizadas con gaviones, los cuales representan apenas un 10 % del total de este tipo de obras.

Sin ánimo de desarrollar un análisis de carácter estrictamente académico, surge la interrogante de por qué en nuestro país se recurre de forma casi exclusiva a los gaviones, sin considerar con mayor frecuencia otras soluciones disponibles. Resulta razonable pensar que debería priorizarse siempre la alternativa técnica más factible, la más adecuada desde el punto de vista hidráulico y geotécnico, y la más ventajosa en términos económicos a lo largo de su vida útil. Bajo este enfoque, en muchos casos los gaviones pasarían a un segundo plano, sin que ello implique desestimar su uso de manera absoluta.

Uno de los aspectos más delicados de los gaviones es su dependencia de la vida útil de la malla metálica que los conforma, la cual se ve afectada por el fenómeno de la corrosión. La velocidad de este proceso varía considerablemente de un sitio a otro, en función de la agresividad del ambiente. La vida útil del recubrimiento de zinc de la malla de alambres puede reducirse hasta en un factor de ocho, si se compara un entorno rural, en principio relativamente benigno, con un ambiente marítimo o industrial altamente agresivo.

En el caso del río Tireo, las aguas se encuentran considerablemente contaminadas por agentes químicos empleados en actividades agrícolas. A ello se suma la pérdida progresiva del recubrimiento debido a los impactos de las piedras, la abrasión producida por los sólidos en suspensión transportados por la corriente y la acción de las sales disueltas en el agua. Una vez comprometida la integridad de la malla, el gavión pierde su función estructural y se inicia un proceso de deterioro acelerado.

Por su parte, los enrocados presentan una solución más versátil y segura. Su correcta aplicación requiere fundamentalmente la disponibilidad de una cantera que proporcione una roca de adecuada durabilidad, así como una explotación controlada que permita obtener bloques del tamaño y peso requeridos. Existen numerosas formulaciones empíricas y analíticas para determinar el peso adecuado del enrocado, el cual suele variar entre 300 y 3.000 kg, pudiendo alcanzar en casos excepcionales hasta 5.000 kg en ríos con elevados caudales y grandes velocidades.

De manera general, el enrocado se dispone en dos capas superpuestas y debe apoyarse sobre un sistema de filtro, granular o sintético (geotextiles), que evite la migración y pérdida del material fino del sustrato. Esta disposición otorga al sistema una elevada capacidad de adaptación frente a asentamientos diferenciales.

La principal ventaja del enrocado reside en su flexibilidad como conjunto. Las piedras se reacomodan ante pequeños desplazamientos del terreno, permitiendo que el sistema bascule y se adapte a las nuevas condiciones sin perder su funcionalidad. Este comportamiento no se presenta en obras monolíticas o semimonolíticas, como es el caso de los gaviones, donde los asentamientos diferenciales pueden provocar fisuración, rotura y colapso progresivo de la estructura.

Sería deseable que el MOPC considerara la implementación de estas y otras técnicas, con el objetivo de ejecutar obras fluviales que perduren en el tiempo. La disponibilidad de rocas adecuadas no debería representar una limitación en nuestro país, contando con el concurso de geólogos que identifiquen materiales aptos, expertos en voladuras que permitan su obtención adecuada y personal capacitado para su correcta colocación en obra.

Cabe destacar, además, que estas mismas canteras podrían abastecer agregados para hormigones y mezclas asfálticas, contribuyendo así a una explotación más racional de los recursos y ayudando a reducir la depredación indiscriminada de los ríos que, paradójicamente, pretendemos proteger.

Gaviones vs. Enrocados (Riprap)
Gaviones vs. Enrocados (Riprap)
Gaviones vs. Enrocados (Riprap)

Juan José Castilla Martín

Ingeniero español en Seguridad Vial radicado en República Dominicana.

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