Hasta mediados del siglo XX, la zona llamada Punta Borrachón o Yauya, ubicada en el Este de República Dominicana, estaba formado por una gran masa vegetal en forma de selva. Aunque si bien, las playas eran paradisíacas la zona era prácticamente desconocida para los habitantes del país por su difícil acceso.
Recuerdo que cuando trabaja en el INVI en los años 60, y con apenas 20 años, viajaba a Higüey en un Jepp Willy con otros ingenieros y técnicos y después de una semana de trabajo no metíamos por unos intricados caminos selváticos para llegar a la playa, que era como descubrir un nuevo mundo aun en estado de virginidad.
A su llegada a la región en 1969, un grupo de norteamericanos liderados por Theodore W. Kheel y el joven empresario dominicano Frank Rainieri, tuvieron el sueño y la misión de desarrollar una comunidad turística que respeta la naturaleza e impulsa la responsabilidad social, mientras ofrece a sus visitantes una experiencia única. El grupo compró en la zona una gran porción de tierra salvaje, a la que solamente se podía acceder por mar o aire.
Frank Rainieri convenció al grupo de abrir un camino para poder llegar al lugar por vía terrestre. Así lo hicieron, limpiando también un área donde construyeron las primeras cabañas y una pequeña pista de tierra para poder aterrizar en avioneta. Bautizaron el lugar como Punta Cana, por el embrujo de sus palmeras y su atractivo nombre comercial.
Conocí a Don Frank desde aquellos momentos iniciales cuando íbamos de vacaciones a sus primeras cabañas a mediados de los 70. Lo recuerdo como un hombre lleno de energía y de grandes sueños. Recuerdo también a Julio Iglesia en el inicio de su carrera artística que se sentaba en la piscina del pequeño hotel con su esposa e hijos pequeños y que se convirtió en icono del lugar junto a Oscar de la Renta, ambos accionistas iniciales del gran proyecto, que se convertiría en uno de los más famosos centros turísticos del mundo.
Desde esa época hasta el día de hoy, la historia de Punta Cana requiere de un libro de al menos 500 páginas. Sus lujosas Villas, hoteles, apartamentos, campos de golf, aeropuerto, infraestructura vial, floricultura, programas de protección ambiental, escuela, iglesia, Casa Club, viveros, y el gran desarrollo de Punta Cana Village, son gracias a la visión, el liderazgo, el talento, la perseverancia y al dogma de Don Frank, que siempre dice: “Avanzamos sin prisa, pero sin pausa” Su esposa Haydée Kuret y sus hijos, han sido piezas claves en el éxito de un hombre excepcional.
En la 26 edición de la cumbre Mundial de Viajes y Turismo WTTC, celebrada recientemente en Malta, don Frank Ranieri recibió el WTTC Icon Award, un reconocimiento a su trayectoria por consolidar el turismo como uno de los pilares de la economía dominicana. "El extraordinario éxito turístico de República Dominicana no sería lo que es hoy sin su liderazgo y compromiso", dijo Gloria Guevara, presidenta y CEO del WTTC.
Felicidades a Frank Rainieri y larga vida con la bendición de Dios.
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