Uno de los más importantes personajes médicos de nuestra historia es el doctor Francisco Henríquez y Carvajal. Se destacó como médico, como político y como hombre de letras y del conocimiento. Su participación en actividades literarias o políticas le valió el respeto de toda la población dominicana. Uno de sus hijos, Max Henríquez Ureña, escribió un libro detallando la historia de su padre. Y de ahí extraemos interesantes informaciones sobre su vida y particularmente de su relación con París, Francia, ya que fue uno de los más prominentes médicos de París, como se conoció aquella generación.
De acuerdo al relato de Max Henríquez en 1887: Al enterarse de que en los círculos oficiales está en estudio el aumento del número de becas para estudiantes dominicanos que aspiren a cursar estudios profesionales en el extranjero, inicia gestiones para obtener una de las reservadas para estudios de medicina. Su deseo era obtener en la Universidad de París el doctorado en medicina, pues ya tenía aprobada en Santo Domingo la licenciatura en la materia. En un momento dado llegó a temer que le fuera imposible completar sus estudios, pues fue informado oficialmente de que el Estado solo abonaba al becado sesenta pesos al mes, con más diez pesos en atención a que tenía familia, y esa raquítica suma era a todas luces insuficiente para cubrir los gastos de matrícula, libros, prácticas de laboratorio, alojamiento y alimentación. Su esposa lo hizo reaccionar satisfactoriamente haciéndole ver que las cuotas del alumnado del Instituto de Señoritas, que ella dirigía, podrían cubrir las deficiencias de la mesada que daba el Estado. Henríquez acató el consejo de aquella mujer fuerte, dispuesta a imponerse serias privaciones a fin de que el esposo enriqueciera el caudal de sus conocimientos y pudiera en la mañana ser más útil a la patria y a la familia.
En agosto embarca para Europa, con beca oficial, con el propósito de ampliar en París sus estudios de medicina. Durante este viaje hizo escalas en Puerto Rico, la Guadalupe, por donde pasó el día 8, y la Martinica. En Puerto Rico conoció a la poetisa Lola Rodríguez de Tió, en cuya casa conversó con algunos separatistas puertorriqueños.
El 20 de agosto llegó a París y se inscribió como alumno de primer año de la Facultad de Medicina de aquella ciudad. La Facultad le reconoció la equivalencia de doce materias a su título de Licenciado en Medicina y Cirugía, lo que abrevia en dos años los estudios que tiene que rendir.
Y ya sobre 1888 su hijo escribió: En París. Vive en el número seis de la rue Jacob, en la pensión que regenteaba una anciana fuerte y activa, con quien conservó siempre buena amistad. Mademoiselle Fatet. Asiste en esta fecha, con otros dominicanos, a una reunión en casa de Eugenio Generoso de Marchena. Varios estudiantes de Medicina se encuentran al mismo tiempo en París, entre ellos Pedro Emilio de Marchena y Heriberto de Castro, además de Salvador B. Gautier, que llegó conjuntamente con él y con Ulises Heureaux hijo, que va a cursar el bachillerato. Como estudiante de pintura estaba Arturo Grullón, que después cursó también medicina. Otros se dedicaban a estudios diversos: Lucas Tomás Gibbes, Julio Ernesto Lyon, Wenceslao Figuereo hijo, Ulises Espaillat, Horacio Lamarche y Aníbal de Moya. Entre los compañeros de universidad con quienes traba estrecha amistad durante su permanencia en París figuran el que después fue eminente clínico francés, Fernand Widal, el guatemalteco Juan Ignacio Toledo y el cubano Eusebio Hernández. También cultiva la amistad del prócer puertorriqueño Ramón Emeterio Betances.
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