Tener el trabajo que tengo me expone a mucha información acerca de lo que está pasando y a la variedad de situación que las mujeres y las familias viven, de hecho esta circunstancia fue lo que me motivó, hace muchos años, a escribir en Acento ya que me da la posibilidad de amplificar esta información y las situaciones que ocurren a lo interno de las familias y que muchas veces, por vergüenza, las personas no se atreven a contarlo. Esta función preventiva de mis artículos me ilusiona y me da esperanza, pues al recibir a las mujeres en el Centro ya el delito de violencia ha sido cometido y lo que nos toca es actuar, pero este brazo largo nos permite alertar y ayudar a otras personas a reconocer el posible peligro en que pudieran estar.
Desde hace algunas semanas en el Centro de Atención Sobrevivientes de Violencia estamos observando una nueva ola de estafas a mujeres que por su condición de sobrevivientes de violencia en proceso de recuperación, las hace vulnerables. Se que es un tema que pasa y ha pasado anteriormente más la particularidad que ahora tiene es que con el desarrollo de la inteligencia artificial, los recursos tecnológicos se van perfeccionando haciendo cada vez más creíble la historia que se cuenta a través de la pantalla. Y por eso me vi en la responsabilidad de contarlo por esta vía, ya que no se trata solo de la vulnerabilidad de las mujeres, sino de que cualquier persona con buenos sentimientos, que no esté lo suficientemente alerta y siga conservando cierta ingenuidad, podría ser presa de una estafa por montos inimaginables.
Los casos más conocidos son a través de mensajes escritos que una supuesta persona amiga o familiar solicita dinero o para que reciba una caja o tanque que viene del extranjero y la estafa está en que para sacarlo de aduanas hay que pagar y se pide una transferencia para estos fines.
Igual como caso frecuente, mujeres muy vulnerables, solas, pasando una situación de violencia, se les expone a una narrativa que es la que ella en su situación quiere y requiere escuchar. Se estudia el perfil en redes sociales, se revisa información oficial de ellas, se identifican sus hábitos y actividades y sin prisa, pero sin pausa, en conversaciones frecuentes, se va entrando en la intimidad de la vida. De alguna manera se va generando un vínculo con una persona que aunque desconocida, está dispuesta a escuchar; dice palabras cariñosas; se interesa por sus hijos e hijas; por cómo va el caso que lleva en la justicia; por situaciones de enfermedad de la familia; le saluda todos los días dándole los buenos días y despidiéndose cada noche. Le sigue en las rutinas diarias y el mismo discurso de la mujer y la información que ella misma va ofreciendo, le sirve para seguir generando confianza. Si a ella le gusta la cocina, hacer ejercicios, practicar yoga, reunirse con amigas, temas del trabajo o si está desempleada, y por supuesto el tema financiero para conocer las posibilidades de la estafa o el monto a solicitar. Se vuelve parte de su vida y en sus carencias, la mujer logra una conexión que a ella le parece especial, pero la otra persona solo está esperando el momento propicio para hacer la solicitud. El siguiente paso es presentar una situación de emergencia, una urgencia que va a requerir que ella haga una transferencia bancaria, él dibuja una situación que a la mujer le parece real y ¿cómo no ayudar a una persona que le ha escuchado y acompañado todo este tiempo? Tiempo que a ella, en la idealización del personaje, le parece mucho o suficiente para retribuir la compañía y la supuesta comprensión.
Lo que ha aportado en estos días como riesgo la inteligencia artificial es que en los casos en que se pide dinero para un familiar que está enfermo, o tiene una urgencia grave, se realiza ya una videollamada con el rostro de ese familiar en conversación directa, creada por la IA. Y así esta ocurriendo, hemos recibido casos en que pasa de esta manera, con lo cual es muy difícil de identificar que no es el tío, el padre o el amigo que está en un problema serio y debe ser socorrido.
Otras personas que están en riesgo con esta nueva modalidad de videollamada son las familias que tienen hijos o hijas estudiando o residiendo fuera del país, pues crear la imagen falsa de un familiar tan cercano con necesidad de que se le envíe dinero, es muy difícil para un padre o madre negarse o dudar para hacer de inmediato el envío de lo que se le está requiriendo.
¿Qué hacer?
- Conocer la información e investigar acerca de lo que está pasando y cómo, es decir, hablar acerca del tema.
- Estar alerta.
- En el caso de las mujeres, aunque dé mucha vergüenza, contarle a alguien antes de hacer la transferencia; reconocer su vulnerabilidad; no dar información financiera; buscar ayuda profesional y contarlo en terapia.
- En el caso de las familias, hablar acerca del tema con todos los que forman parte y a partir de ahí:
- En el caso de familias con hijos o hijas estudiando o viviendo fuera, no transferir dinero a ninguna cuenta nueva diferente a la conocida hasta ese momento.
- Crear una palabra clave que solo ellos conozcan y pedirla al familiar que está fuera del país, en el momento de la llamada.
- Ponerse de acuerdo en 2 o 3 preguntas de confirmación que solo ellos como familia conozcan las respuestas para hacerlas en la llamada. Preguntas que sean de vivencias, no de información que pueda conseguirse en documentos oficiales o en redes como nombres, fechas de nacimiento, entre otros.
- Establecer este acuerdo de una manera que esta información acordada no quede en la redes sociales pues se jaquean las cuentas.
- Manejarse sin miedo, seguir siendo buena persona, pero ser perspicaz y estratégicas.
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