Los banqueros occidentales no están seguros si deben asistir a la Iniciativa de Inversión Futura (FII, por sus siglas en inglés) anual de Arabia Saudita este mes, dado que el aeropuerto local ha sido objeto de ataques letales últimamente. Como reflejo del clima general de inquietud, algunos sugieren que la "FII" también podría significar una "F***ing Insane Idea" (idea jodidamente loca).

Es llamativo el continuo fracaso del reino y sus Estados aliados para contener a los hutíes, un grupo rebelde. Pero también es coherente con una era global de revueltas. Ucrania ha frustrado el asalto de Rusia durante casi cinco años a pesar de ser mucho más pequeña y no contar con disuasión nuclear. EEUU está perdiendo prestigio en Irán, país que, según se suponía, ya se habría derrumbado o sometido bajo los bombardeos. Las bases de avanzada de la superpotencia en el Golfo han quedado expuestas como objetivos, no —o no solo— como activos imperiales. Del mismo modo, en 2022, Francia abandonó su misión contrainsurgente en el Sahel tras una década agotadora, por lo que 'Françafrique' ahora tiene un tono de burla.

En el siglo pasado, fue impactante que no uno, sino dos imperios sucumbieran ante fuerzas vietnamitas aparentemente más débiles. En este siglo, que ha traído consigo las debacles de Iraq y Afganistán, tales victorias de los pequeños sobre los gigantes son casi algo común.

Si estas sorpresas se limitaran al campo de batalla, podríamos atribuirlas a los avances tecnológicos. El equipo militar letal es mejor y más barato de lo que era hace una generación, lo que les permite a los pequeños atormentar a los grandes. Pero ese mismo patrón, en el que los actores más pequeños frustran los planes de los más grandes, también se aplica al mundo diplomático. El mes pasado, EEUU (343 millones de habitantes) firmó un acuerdo con Dinamarca (6 millones) sobre Groenlandia (57,000), que distó mucho de ser tan unilateral como lo había buscado el presidente Donald Trump, bajo la amenaza de anexión. Otro presidente podría haber conseguido las mismas condiciones con una décima parte del alboroto.

Durante la pandemia, Australia pidió una investigación mundial sobre el origen del Covid-19. China lo interpretó como una acusación pública y tomó represalias con aranceles y medidas similares. Australia, cuya población es menor que la del área metropolitana de Chongqing, no se amilanó. Ni siquiera permitió que Huawei entrara en su red 5G como gesto de buena voluntad. Al final, la relación se estabilizó, con un daño sectorial, pero no existencial, para la economía australiana. Durante las próximas décadas, este episodio será analizado minuciosamente entre las potencias medias en busca de aliento moral y pistas tácticas.

¿Qué explica las agonías de un Goliat? ¿Cómo es que los titanes aparentes tan a menudo no logran salirse con la suya? Por un lado, casi todos los actores, por pequeños que sean, tienen algún tipo de influencia. Si no es el control de un estrecho, podría ser una empresa indispensable (los Países Bajos cuentan con ASML, el único fabricante mundial de microchips específicos y críticos) o incluso simplemente conocimiento especializado. Años de lucha le han dado a Ucrania una experiencia técnica que intercambia por el apoyo de otros países. El problema intelectual con la idea de "la ley del más fuerte" es que "el fuerte" se define de manera demasiado limitada. Se entiende como una cuestión de magnitud bruta: de armamento, de producto interno bruto (PIB), de población. Si eso fuera suficiente, el mundo no luciría como luce actualmente.

Es más, gran parte del poder duro es, en la práctica, inutilizable, ya que las repercusiones morales serían demasiado grandes. Si Trump hubiera recurrido a la fuerza contra Groenlandia, EEUU nunca habría podido recuperar su reputación de confianza. ¿En qué sentido, entonces, se puede decir realmente que esa opción haya existido? Incluso a Vladimir Putin le tomó cuatro años utilizar algunos de los métodos brutales que ahora se ven en Ucrania. China podría haber presionado más a Australia, pero a un costo inaceptable en cuanto a la confianza regional. El beneficio moral de la duda rara vez favorece a la parte más poderosa y, por lo tanto, a menos que esté dispuesta a ignorar todo eso, gran parte de su poder es esencialmente hipotético. Arabia Saudita está armada hasta los dientes, y a la vez no lo está.

Hay algo más a favor de un David en el mundo de 2026. Titanes "aparentes", escribí antes: ¿y si, según los estándares históricos, realmente ya no existen titanes genuinos?

EEUU tiene una participación mucho menor en la producción mundial que la que tenía después de la Segunda Guerra Mundial. La de China, a su vez, es aún menor. Cuando cualquiera de estos dos países aplica sanciones o aranceles, la nación afectada suele tener otros lugares a los que recurrir para el comercio. De ello se desprende también que los aliados de los dos grandes, como Arabia Saudita, alineada con EEUU, no pueden recibir apoyo ilimitado. Las armas, los recursos de inteligencia y los recursos diplomáticos son finitos. Es un mundo mucho menos centralizado que aquel que controlaban el EEUU de Harry Truman o incluso el Imperio Británico en su apogeo. Hace casi 80 años que nadie tiene el monopolio nuclear. La era de las potencias medias que el primer ministro canadiense Mark Carney quiere hacer realidad ya se ha hecho realidad en parte, salvo que muchos de esos Estados de tamaño mediano son iliberales.

Si en ocasiones se sobreestiman las "superpotencias" de hoy, quizás sea porque ahora se ve todo a través del lente de la tecnología. En cuanto a la inteligencia artificial (IA), de hecho, solo hay dos países en el mundo. La IA requiere un capital enorme y un mercado lo suficientemente grande como para rentabilizar esa inversión. Efectivamente, EEUU y China dominan el campo. Ser la tercera potencia en IA significa quedarse al margen, mirando desde afuera.

El problema es que nada de esto, por ahora, se traduce claramente a la geopolítica, donde las cosas son mucho más fragmentadas y entrópicas. La hiperescala tecnológica es una ventaja profunda… en el ámbito tecnológico. En el mundo tridimensional, hay otros factores que cuentan. Para ver ese mundo con claridad, hay que pensar de vez en cuando en algo más que en la IA.

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