Son más que conocidas las facilidades de la IA. Cualquiera puede ser un Picasso y seguramente hasta un Cervantes.
Su extendido uso nos ha hecho entrar en las zonas tormentosas de la duda: ¿alguien lee, piensa y expresa por cabeza propia?
Debido al uso tan extendido de esta herramienta, en la Academia hemos vuelto a los exámenes orales, de cara a cara. Lo que el estudiante no puede expresar con palabras precisas, es que fue refrito ya de cualquier página internetiana.
Nuestros ensayistas e historiadores locales también están apelando demasiado a esas virtudes del nuevo recurso: le das “Pedro Henríquez Ureña”, "Trujillo" y lo que sea, por ejemplo, y ya estudiarás al dominicano mejor que el mismísimo Alfonso Reyes o Roberto Cassá.
¿Dónde está la bibliografía, la cita oportuna, la anécdota, el pensamiento intento y extenso, ese que se concentra en el tema a la vez que se piensa en una dimensión de redes?
Si en el país literario dominicano el ensayo ha sido bien escaso, porque este género no es simplemente la prosa, ahora tendremos más razones para advertir la práctica desaparición de aquel hito ya dispuesto por Montaigne. Pensamiento propio, decantación por un ritmo expositivo donde el sujeto pueda regodearse en alguna sinuosidad, sin tener que demostrar química o matemáticamente cualquier fórmula. Pues sí: eso será el buen ensayo. El resto será informe, Historia, proclamas, decretos, listados, recuentos, todo aquello que no implica una perspectiva, una vocación relativa, a veces hasta relativista.
Insistimos en la eficacia del ensayo. Apostamos por una recuperación de lo local. Trabajamos en un nuevo canon más allá de los creados por Manuel Arturo Peña Batlle, Pedro René Contín Aybar, Manuel Rueda, José Alcántara Almánzar y Diógenes Céspedes. Pensamos en plano de sociedad multicultural, de los discursos de poder, exclusión e inclusión. Pero junto a esto programa ya histórico, tenemos ahora que llamar la atención sobre el cuidado que hay que tener al abusar de la Inteligencia Artificial, que sería algo así como un MicroOndas para los registradores cerebrales.
Volvamos al pensamiento lento, a las conclusiones a partir de la meditación, no sólo de ese poner par de nombres y palabras y darles un “click”, que aunque resulte bonito el resultado, no te permitirá las sombrillas deseadas.
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