Durante la mayor parte de la historia occidental, el análisis del conocimiento estuvo separado de la reflexión política. Por una parte, problemáticas como la naturaleza del conocimiento científico, los métodos y sus criterios de justificación eran objeto de investigación de una rama de la filosofía denominada epistemología. Por otra parte, las cuestiones sobre cuál es la mejor forma de gobierno, la naturaleza del poder o las características del contrato social eran objeto de reflexión de la filosofía política.
Semejante distinción respondía al supuesto de que el problema del conocimiento es una cuestión teórica, a diferencia de los asuntos de la vida política que son problemas prácticos. Pero ni el conocimiento es un fenómeno aislado de la política, ni la vida política se construye al margen de los conocimientos científicos.
La historia de la ciencia nos muestra esta interrelación. Por ejemplo, la necesidad de mitigar las muertes por infecciones en los ejércitos estimuló la investigación que condujo a la penicilina. De igual modo, el interés norteamericano en desarrollar un programa nuclear disuasorio propició la articulación de un equipo científico que concluyó con la producción de la bomba atómica. Por otro lado, el Proyecto Genoma Humano ha generado la reacción regulatoria de los Estados para evitar prácticas discriminatorias a partir de la manipulación genética.
Estos y muchos otros casos advierten que es ingenuo desvincular el conocimiento científico de la política. Una reflexión sobre esta relación ha propiciado en los últimos años el surgimiento de un programa de investigación denominado epistemología política.
La epistemología política tiene como objeto de investigación los vínculos entre la producción y justificación del conocimiento con las instancias del poder político, así como sus implicaciones para la justicia. Aborda problemas como la posverdad y la crisis de legitimidad de las autoridades epistémicas tradicionales, cómo los sistemas algorítmicos promueven y legitiman la injusticia epistémica, la concentración del poder de las corporaciones tecnológicas y su impacto en la validación de las creencias epistémicas, así como sus implicaciones para las sociedades democráticas.
Nos encontramos ante un campo novedoso que se abre espacio con pujanza dentro de las disciplinas filosóficas. Junto al propósito de la comprensión de fenómenos complejos de nuestro tiempo, conlleva una finalidad ética y política de compromiso con la justa circulación de los bienes del conocimiento.
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