No sé hasta dónde, oyendo al otro se oye uno a sí mismo; si se puede hacer simultáneamente. Si para oírse a sí mismo basta recostar la cabeza en el hombro contiguo, en el fondo, quizás, todo crecimiento viene de oír para cambiar, para ser mejor, para empeorar, que son formas de pensamiento. Cada día que pasa nuestra sociedad se oye menos a sí mismo. Fingimos que oímos hasta para cuando supuestamente estamos “pensando”, pues pensar no es ajeno a oírse y oír al otro. Oír va desde una ola, la lluvia, el día, la noche, un paisaje, una rosa, un camino, un árbol. Un sueño. Los animales. Nuestro entorno está lleno de voces no humanas, pero eso no significa que sean menores. Somos juntos lo visto y no visto; lo sentido y no sentido, una sola voz que interactúa con el universo, que va desde una simple vocal hasta una frase. Sociedad que no oye, gobierno que no oye; familia que no oye, padre o madre e hijos que no oyen, no pueden comprender ni ser comprendidos para crecer.
No se puede dejar de crecer, de intentar ser mejor. La sociedad dominicana finge que oye, los que nos gobiernan fingen que oyen; los que la dirigieron fingieron que oyeron, que oían. Ahora quieren que los oigan, porque creen que hablan diferente.
Dejamos de oír al otro cuando nos creemos mejores. Sin oír, oírnos vale menos que nada. Pero ¿en realidad alguna vez nos hemos oído como sociedad ahora o en el pasado recién? Ojalá, en el sentido criollo que posee esa palabra; pero me atrevo a creer que, en un momento dado de la historia de un individuo, un pueblo, ante un percance todo el mundo se oye a sí mismo para “echar pá lante”.
Quedándonos en el tiempo presente, bastante necesitamos oírnos como pueblo, como familia para superar cualquier adversidad que el devenir de la vida nos enfrente, aunque de manera individual tenemos que enfrentarlo todos los días, casi siempre a ciegas, parte de nuestros actos son a “ciegas”, de ahí deviene la palabra Fe, que tiene mucho que ver con oírse a sí mismo en todos los órdenes para crecer en cualquier orden. Dejamos de oír cuando superponemos nuestros intereses, llamémosles personales. Muchos se oyen a sí mismos buscando beneficios en todo de manera impune, que es en lo que nos hemos convertido como individuos, como sociedad, desde la clase gobernante hasta los gobernados, desde su más ínfima función. En todo existe aquel a quien hay que buscarle “lo mío” o no arranca, no se llega a su feliz término, sin importar que se diga: “Aquí no hay que pagar nada, todo es transparente”. Créalo sí, pero hasta no enfrentarse a la cruda, digo, mal cocinada llamada realidad de que es todo lo contrario, a veces.
Es posible que todos nuestros problemas como individuos y sociedad estén encerrados en no oír, en ser sordos por conveniencia y termine ésta –el no oír– arropándolo todo, que no hay otorrinolaringólogo que nos devuelva el oírse a sí mismo y oír a los demás. En mi caso, evito oírme a mí mismo para lo que me conviene, que no siempre lo consiga… pero arrojando la piedra contra mí mismo, en vez de al otro, consigo meter la pata menos de lo que la he metido ante la tentación de buscarme lo “mío” ante mis propias peroratas, y si mi imagen ante el espejo hace lo mismo, reprimirla sin contemplación, a pedradas, a escupitajos, por aquello de vivir soñando despierto, que dice no despegar los oídos del “corazón de las cosas”, por lo que hay que echarse a reír con la mirada, para cuando se sepa que metieron la pata y vengan a pedir perdón quedándose con todo lo que se llevaron entre las uñas, tener pendiente cómo se les va a castigar moralmente, ya que judicialmente, a veces, se hace imposible.
Si uno se acostumbra a oírse a sí mismo, sin importar que la vida, el sentido común, el estudio lo haya enseñado o no, muchos problemas en la vida se evitarían.
El oírse a sí mismo para crecer vendría a ser como el “ángel de guarda”, una especie de guachimán, que se duerma, con la ventaja de que no hay que pagar mucho por sus servicios. Es el que va a decir, “No, por ahí no. No hagas eso. No cojas esos cuartos”, pero si se hace, a atenerse a las consecuencias… si no es en el presente inmediato, lo será por la vía de la vida, cuando usted esté más quitado de bulla, el golpe, la enfermedad por cualquier lado del cuerpo.
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