Hace seis meses escribí un artículo en esta columna sobre la Luna Nueva en Cáncer del 25 de junio, donde señalé que cada Luna Nueva abre un ciclo de seis meses que alcanza su punto de culminación con la Luna Llena en el mismo signo. Aquello que se sembró en ese momento, tanto a nivel personal como colectivo, hoy empieza a mostrar sus frutos. Esa Luna Llena ocurrió este 3 de enero, en una mañana marcada por un evento que posiblemente cambie el rumbo de nuestro continente.
Esta lunación ocurrió con la Luna en conjunción a Júpiter, amplificando todo lo que sentimos, y en oposición al Sol, Venus y Marte en Capricornio, el signo de las estructuras, la autoridad y la construcción a largo plazo. El eje Cáncer–Capricornio nos obliga a hacernos una pregunta incómoda, ¿qué tipo de orden estamos sosteniendo y a costa de qué cuerpos, en lo colectivo, y de qué sacrificios en tu propio cuerpo?
Es importante pensar a Cáncer más allá de una lectura limitada al aspecto personal de lo emocional, el cuidado, lo materno o lo nutritivo. Cáncer es un signo político porque todo eso también es político. Habla de territorio, de hogar, de patria; de quién cuida y quién nutre históricamente, y de quién queda sistemáticamente desprotegido. Habla de límites: el cuerpo como primer territorio, la familia como primer espacio de pertenencia, el país como extensión simbólica de ese hogar. Desde una mirada más compleja, Cáncer nos permite ver cómo lo íntimo y lo colectivo dejan de estar separados.
Quienes están en el poder dependen, muchas veces, de nuestra ilusión de separación para sostenerse. Cada vez se hace más evidente el carácter ilusorio de muchas de las fronteras que organizan la vida política, económica y social. Funcionan porque, de forma colectiva —pero también en lo personal— seguimos aceptando creer en ellas y permitimos que definan quién tiene más o menos poder, más o menos valor, más o menos derechos.
Cáncer es el signo de los límites que nos contienen y que marcan nuestra identidad. En el artículo sobre la Luna Nueva propuse una imagen de Cáncer como una serie de círculos concéntricos: el individuo dentro de la familia, la familia dentro del hogar, el hogar dentro del barrio, el barrio en la ciudad, la ciudad en el país, el país en el continente, el continente en el planeta, el planeta en el sistema solar. Cada delimitación marcando —desde lo más íntimo hasta lo más extenso— quiénes somos y a qué pertenecemos. Desde aquí, creer que lo que le ocurre a un territorio no nos toca es una ilusión que revela cuán desconectados podemos estar de nuestro cuerpo emocional y cuán poco conscientes podemos llegar a ser de la manera en que opera la política global.
Esta Luna Llena, en conjunción a Júpiter en Cáncer, nos enfrenta a las consecuencias de otorgar más validez a límites abstractos que a los límites reales de nuestros cuerpos, como el cansancio, el dolor, el miedo, el amor, el afecto, esa sensación persistente de que algo no está bien aun cuando el sistema insiste en que “así son las cosas”. Cáncer viene a recordarnos que el cuerpo es el primer territorio que merece cuidado y escucha. En este contexto, una de las luchas más importantes de estos tiempos será cómo permitimos que nuestro sistema nervioso descanse en medio del caos y la incertidumbre sociopolítica, y cómo cultivamos y sostenemos espacios, relaciones y comunidades que nos ofrezcan calma y certeza, y desde donde podamos enfrentar y sostenernos frente a un panorama mundial cada vez más desafiante.
Actualmente hay una fuerte concentración de energía de agua, pero entre febrero y julio ese clima irá cambiando. Vamos a entrar en una etapa con mayor predominio de fuego, donde todo el cuidado, la contención y el sostén que se han venido cultivando necesitarán traducirse en acción concreta.
Al mismo tiempo, el elemento aire se intensifica. Con Urano en Géminis se acelera la circulación de información fragmentada y noticias falsas, y con Plutón en Acuario toman más fuerza los intentos de ejercer control sobre lo colectivo a través de ideas, narrativas y sistemas que buscan organizar el pensamiento de las masas en nombre de un supuesto progreso o de un bien común que no siempre es tal.
Es momento de cuestionarnos todo y de ejercer una escucha más crítica frente a los medios oficiales —financiados y condicionados por el Estado, grandes corporaciones y élites económicas—, así como de consumir más medios alternativos e independientes que amplíen el campo de lectura y nos ayuden a pensar por fuera del relato dominante.
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