El Banco Central informó que, en términos interanuales, se crearon 147,456 empleos netos al segundo trimestre de 2026. De ellos, 74,794 fueron formales y 72,663 informales. Es una mejoría frente al primer trimestre, cuando la mayor parte del empleo nuevo había sido informal. Ese dato debe reconocerse.

El problema está en cómo se presenta el resto de la fotografía.

La tasa de informalidad fue 53.8 %. El Banco Central destaca que ese nivel está 2.9 puntos porcentuales por debajo del promedio histórico de 56.7 % registrado desde 2014. La comparación es correcta. Pero no es la más útil para saber qué está ocurriendo ahora.

En el segundo trimestre de 2025, la informalidad era 54.0 %. Un año después está en 53.8 %. La reducción es de apenas dos décimas. Si uno mira el promedio histórico, parece un avance considerable. Si compara con hace un año, prácticamente no se ha movido.

Algo parecido ocurre con el desempleo.

La tasa de desocupación abierta fue 5.3 % en abril-junio de 2026. En igual trimestre de 2025 era 5.0 %. La tasa ampliada SU3 pasó de 8.4 % a 8.7 %. Ambas aumentaron tres décimas.

Sin embargo, la comunicación oficial pone el énfasis en que estos indicadores permanecen bajos respecto de sus valores históricos. Eso es cierto. Pero nuevamente cambia el punto de comparación.

El problema no es utilizar promedios históricos. Son útiles para conocer dónde estamos respecto de una trayectoria larga. El problema aparece cuando esa comparación sustituye la pregunta que interesa al ciudadano: ¿estamos mejorando o empeorando ahora?

Los propios datos ofrecen una respuesta más matizada. Hay más ocupados y el empleo formal mejoró en el segundo trimestre. Además, el aumento de los asalariados provino principalmente del sector privado, no de la nómina pública.

Pero más de la mitad de los ocupados continúa en la informalidad, la reducción interanual de esa tasa es mínima y aumentó el número de personas que buscan trabajo y no lo encuentran.

Un informe estadístico no debe escoger entre buenas y malas noticias. Debe permitir ver ambas.

Comparar con el promedio histórico sirve para dar contexto. Comparar con el mismo período del año anterior permite medir dirección. Y comparar con los últimos trimestres permite identificar tendencia.

Las tres miradas son necesarias.

La diferencia importa porque una referencia lejana puede suavizar el deterioro o magnificar una mejora. El lector necesita saber ambas cosas: la posición histórica y el movimiento cercano. Una no reemplaza a la otra.

Cuando solo se ilumina la comparación que luce mejor, el dato sigue siendo verdadero, pero la fotografía queda incompleta.

El Banco Central no necesita adornar sus estadísticas. Necesita presentarlas de manera que podamos entender no solo dónde estamos, sino hacia dónde estamos caminando.

Daniel Toribio

Economista

Daniel Toribio Marmolejos es economista con una trayectoria relevante en la política y la administración pública del país. Ha sido: Ministro de Hacienda de la República Dominicana. Administrador general del Banco de Reservas (BanReservas). Secretario de Asuntos Económicos del partido Fuerza del Pueblo.

Ver más