Por las primeras horas del día, los residentes de mi sector se despertaron repentinamente a causa de las potentes detonaciones en las cercanías de la parroquia del Sagrado Corazón. En ningún momento de este concierto de fuertes ráfagas, me imaginé que tendría mi mayor conversación con una personalidad dominicana, sin viajar al territorio dominicano. Después de mis saludos tradicionales a algunos amigos dominicanos, estaba lejos de pensar que al final del día, don Alfredo me proporcionaría la documentación esencial para estudiar la evolución del turismo dominicano desde la llameante década de 1970 de la Guerra fría hasta los tiempos relativamente tranquilos del V Centenario. En verdad, magnífico resulta el ejercicio de aprender con alguien cuyos ancestros llegaron en aquella época cuando nació “La Ceiba De Colón”.
Con la disciplina de siempre, tomando notas, escuché la rendición de cuentas del presidente Abinader. Poco tiempo después, recibí un correo electrónico de Texas “Saludos desde Houston”. El lector asiduo de Acento, de gran experiencia y trayectoria, me propone el fantástico proyecto construir en la isla en 2026 el diálogo que nunca ha tenido lugar desde el siglo XIX: Un diálogo sincero y honesto. “Sin diálogo genuino no hay consenso”.
Sin consenso no hay compromiso. Y sin compromiso no hay gobernabilidad. En un momento de nuestro intercambio por Whatsapp, me recordó a mi padre cuando me regaló La Era de Trujillo de Galíndez y el clásico de Robert D. Crassweller sobre la vida del Jefe. Hace casi medio siglo. Debo reconocer que existe ese lado misterioso en mis relaciones con la República Dominicana. Una especie de bendición de los mayores. Sin esta bendición instructiva, podría haber sido como la mayoría de nuestros “expertos”: pretender entender la República Dominicana sin captar el alma dominicana.
Casi 40 años después de mi primera visita al Altar de la Patria, si tuviera que intentar comparar la evolución de la vida en la isla, me permito decir que en Haití tenemos una urgente necesidad de arqueólogos. Haití se está convirtiendo cada vez más en las catacumbas del Caribe, bajo la mirada ávida de sus élites retrógradas. Usted tiene razón: “Si el edificio institucional es frágil, cambiar al administrador no evita el derrumbe.” El sábado 28 de febrero, último día de un mes de febrero tenso, lejos de nuestro Caribe, “geológicamente muy activo, caracterizado por un arco volcánico de 21 volcanes activos”, el teatro del mundo acababa de volcarse, una vez más…
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