Es bien conocido que el modelo de negocios del "todo incluido" es el que predomina en nuestros resorts. A él se debe nuestro éxito como destino turístico, al ser nuestro país uno de los primeros en adoptarlo. Pero la fuerte tendencia que registran los mercados emisores sobre la preferencia de los turistas por las experiencias auténticas presagia un futuro incierto para ese modelo. Puesto que los resorts ofrecen una realidad calificada como "burbuja artificial", es predecible que este tendrá que cambiar, incorporando componentes experienciales para satisfacer esa creciente demanda. Conviene, pues, que vayamos anticipando cuáles serían las innovaciones necesarias para poder responder a las nuevas preferencias de la demanda.

Existe un amplio consenso entre los principales analistas de turismo en que la búsqueda de experiencias auténticas, inmersivas y vinculadas con la cultura local constituye una de las tendencias más importantes del turismo contemporáneo. Esto es refrendado no solo por ONU Turismo en algunas de sus publicaciones, sino también por la OCDE, el Foro Económico Mundial, Booking.com, McKinsey & Company y otras importantes fuentes. McKinsey reporta que "los consumidores valoran cada vez más las experiencias únicas, personalizadas y auténticas frente al turismo estandarizado", mientras que Booking.com señala que sus encuestas revelan que "una amplia mayoría desea vivir experiencias representativas de la cultura local y establecer conexiones genuinas con las comunidades anfitrionas". La aparición de Airbnb y la renta corta en el mercado ha reforzado tal preferencia de los viajeros.

La tendencia citada contrasta frontalmente con la "burbuja turística" que ofrecen los resorts del todo incluido. Estos crean un ambiente cuidadosamente controlado y aislado que reduce el contacto del visitante con la realidad social, económica y cultural del destino. Llegan a "constituir una segregación casi total, especialmente en grandes complejos turísticos costeros, donde el visitante permanece inmerso en un ambiente artificial separado de la vida cotidiana de la población local". De ahí que, frente a las preferencias emergentes del mercado, sea dable vaticinar que el "todo incluido" deberá evolucionar en la dirección de incorporar las experiencias locales, so pena de desaparecer. En los destinos donde impera esa modalidad de alojamiento los huéspedes salen de los hoteles a hacer excursiones diurnas. Pero estas son también experiencias controladas y limitan los intercambios con los nativos.

Resulta fácil imaginar que los paquetes del "todo incluido", que regularmente tienen estancias de siete días y seis noches de duración, podrían asignar dos o tres días a las experiencias locales fuera del hotel. Puede asumirse que, en principio, muchos turistas les darían la bienvenida a estancias compartidas. Pero resulta obvio que esa opción no es la preferida por parte de los hoteleros; por eso no es usual que los turoperadores la ofrezcan. La gerencia de los resorts procura minimizar los intercambios entre los turistas y los comercios locales, favoreciendo que el visitante permanezca dentro del complejo. Aun si fueran los mismos hoteleros quienes organizaran ese tipo de paquete compartido, no les resultará atractivo porque no podrán ofrecer todos los bienes y servicios por los que cobran en el hotel. No solo sería engorrosa su organización, sino que tampoco podrían garantizar la calidad y la eficiencia de los servicios, ya sea de alojamiento, gastronomía, excursiones, transporte u otra clase de servicios.

Son los turoperadores los que sí podrían organizar y ofrecer los paquetes híbridos. Ellos no tendrían las mismas aprensiones y reservas que los hoteleros. Pero de entrada debe admitirse que diseñar y contratar la composición de los bienes y servicios de las experiencias auténticas requiere un esfuerzo y una complejidad mucho mayores que los que deben afrontar para reservar habitaciones y servicios hoteleros, especialmente si la estancia se distribuye entre varios pueblos o ciudades. Además, contratar el alojamiento podría resultar fácil si se hace con hoteles urbanos de cierto tamaño, pero puede resultar fastidioso hacer los arreglos —contrataciones y pagos— para las visitas guiadas, la gastronomía, la participación en eventos comunitarios, etc. Lo trabajoso del paquete, sin embargo, no implicaría una menor demanda, sino todo lo contrario.

A modo de ilustración, la gráfica adjunta presenta el diseño de un paquete "todo incluido híbrido" realizado por ChatGPT-4. El ejemplo debe ser suficiente para que cualquier analista pueda diseñar otros paquetes alternativos. Muchas otras posibilidades podrían imaginarse, a modo de innovación, con el inventario nacional de 136 000 habitaciones que existe ya en las plataformas de renta corta. Airbnb y otras plataformas de renta corta pueden jugar un papel clave en la hibridación de los paquetes "todo incluido". Tanto los turoperadores como los hoteleros podrían encontrar en los propietarios de los inmuebles unos firmes aliados para facilitar la hibridación.

Ya analistas locales han señalado la limitada integración de los paquetes actuales del "todo incluido" con la economía y la sociedad locales. Se deduce, entonces, que a quien más le interesaría el desarrollo de un "todo incluido híbrido" es al sector público del país anfitrión. Es seguro que ese tipo de paquete distribuiría mejor los beneficios del turismo, lo cual debe ser un objetivo nacional de desarrollo turístico. El favor oficial deberá seguir apoyando a los inversores hoteleros porque su presencia y operación crean empleo y generan divisas. Pero los paquetes híbridos lo harán también y podrían recibir incentivos fiscales. Solo es cuestión de innovar y buscar la forma. Si la industria automotriz encontró la manera de hacer vehículos híbridos, los inversores turísticos podrán lograr el "todo incluido híbrido" también.

El 'todo incluido' y su inevitable hibridación

Juan Llado

Consultor económico

Con entrenamiento universitario en los campos de la psicología, las ciencias políticas, la educación y la economía, obtuvo títulos universitarios en EEUU y se desempeña actualmente como consultor económico y articulista. Su experiencia de trabajo ha sido diversa, incluyendo misiones de organismos multilaterales y gerencia de proyectos internacionales. El principal hobby es la investigación y las tertulias vespertinas en el Centro Histórico de Santo Domingo. Aunque no partidarista y un libre pensador, ha abrazado últimamente la causa de la alternancia en el poder como requisito cumbre para fortalecer la democracia dominicana.

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