La gratitud es un sentimiento sublime que se instala sin pedir permiso; solo nos exige honestidad con los hechos.

La admiración, en cambio, requiere conciencia, análisis y la humildad necesaria para reconocer la excepcionalidad con la que Dios ha bendecido a otros.

Ver a un gremio agradecerte de forma tan unánime, y rendir homenaje a tu talento y legado, me confirma que no me equivoqué cuando, hace ya más de veinte años, te pedí que fueras mi asesor de tesis.

La motivación era simple. A mi entender, ¿quién mejor que aquel capaz de descomponer la complejidad de la columna vertebral del derecho haciéndola comprensible e incluso entretenida? Eso sí, el acuerdo tácito era claro: había que estar atentos y seguir el hilo. Entre chistes sobre las suegras, citas en francés, anécdotas y aforismos, lanzabas perlas que —si no se anotaban— reaparecían en los exámenes y, más adelante, en la vida profesional.

Tu elocuencia solo competía con tu humildad. Tu vasto conocimiento de la cultura general convertía cualquier conversación —sobre la vida o sobre el derecho— en una clase magistral.

En lo personal, siempre me conmovió la devoción y el respeto con el que hablabas de tu esposa. Esa forma de honrar la vida compartida dejó una impronta silenciosa pero profunda en quienes tuvimos el privilegio de conocerte.

Tu partida toca de manera transversal al sector jurídico dominicano: desde jueces de altas cortes hasta tus estudiantes de derecho, tus exestudiantes ya egresados —entre los que me incluyo—, tus colegas de distintas generaciones. De manera especial, toca a quien escogiste como tu socio y compañero de mil batallas, como tú mismo lo bautizaste.

Muchos estuvimos rindiéndote homenaje, en el tan merecido acto organizado por la Escuela de Derecho de la PUCMM el 26 de junio del 2024. Reconforta saber que fueras honrado en vida, expresándote, de forma clara y pública, cuánto significaste para amigos, colegas y estudiantes. Conmovió verte allí sin creerte todo lo que se decía de ti: emocionado, agradecido y humilde. Así decido recordarte.

Gracias por el privilegio.

Ginia Valenzuela

Abogada

Dominicana, abogada egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), con una Maestría en Derecho de las Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) y un Doctorado en Relaciones Internacionales por Atlantic International University (AIU). Especialista en Derecho de Protección de Datos de Carácter Personal, Derecho Audiovisual, Administración Electrónica, Sociedad de la Información, delitos electrónicos y en la defensa de los derechos de los usuarios de los servicios públicos de telecomunicaciones, labor que está personalizada como director de la Dirección de Protección al Usuario del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL). Durante más de una década, ha jugado un papel fundamental en el establecimiento y fortalecimiento de las relaciones comerciales entre la República Dominicana y Türkiye, siendo una figura clave en la apertura de canales de cooperación bilateral y en la formulación de soluciones a los desafíos que afectan el intercambio económico entre ambas naciones. Es fundadora y presidenta de la Cámara de Comercio, Industria y Turismo Dominico-Turca (CIT-DT), y encabeza el comité gestor de la Federación Dominicana de Cámaras Binacionales (FEDOCACBI), entidad en proceso de conformación orientada a estrategias articulares para el fortalecimiento de las cámaras binacionales del país, promoviendo la cooperación estratégica y la cohesión multisectorial del empresariado dominicano. Actualmente, se desempeña además como asesora de Relaciones con Türkiye del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana (MIREX).

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