«Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren.» (Jean-Paul Sartre, El diablo y el buen Dios)

El pasado 28 de febrero de 2026, los Estados Unidos de Norteamérica e Israel iniciaron sus más recientes agresiones contra la República Islámica de Irán. Esta nueva fase del conflicto bélico en la región conocida como «Oriente Medio» representa —en el fondo— una intensificación del choque interimperialista entre las principales potencias occidentales del mundo y sus rivales euroasiáticos: la República Popular China y la Federación Rusa. Esto es así porque estas últimas dos potencias son las que respaldan financiera y militarmente a Irán en su lucha contra sus enemigos históricos occidentales y su Estado satélite oriental, el de Israel.

Para dilucidar los verdaderos intereses detrás de esta guerra, es importante tener en cuenta dos hechos: los actuales rumores que corren en los medios de comunicación acerca del beneficio que el propio presidente estadounidense Donald Trump (n. 1946) y sus socios capitalistas de Wall Street han obtenido a partir de la especulación en la bolsa de valores con los precios del petróleo —por un lado— y el hecho de que la Guardia Revolucionaria iraní controla los principales medios de producción de su país, constituyéndose en la clase dominante de facto de la nación persa.

Esto debería darnos un indicio de que los intereses de los pueblos estadounidense, israelí e iraní no son los factores tomados en principal consideración por parte de los líderes de esas respectivas naciones, a la hora de tomar decisiones que afectan a las grandes mayorías de esos países. Las clases dominantes iraníes tomaron la decisión de cerrar el estrecho de Ormuz sin importarles el efecto que esto tendría sobre las masas del mundo, a la vez que implantaron peajes que cobrarían solamente en yuanes chinos. De tal modo que es fácil entrever que quienes saldrán más beneficiados de este conflicto serán las élites gobernantes de la República Popular China.

Debemos recordar que las guerras interimperialistas se libran con el exclusivo interés de acumular capitales y poderío para las burguesías en pugna, a la vez que se destruye el capital excedente para poder reiniciar el ciclo de inversión y acumulación indefinida tras la reconstrucción de las posguerras. Todas las demás excusas ideológicas blandidas para justificar dichos conflictos no son más que espejismos y cortinas de humo para distraer a las personas e incentivarlas a odiar al enemigo externo, empujando a los pueblos del mundo a la confrontación sanguinaria que solo termina en el exterminio mutuo en perjuicio de todos y en beneficio de unos pocos.

La República Islámica de Irán parece estar ganando la batalla contra el imperio estadounidense y su aliado incondicional Benjamín Netanyahu (n. 1949), masacrando a muchos soldados estadounidenses y chantajeando al presidente de la gran potencia del Norte con el bloqueo del acceso al petróleo que tanto necesita para llevar a cabo sus planes de dominación mundial junto a Israel. Por otro lado, Israel continúa su campaña terrorista y genocida contra Palestina y ahora también Líbano, provocando la reacción de Hezbolá, organización política y paramilitar satélite de la Guardia Revolucionaria iraní.

Todo parece indicar que el año 2026 será recordado en la historia de la humanidad como aquel en que el imperialismo estadounidense sufrió su peor derrota en la larga serie de derrotas desde el siglo XX, llegando hasta el XXI: Vietnam, Irak, Afganistán y ahora Irán. El régimen de los ayatolás en la nación persa llevaba décadas preparándose para un ataque como el iniciado por los dos psicópatas megalómanos que dirigen los ejércitos estadounidense e israelí. A fin de cuentas, es probable que los historiadores y las historiadoras del futuro marquen este año como el principio del fin, no solo para el trumpismo —que ha desangrado a su pueblo en vidas humanas y recursos con esta terrible contienda—, sino para toda la hegemonía imperial que los Estados Unidos de Norteamérica disfrutaron desde su victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Gabriel Andrés Baquero

Filósofo

Gabriel Andrés Baquero (n. 1992, Santo Domingo, República Dominicana) es filósofo y escritor. Licenciado en Humanidades y Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó (2018) y Magíster en Estudios Caribeños por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (2022), se dedica a la investigación y reflexión sobre temas culturales, históricos y políticos.

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