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Europa es importante para los partidarios del movimiento MAGA de Donald Trump. La estrategia de seguridad nacional de la administración Trump afirmó que "Europa sigue siendo estratégica y culturalmente vital para EE. UU.". Pero también expresó su preocupación de que el continente europeo se encuentra en camino hacia la "desaparición de la civilización", citando la migración masiva, la "represión de la oposición política" y la caída de las tasas de natalidad.

Entonces, ¿qué se debe hacer? La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) del país propuso que EE. UU. intervenga "fomentando la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las propias naciones europeas". La estrategia clave consistía en aliarse con "partidos europeos patriotas".

Han transcurrido aproximadamente siete meses desde la publicación de este notable documento. Pero la agenda MAGA para Europa ya se está desmoronando. Los partidos y políticos europeos que el equipo de Trump considera "patriotas" están perdiendo poder o distanciándose rápidamente del presidente estadounidense.

El golpe más duro fue la derrota de Viktor Orbán en Hungría en abril. Pero Trump también ha alejado a posibles aliados en Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña.

La derrota de Orbán —un héroe del movimiento MAGA y orador habitual en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), alineada con Trump— fue un golpe especialmente duro. El exprimer ministro húngaro no solo era un alma gemela ideológica, sino también un aliado útil para Trump, ya que a menudo bloqueaba la acción colectiva europea en temas como la ayuda a Ucrania.

La administración de Trump había acusado a los gobiernos europeos de "subversión de los procesos democráticos". Pero no dudó en intervenir en favor de Orbán, un defensor de la "democracia iliberal", quien excluyó por completo a su rival, Péter Magyar, de la cobertura televisiva. El vicepresidente estadounidense JD Vance incluso viajó a Budapest para apoyar a Orbán durante la campaña. Fue en vano: Magyar ganó.

Las elecciones húngaras demostraron que la Unión Europea (UE) tiene mucho más que ofrecerles a sus Estados miembros que EE. UU. Las diversas violaciones de la legislación europea por parte de Orbán habían dado lugar a severas restricciones en el flujo de fondos de la UE hacia Hungría, lo que perjudicó a la economía. La perspectiva de restablecer los fondos europeos ofreció un incentivo material directo a los votantes húngaros que la Casa Blanca nunca podría igualar.

Giorgia Meloni, la primera ministra de Italia, también era vista como ideológicamente cercana a la Casa Blanca de Trump. Vance escribió el prólogo de su libro más reciente. Pero Meloni también sabe que su país es un gran beneficiario de la ayuda de reconstrucción de la UE tras la pandemia de COVID-19, al recibir casi 200 000 millones de euros en subvenciones y préstamos.

El resentimiento de Trump ante la renuencia de Italia a ayudar a EE. UU. en su guerra con Irán lo llevó a referirse a Meloni en términos sumamente insultantes. Ella ha respondido enérgicamente. Su larga experiencia en EE. UU. quizá lleve a Trump a pensar que puede insultar y menospreciar a sus oponentes políticos —como Marco Rubio o Ted Cruz— y que estos volverán arrastrándose. Pero es poco probable que ese patrón se repita con una líder política que responde ante los votantes italianos y no ante los republicanos del movimiento MAGA.

Las payasadas de Trump y sus seguidores pueden haber perdido gran parte de su impacto en EE. UU. Pero aún tienen la capacidad de provocar fuertes reacciones en Europa, lo que obliga incluso a aliados potenciales a distanciarse del presidente estadounidense. Jordan Bardella, una de las dos figuras dominantes del Rassemblement National (RN) de Francia, se negó a hablar en la conferencia del CPAC el año pasado después de que Steve Bannon, un exasesor de Trump, hizo lo que parecía un saludo nazi en el escenario.

Cuando Trump menospreció la contribución de las tropas aliadas y británicas a la guerra en Afganistán, su amigo Nigel Farage se vio obligado a mostrar su desacuerdo en público. Una encuesta realizada este año reveló que solo el 14 por ciento de los británicos tenía una opinión favorable de Trump, mientras que el 81 por ciento tenía una opinión desfavorable. Es probable que una asociación cercana se convierta en una carga electoral para Farage y su partido Reform UK.

El presidente estadounidense es aún más impopular en Alemania, donde solo el 10 por ciento tiene una opinión favorable de Trump. Esto representa una especie de dilema para el partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), con el que Vance y otros han forjado vínculos. La AfD va a la cabeza en las encuestas, pero su liderazgo ahora se está distanciando de la administración de Trump. El sistema electoral alemán también implica que sigue siendo poco probable que la AfD pueda obtener un papel formal en el gobierno nacional, lo cual frustra las esperanzas de la Casa Blanca de atraer al país a su lado.

La administración de Trump tenía grandes esperanzas de que Călin Georgescu, un candidato populista de extrema derecha, ganara las elecciones presidenciales en Rumania en 2025. Vance se indignó cuando se anularon las elecciones, tras las acusaciones de injerencia rusa en la campaña. A Georgescu se le prohibió postularse y el candidato más afín a él perdió posteriormente frente a un candidato pro-UE. Como resultado, el presidente en Europa más alineado con el movimiento MAGA podría ser ahora Karol Nawrocki, de Polonia. Sin embargo, su influencia en los asuntos internos de Polonia está limitada por la Constitución, y los líderes polacos rechazarán la indulgencia de la Casa Blanca hacia Rusia.

Por el contrario, el movimiento MAGA está teniendo mucho más éxito al encontrar socios ideológicos en América Latina. Tras las recientes elecciones presidenciales en Colombia, ahora cuenta con un líder alineado con Trump, al igual que Chile, Argentina, Bolivia y El Salvador. Por ahora, México y Brasil, los dos países más poblados de la región, se han resistido a la tendencia.

La delincuencia desenfrenada, la pobreza y las instituciones débiles hacen que América Latina sea susceptible al trumpismo. Pero en las democracias más prósperas y consolidadas de Europa, el mensaje de MAGA no está teniendo éxito.

Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web

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