Cuando se habla de los orígenes del pensamiento económico, la mirada suele dirigirse casi exclusivamente a la Grecia clásica y, más adelante, a la Europa moderna. Sin embargo, mientras en Occidente se consolidaban las bases filosóficas que darían lugar al pensamiento económico clásico, en la antigua China emergía una tradición intelectual distinta, profunda y sorprendentemente moderna: el pensamiento económico taoísta. Esta corriente, desarrollada entre los siglos VI y IV a. C., elaboró una visión de la sociedad y la economía centrada en la libertad individual, el orden espontáneo y la mínima intervención del poder político.

A diferencia de la tradición occidental dominante, marcada por el estatismo de Platón y Aristóteles, el taoísmo formuló una crítica temprana y radical al intervencionismo estatal, anticipando debates que la economía moderna retomaría muchos siglos después.

Uno de los principios centrales del pensamiento económico taoísta es la idea de que el orden social y económico surge de manera natural cuando no es forzado por la autoridad. Para pensadores como Lao Tzu y, de forma aún más explícita, Chuang Tzu, la armonía social no es el resultado de leyes, decretos o planificación central, sino de la libre interacción de los individuos.

Chuang Tzu sostenía que “el buen orden surge espontáneamente cuando se deja a las cosas solas”, una afirmación que anticipa con notable claridad el concepto moderno de orden espontáneo del mercado. En esta visión, la coordinación económica no requiere de un diseño consciente por parte del Estado: emerge de las decisiones individuales, del intercambio voluntario y de la adaptación constante a las circunstancias.

El taoísmo no se limita a proponer una alternativa al control estatal; va más lejos y cuestiona la legitimidad misma del poder político en la organización de la sociedad. Para Chuang Tzu, los gobernantes no solo son innecesarios, sino perjudiciales. En sus textos los hace responsables de distorsionar el orden natural y generar pobreza, conflictos y desigualdad.

Desde esta perspectiva, muchas de las fallas atribuidas históricamente al mercado (escasez o inestabilidad) no serían defectos inherentes al intercambio libre, sino consecuencias directas de la intervención coercitiva del Estado. Esta crítica resulta particularmente relevante en el debate contemporáneo, donde a menudo se atribuyen al mercado problemas que, en realidad, tienen origen institucional.

La propuesta económica implícita del taoísmo se resume en el principio del wu wei, generalmente traducido como “no acción” o “acción sin esfuerzo”. Lejos de significar pasividad, el wu wei implica una renuncia consciente del poder político a interferir en los procesos naturales de la sociedad.

Aplicado a la economía, este principio sugiere impuestos mínimos, ausencia de regulaciones coercitivas y pleno respeto por la iniciativa individual. El gobernante ideal, desde la óptica taoísta, es aquel cuya presencia apenas se percibe, porque no obstaculiza el flujo natural de la vida económica.

Dos siglos después de los primeros pensadores taoístas, el historiador Ssu-ma Ch’ien aportó una intuición clave para la teoría económica: definió la actividad económica como la capacidad de “tener una vista aguda para atrapar las oportunidades que llegan”. Esta idea se acerca notablemente a la concepción moderna del empresario como agente que descubre oportunidades y coordina recursos bajo condiciones de incertidumbre.

Aunque formulada en un contexto muy distinto, esta noción reconoce el papel central de la creatividad, la anticipación y la iniciativa individual en la generación de riqueza, elementos que la economía moderna tardaría siglos en sistematizar.

El pensamiento taoísta también ofrece una reflexión temprana sobre el dinero y sus distorsiones. Ssu-ma Ch’ien alertó sobre las consecuencias de la intervención del Estado en el ámbito monetario: pérdida del poder adquisitivo, incrementos de precios y reducción de bienestar de las familias. Un fenómeno que hoy conocemos como inflación.

El análisis de Ssu-ma Ch’ien refuerza la desconfianza taoísta sobre la capacidad del poder político para manejar instrumentos económicos: la inflación es una consecuencia de la intervención estatal en el sistema monetario.

De igual forma, hacia finales del siglo IV d. C., el filósofo Pao Ching-Yen expuso una serie de crítica sobre la desigualdad, la opresión y el sufrimiento humano, enfatizando que son el resultado de sistemas sociales y políticos impuestos artificialmente, los cuales distorsionan el orden natural. Desde su punto de vista, la intervención del Estado incrementa el desorden económico y social. Esta visión radical sostiene que la prosperidad económica se alcanza cuando no se tiene la tutela estatal.

El pensamiento económico taoísta, influenciado por los principios del Tao y del Yin y Yang, enfatiza la armonía entre el progreso material, el bienestar humano y el equilibrio ecológico. La prosperidad surge de la cooperación voluntaria y del respeto al orden natural, no de la imposición de normas externas.

A manera de síntesis, el pensamiento económico taoísta se caracteriza por su defensa de la libertad individual, su confianza en el orden natural del mercado y su rechazo a la intervención del Estado. Además, ofrece intuiciones tempranas sobre la función empresarial y algunos aspectos monetarios como la inflación.

El taoísmo constituye una de las raíces más antiguas del pensamiento económico liberal que debemos redescubrir, no solo para ampliar nuestra comprensión histórica, sino que también para repensar los límites del poder y el papel de la libertad en la organización económica contemporánea.

Alexis Cruz Rodríguez

Economista

Doctor en Economía (Ph.D.) por la Universidad de Surrey, Inglaterra, con un Magíster en Economía Financiera de la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y un Máster en Escritura Creativa en la Universidad de Salamanca. Es licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Tiene amplia experiencia en ministerios, bancos y organismos internacionales. En el ámbito académico ha impartido docencia en diversas universidades dominicanas y extranjeras. Ha sido director de la Escuela de Economía de la Universidad Católica Santo Domingo y de las maestrías en Economía Aplicada y Economía para Negocios de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Sus ensayos académicos han sido publicados en revistas especializadas de circulación internacional. Es autor de los libros Ceteris Paribus. Biografías de economistas dominicanos (2023) y Exchange arrangements, currency crises and macroeconomic performance (2022). Actualmente es viceministro de Economía en el Ministerio de Hacienda y Economía y anteriormente fue viceministro de Análisis Económico y Social del MEPyD.

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