En los últimos meses, pocos temas han sido tan debatidos a nivel mundial como este. Como tal, se alude a las novedosas reglas de juego a regir en el mundo. Los paradigmas sobre los cuales se está edificando esta incipiente visión del mundo. Que brillantemente el profesor internacionalista español Fernando Delage lo grafica así: “Mientras Putin quiere destruir un orden, y Trump quiebra la comunidad euroatlántica, Xi aspira a reconstruir el orden internacional desde dentro, asentándolo sobre nuevos pilares”. Obviamente, respecto a China, “nuevos pilares” no democráticos. Sin embargo, noto que se suele soslayar, en concreto, las implicaciones que este tendrá para países como el nuestro. Por esto, el presente artículo pretende hacerlo: aplatanarlo.

El primer elemento que se suele destacar de este nuevo orden es que se sustenta en su pragmatismo. Su “ética” descansa en la fuerza. Las reglas propias del derecho público internacional son piezas de museo. Al describir esta brutal realidad, Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, quien hace días dijo frente a sus “aliados” europeos: “…no queremos que nuestros aliados racionalicen el statu quo roto en lugar de reconocer lo que es necesario para arreglarlo, porque en Estados Unidos no nos interesa ser los cuidadores educados y ordenados del declive controlado de Occidente”.

¿Qué significa para nosotros que el status quo está roto? Muchísimo. Que para nuestro principal socio comercial le importará más la vigencia de sus intereses económicos y el restablecimiento de su famosa “Doctrina Donroe”, que los valores democráticos per se. Significa que poco o nada le preocupa lo que decida la ONU u otros órganos multilaterales sobre cualquier tópico del derecho internacional público que le pueda afectar en su relación con nuestro país, por ejemplo.

El caso Venezuela constituye la mejor muestra de esta nouveau lógica por aplicarse en el orbe. Obviamente, no hay que ser muy sabio para predecir que esta, a lo interno, se traduciría en un previsible debilitamiento de la vigencia del Estado de Derecho.

El otro importante rasgo que define este nuevo orden viene dado por la encarnizada lucha por la hegemonía del "Tío Sam" frente a China. Esa administración entiende que Occidente ha sido torpe en el manejo de su relación con China, y que estos dislates explican, en buena medida, su inusitado empuje económico mundial. Por consiguiente, según ella, se impone una estrategia más agresiva.

En todo caso, lo cierto es que esta batalla es real y tendrá repercusiones en nuestros países. Precisamente por esto, el analista español Francisco José Dacoba apunta: “La competencia entre las dos grandes potencias de nuestros días no es futurible, ya se está desarrollando (…) cuando dos elefantes pelean, es la hierba la que sufre”.

Por demás, no al azar la primera declaración pública que dio la embajadora norteamericana, Leah Francis Campos, al arribar al país, fue que su objetivo diplomático se enfocaría en restringir la presencia de China en nuestro territorio.

¿Qué significa para nosotros esta otra regla del nuevo orden? Bastante. En este contexto, es previsible que Trump arrecie el nivel de presión sobre los gobiernos de este hemisferio para reducir las relaciones diplomáticas con China y disminuir a su mínima expresión su incidencia en las economías domésticas. El garrote de los aranceles está a la vista, a pesar de la reciente sentencia adversa de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Esto tendría repercusiones claves para nosotros, puesto que en el pasado año exportamos a los Estados Unidos poco más de USD7 mil millones. Mientras que, en los últimos cuatro años importamos de China más de USD22 mil millones. En la próxima cumbre de jefes de Estados de América Latina con el presidente Trump a celebrarse el mes entrante y a la que se invitó al presidente Abinader, se despejarán algunas de estas incógnitas.

En fin, el nuevo orden caracterizado por la Realpolitik no es "cualquier cosa" para países como el nuestro. De ahí que, como mortal contribuyente, conviene conocerlo y, como Estado, prepararse para afrontarlo con inteligencia. Por esto, ante esta poco halagüeña perspectiva, la ingeniosa e irreverente Mafalda diría: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!”.

José Lorenzo Fermín

Abogado

Licenciado en Derecho egresado de la PUCMM en el año 1986. Profesor de la PUCMM (1988-2000) en la cual impartió por varios años las cátedras de Introducción al Derecho Penal, Derecho Penal General y Derecho Penal Especial. Ministerio Público en el Distrito Judicial de Santiago (1989-2001). Socio fundador de la firma Fermín & Asociados, Abogados & Consultores desde el 1986.-. Miembro de la Comisión de Revisión y Actualización del Código Penal dominicano (1997-2000). Coordinador y facilitador del postgrado de Administración de Justicia Penal que ofrece la PUCMM (2001-2002). Integrante del Consejo de Defensa del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos en los procesos de fraudes bancarios de los años 2003-2004, así como del Banco Central en el caso actual del Banco Peravia. Miembro del Consejo Editorial de Gaceta Judicial. Articulista y conferencista ocasional de temas vinculados al derecho penal y materias afines. Aguilucho desde chiquitico. Amante de la vida.

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