Como país, deberíamos sentir un gran optimismo por la economía, la megademocracia, la tranquilidad ciudadana, la seguridad jurídica, la transparencia, las estrechas relaciones con Estados Unidos, del rol de una prensa libre e independiente, la buena imagen del país a los ojos del mundo y lejos de los conflictos geopolíticos (excepto Haití, que es un clavo en el zapato).

Sin embargo, muchos se empecinan en hablar de que estamos en crisis y llegan al extremo de decir que esa crisis no es por la guerra sino por las políticas del gobierno. Solo mentes enfermas pueden llegar a decir una cosa como esa. Pensamientos sombríos, negativismo enfermizo, que para sacar provecho político desean que el país se hunda. Que nos comandamos unos con otros.

Deberíamos darle gracias a Dios de que, en un mundo traumatizado y convulsionado por la guerra, sufriendo hambre por la escasez de alimentos (que comienza a tener consecuencias dramáticas), reduciendo vuelos comerciales y viajes terrestres por la escasez de combustible, recortando la jornada laboral y con una inflación creciente y caída del crecimiento, República Dominicana sigue adelante, donde la gente de la calle apenas se entera de lo que sucede en el mundo.

Crecemos, nos fortalecemos, sabemos cómo salir con éxito de las crisis externas y hay confianza. Esa es la palabra mágica: confianza.

Tenemos problemas. Muchos problemas por resolver. Pero ese no es el punto. Lo importante es que la pobreza baja, el empleo formal crece, las necesidades de los barrios y comunidades pobres se satisfacen gradualmente con los pocos recursos disponibles. Ahora el dinero rinde más porque llega en más cantidad a los bolsillos de la gente. No de un grupito de pendejos que se lo robaban todo.

Los ricos no son los malos, son los políticos. Los primeros invierten y crean empleos porque confían en su país; los segundos crean discordia y desconfianza, y muchos se han hecho ricos por la corrupción, sin producir un aguacate.

Voy a terminar diciendo lo siguiente: hay que unirnos. Buscar consenso porque, si la guerra en Irán se reanuda, habrá una catástrofe mundial donde nadie saldrá ileso. Intentar aprovecharse de esa crisis para joder al país con protestas y huelgas es lo mismo que traicionar a la patria.

El gobierno debe seguir abierto, reuniéndose con todos los sectores, oyendo sus opiniones, tomando decisiones correctas, aunque a veces difíciles, pero con la comprensión de la mayoría de los ciudadanos.

José Lois Malkún

Economista

Economista dominicano. Trabajó como consultor de varios organismos internacionales, como el BID y el Banco Mundial. Fue director de la Comisión para la reforma del Sector Salud, Ministro de Finanzas y Gobernador del Banco Central, en el período 2003-2004.

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