En República Dominicana se exhibe desde hace más de un mes la exposición itinerante “El Prado en las Calles” que ha ido paseando desde hace una docena de años por el lugares de antiguas colonias españolas además de incluir un trayecto por ciudades del Reino de España en el año del bicentenario de la apertura al público de ese gran museo.
La versión de Santo Domingo es, como dicen los españoles, “una pasada”. Los mismos cuadros que primero fueron a Santiago de los Caballeros ahora están colocados en la Ciudad Colonial con muchísimo sentido del humor. En el inicio de la calle Las Damas, justo en la verja de la Fortaleza Ozama vemos el famoso “Fusilamiento del 3 de mayo” de Goya. Emplazamiento muy apropiado,porque ese lugar ha sido escenarios de confrontaciones armadas en más de una ocasión, la más reciente en abril de 1965.
La antigua mansión señorial de un conquistador, la Casa de Bastidas, que posteriormente albergó bodas, bares y celebraciones es actualmente la sede del Museo Trampolín dedicado a los niños. En consonancia, a cada lado de la puerta principal tenemos sendos cuadros de figuras infantiles pintadas también por Goya.
La pared de enfrente tiene un bodegón muy apropiado para acompañar a la entrada del Museo Kah Kow, que muestra todos los utensilios que se han ido involucrando en la elaboración del chocolate a partir del cacao, comenzando por morteros y llegando hasta hornos de alta tecnología. Un poco más adelante, el muro de la Academia de Ciencias exhibe la reproducción de un cuadro que titulado “Las ciencias y las artes”. El edificio del Círculo de Bibliófilos muestra a Santa Bárara leyendo un libro según la imaginó el pintor flamenco Robert Campin. Ni hablar del Arzobispado, adornado con una réplica de la anunciación y otra del descenso del cuerpo de Jesús de la cruz.
Es de suponer que nuestra María de Toledo no recibió la atención de pintores famosos de su época, así que los curadores eligieron un retrato de María de Médicis para adornar su plaza. En el espacio abierto frente a lo que fue la Real Audiencia, aparecen también cuadros con mucho cielo y representaciones de los buscones, perros y personajes eclécticos que todavía hoy suelen rodear las inmediaciones de las oficinas públicas. No tengo idea de quién fue que instaló las obras pero, aunque uno haya visto los originales en Madrid, este paseíto tropical es una verdadera puesta en valor de una selección de una colección esplendorosa. Didáctico, divertido y de gran calidad, muestra que el arte, aunque se apoya en la destreza y en la imaginación, recoge la vida cotidiana y nos la devuelve engrandecida.
Esta singular experiencia nos la ofrece el proyecto “El Prado en nosotros” de la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León, acogiendo y transformando una idea de la Fundación Amigos del Prado. Cuenta con tres facetas: la visita de fotógrafos dominicanos a El Prado, la exhibición de esas fotografías en museos dominicanos y la exhibición de una selección de obras del más antiguo y mayor museo español en varias ciudades dominicanas Santiago (ya pasó) Santo Domingo (se acaba pronto), Punta Cana (abril, mayo y junio), San Francisco de Macorís (julio y agosto) para terminar en Baní en el mes de septiembre. Ojalá en las demás localidades puedan hacer un rejuego tan interesante de interacción entre las obras y su entorno.
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