Cualquier bípedo implume compartiría el júbilo que concitó la pasada semana el anuncio de que la FAO certificara que el pais había logrado clasificarse entre los que ostentan el galardón de “Hambre Cero”. Es una distinción que solo cinco otros países de America Latina han logrado, a pesar de que implica la erradicación del hambre en casi la totalidad de la población. Tal hazana, por supuesto, refleja un esfuerzo nacional contra esa lúgubre privación del ser humano. Pero todavía quedan 900,000 dominicanos que no satisfacen esa básica necesidad. Este odioso remanente deberá seguir calificando como una cimera prioridad del gobierno y de nuestra sociedad.

Hambre Cero no significa que nadie es victima del flagelo. La FAO la describe como el nivel de inseguridad alimentaria que pasó del 21.3 % en 2004-2006 a menos de un 2.5% de la población dominicana. En America Latina solo Brasil, Chile, Costa Rica, Guyana y Uruguay han logrado tal meta. Mientras ahora la RD se une a ese grupo de países, Haiti registra una tasa de hambre del 51.4%, el nivel catastrófico de hambre mas alto del continente. Con ese tétrico contraste y lo que nos queda como retos internos resulta difícil regodearse demasiado con nuestro logro. Tener a nuestro hermano pais sumido en la más abyecta indigencia representa un gran reto a nuestra solidaridad y desarrollo.

De cualquier modo, la FAO explica que “el hambre disminuye cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales se refuerzan mutuamente. La protección social preserva el poder adquisitivo. Las inversiones en el sector agrícola incrementan la productividad. Las infraestructuras rurales conectan a los agricultores con los mercados. Las comidas escolares y las transferencias monetarias protegen a las familias vulnerables al tiempo que generan demanda de alimentos producidos localmente.” La RD logro articular todas esas políticas publicas para satisfacer los requisitos de la FAO para declararnos con Hambre Cero.

Sin embargo, en la rueda de prensa donde se anunció nuestro logro el presidente Abinader humildemente lo atribuyo “al esfuerzo conjunto de agricultores, mujeres rurales, trabajadores del campo, el sector privado, la academia, la sociedad civil, las instituciones públicas y la cooperación internacional.” Pero exagero al decir: “Este no es el triunfo de un gobierno. Es el triunfo de un pais.” La grafica adjunta demuestra que su gestión gubernamental ha sido clave para el logro de la meta. Basta con mencionar que durante sus seis anos de gobierno 1) el número de comedores económicos subió de 35 a 134, 2) la alimentación escolar de 1 millón a 2.1 alumnos, 3) el programa Aliméntate subió de 800,000 a 1.49 millones de hogares beneficiados, y 4) la producción agropecuaria de 279 millones a 347 millones de quintales. Y todo antes del 2028 propuesto como la fecha para alcanzar la meta.

Algunos podrían argumentar que la humildad del presidente esta justificada porque el logro ha sido del pais y no de su gobierno. Sin embargo, seria mezquino no reconocer que los responsables de la hazana tambien deben su éxito a la gerencia política del mandatario. En estos seis anos el nivel de pobreza monetaria ha disminuido del 23.4% en el 2020  al 15.4%  en el 2026. Y que otras ejecutorias gubernamentales han contribuido grandemente, en especial lo relativo a la protección social. Y, obviamente, sin el crecimiento económico propiciado desde la pandemia no hubiese sido posible financiar los diferentes componentes de la protección social (incluyendo Supérate, pensiones solidarias, una nómina publica de 780,000 empleados y otros subsidios sociales). Negar que Hambre Cero refleja, en su mayor parte, la gestión de gobierno es caer en lo absurdo.

Ahora bien, según el Banco Mundial “cerca de la mitad de los dominicanos vive en condiciones vulnerables y está en riesgo de caer en la pobreza debido a los impactos relacionados con el clima y las crisis económicas.” Ese nivel de riesgo amenaza el logro de Hambre Cero y reclama un nivel extraordinario de alerta de parte de las autoridades. Por suerte, el presente gobierno ha reafirmado “su compromiso de avanzar hacia una seguridad alimentaria sostenible, garantizando que cada dominicano tenga acceso a alimentos suficientes, nutritivos y de calidad, al tiempo que fortalece la resiliencia del país frente a los desafíos climáticos y económicos del futuro.” La opinión publica esta llamada a monitorear ese nivel de compromiso, el cual debe cumplirse para evidenciar que el presente gobierno no es plutocrático.

Mas allá de la atención a la inseguridad alimentaria figura el reto de “garantizar que toda la población pueda permitirse una dieta saludable, y no solo las calorías suficientes para sobrevivir.” Tal meta requiere un compromiso con la disminución de la desigualdad social y el logro de la igualdad de oportunidades, pilar fundamental de la justicia social. El compromiso requiere tambien que existan los recursos fiscales para poder atender esas responsabilidades. Por eso es toda la clase política la que esta retada a comportarse con alta responsabilidad frente a la vulnerabilidad de la población y el mejoramiento de los niveles de bienestar de toda la población. Ojalá y nuestros gobernantes futuros puedan reconocer esa participación, tal y como el presidente Abinader ha reconocido a los sectores corresponsables de Hambre Cero.

El hambre y sus pendientes desafíos
El hambre y sus pendientes desafíos
El hambre y sus pendientes desafíos

Juan Llado

Consultor económico

Con entrenamiento universitario en los campos de la psicología, las ciencias políticas, la educación y la economía, obtuvo títulos universitarios en EEUU y se desempeña actualmente como consultor económico y articulista. Su experiencia de trabajo ha sido diversa, incluyendo misiones de organismos multilaterales y gerencia de proyectos internacionales. El principal hobby es la investigación y las tertulias vespertinas en el Centro Histórico de Santo Domingo. Aunque no partidarista y un libre pensador, ha abrazado últimamente la causa de la alternancia en el poder como requisito cumbre para fortalecer la democracia dominicana.

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