La obsolescencia de la forma estado-nación. Desde la perspectiva de la metodología de diseño aplicada a sistemas de gran escala, lo que el mundo experimenta hoy no es una crisis económica convencional, sino una transición de fase sistémica. En la tradición de la BAUHAUS, en donde me formé como urbanista, y donde también fui profesor, sostenemos que la forma debe seguir a la función. Sin embargo, la función del modelo económico del siglo veinte —la creación de una clase media a través del pleno empleo— ha dejado de ser viable frente a la eficiencia del capital tecnológico. No estamos ante un fallo del motor, sino ante el cambio del paradigma de propulsión.

El análisis histórico de los cambios de ciclo, como los de 1873 o 1929, nos revela que el sistema no se repara, se rediseña. El modelo actual se caracteriza por una concentración de capital sin precedentes y un desplazamiento del poder desde las instituciones democráticas hacia los algoritmos de decisión privada. En este escenario, el Estado-Nación pierde su capacidad de emitir confianza, una función que históricamente se materializaba en la moneda. La degradación del dólar y la búsqueda de nuevos respaldos, como el oro o las monedas de cuenta de los BRICS, no son más que el síntoma de una estructura que ya no soporta su propio peso de deuda fiduciaria.
El diseño de la superfluidad humana, como ingenieros sociales, debemos enfrentarnos a una realidad cruda: la tecnología está haciendo que el factor trabajo sea una variable secundaria, cuando no innecesaria, en la ecuación productiva. Los estudios de prospectiva, incluyendo los de la Universidad de Oxford y las predicciones de Jeremy Rifkin, sugieren que en el futuro cercano una minoría mínima de la población global bastará para sostener la totalidad de la producción de bienes y servicios.
Variable Modelo 1945 (Industrial) Modelo 2030 (Tecnológico)
Factor Clave Trabajo Humano Inteligencia Artificial
Poder Estados-Nación Corporaciones/Algoritmos
Moneda Fiat (Deuda) Respaldada/Digital
Estruct. Social Clase Media Polarización (Élite vs. Subsistencia)
Este fenómeno crea una masa crítica de población que, bajo el diseño industrial clásico, se clasificaría como desempleada, pero que en el nuevo diseño de sistemas definimos como población fuera del ciclo productivo. Para evitar el colapso por fricción social, el diseño de proyectos especiales propone un nuevo trinomio de contención. La renta básica universal no debe entenderse como un triunfo del bienestar, sino como un lubricante necesario para que el consumo no se detenga. Este ingreso se complementa con una oferta de ocio digital gratuito y la gestión farmacológica o legal de estados de ánimo colectivos. Es, en esencia, una arquitectura de control basada en la satisfacción de necesidades básicas a cambio de la renuncia a la relevancia productiva.
La republica dominicana y la trampa del crecimiento por volumen. Al proyectar estos conceptos sobre la República Dominicana, observamos una desconexión entre el diseño de sus políticas públicas y la dirección de la economía global. El país ha apostado por un crecimiento basado en el volumen: más turistas, más metros cuadrados de construcción, más población. Sin embargo, en la ingeniería social, el volumen es el enemigo de la eficiencia si no viene acompañado de una alta productividad por unidad.
El discurso que sostiene que la inmigración masiva es necesaria para compensar la natalidad o sostener las pensiones es un error de cálculo estructural. En una economía que se dirige hacia la automatización, importar mano de obra de baja cualificación solo sirve para retrasar la modernización de los sectores productivos. Esto crea una trampa de pobreza: los salarios se mantienen artificialmente bajos, el talento local más brillante emigra buscando entornos de mayor valor añadido y el país queda estancado en servicios de bajo costo que serán los primeros en ser sustituidos por la inteligencia artificial.
La vivienda como activo de refugio y no el diseño urbano y habitacional es el reflejo más fiel de la salud de un sistema. En República Dominicana, el acceso a la vivienda se ha convertido en un cuello de botella. Esto ocurre porque, ante la desconfianza en el papel moneda, el capital se refugia en el suelo. La vivienda ha dejado de diseñarse para ser habitada y ha pasado a ser diseñada para ser acumulada.

Esta distorsión de la función habitacional genera una disgregación social que la ingeniería social considera de alto riesgo. Cuando el trabajador productivo no puede acceder al espacio que él mismo construye, el contrato social se rompe. La solución no es construir más bajo los mismos parámetros, sino rediseñar el concepto de propiedad y uso del suelo, integrando normas fiscales que penalicen la esterilidad del capital inmobiliario y premien la inversión en sectores de alta tecnología.
Hacia una nueva metodología de proyecto nación. La futurología nos indica que para el año 2030 las reglas del juego habrán cambiado por completo. La reconfiguración geopolítica está forzando a los países a elegir entre ser nodos de innovación o simples mercados de consumo y extracción. Para una nación como la República Dominicana, el desafío es transitar de un modelo de servicios manuales a uno de servicios intelectuales y técnicos.
El diseño de este nuevo modelo requiere una reforma educativa radical que abandone la formación de empleados para un mundo que ya no existe. Debemos diseñar ciudadanos capaces de gestionar la complejidad y la creatividad, las únicas áreas donde el algoritmo todavía encuentra resistencia. La inversión debe pivotar desde el cemento hacia el silicio y el capital humano cualificado.
La Arquitectura del futuro. En la Bauhaus aprendimos que no se puede construir un edificio nuevo con cimientos crispados. El sistema económico global está en una fase de demolición controlada. Nuestra responsabilidad, como especialistas en diseño y prospectiva, es asegurar que la nueva
El futuro no es algo que sucede, es algo que se proyecta. La protección del capital a través de activos tangibles como el oro es una medida de prudencia individual, pero la protección de la sociedad a través de una nueva ingeniería de la productividad es una urgencia colectiva. La República Dominicana tiene la oportunidad de saltar etapas de desarrollo si logra entender que el viejo mundo del trabajo intensivo está desapareciendo. El diseño del mañana será tecnológico, o no será.
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