NUEVA YORK – Las consecuencias financieras y económicas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán dependerán de su duración. Es de prever que cuanto más se prolongue, más tiempo se mantengan altos los precios del petróleo, el gas, los fertilizantes, el helio y otros bienes. Y cuanto mayor sea el daño causado a las instalaciones de producción y exportación de petróleo del Golfo, mayor será la presión estanflacionaria, y eso tendrá un importante impacto en las bolsas, los rendimientos de los bonos y los diferenciales crediticios en todo el mundo.

El daño económico derivado del aumento de la inflación y de la pérdida de crecimiento será peor en Asia, que enfrenta un doble shock energético (de precios y de suministro). Europa enfrenta un empeoramiento de los términos de intercambio y un importante riesgo de inflación, pero en su caso el shock de suministro energético será más limitado que en Asia. Estados Unidos, en cambio, tiene ante sí una mejora de los términos de intercambio, ya que es un exportador neto de energía. Aun así, la inflación estadounidense será más alta y su crecimiento más bajo, porque los consumidores de energía (hogares y empresas) gastarán menos, mientras que los productores de energía, receptores de un beneficio inesperado, no producirán ni invertirán más (porque saben que el shock es transitorio).

La administración Trump e Israel cometieron dos errores de cálculo graves. Creyeron que la decapitación del régimen iraní provocaría su derrumbe en pocas semanas, y que Irán no querría o no podría bloquear el estrecho de Ormuz o dañar las instalaciones de producción de energía del Golfo. Se equivocaron, y ahora el mercado da por sentado que el presidente estadounidense Donald Trump está desesperado por encontrar una salida: el famoso escenario en el que «Trump siempre se acobarda».

El escenario más probable en Irán es una escalada estadounidense

Pero esperar que eso suceda también parece un error de cálculo. Si Trump pone fin a la guerra y afianza el statu quo, la amenaza para el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz persistirá, la prima de riesgo sobre el precio del petróleo se mantendrá elevada (en no menos de 20 %), y la popularidad de Trump se hundirá todavía más antes de la elección intermedia de este año. El régimen iraní no sólo seguirá en el poder, sino que es casi seguro que tratará de obtener armas nucleares y redoblará su producción de misiles balísticos, drones y otros medios con los cuales plantear una amenaza al Golfo, a Europa y a la economía mundial.

De modo que dejando a un lado juicios normativos, Trump (e Israel) considerarán necesario intensificar la escalada para tratar de «terminar el trabajo». Eso implica tomar la isla de Jarg (punto de partida del 90 % del suministro energético iraní) e intensificar la campaña de bombardeos diarios para debilitar al (nuevo) liderazgo del régimen y restarle capacidad de proyectar poder militar. Esta estrategia conlleva un alto riesgo, pero puede conducir (en dos o tres meses) al colapso efectivo del régimen y a un Medio Oriente más estable. La economía mundial y los mercados dejarían de estar sujetos al chantaje permanente de un régimen con control sobre el estrecho de Ormuz; los estados del Golfo y sus instalaciones petroleras estarían a salvo y seguros.

Ese es el escenario optimista. Si se toma la isla de Jarg pero el régimen no se derrumba, los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb (frente a la costa yemení controlada por los hutíes) seguirán siendo vulnerables, lo mismo que los estados del Golfo y sus instalaciones de producción de energía. Si el régimen resiste, podrían estar dadas las condiciones para una repetición de la estanflación de los años setenta.

Pero creo que una escalada con victoria de Estados Unidos e Israel y derrumbe del régimen en unos pocos meses es más probable que una escalada seguida de derrota. El primer escenario es obviamente mejor para todos, y mejor que un statu quo inestable. Pero por supuesto, el segundo escenario puede ser peor que el statu quo. En última instancia, la decisión depende de Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que están políticamente condenados si no consiguen mejorar la situación actual en un modo que les permita salvar las apariencias.

Los argumentos para eliminar el régimen islamista fanático de Irán siguen siendo sólidos. Durante cuarenta y siete años, la República Islámica ha sido una maldición para su propio pueblo y para toda la región. Por un lado oprimió y empobreció a los iraníes, por el otro amenazó en forma constante a Israel y se inmiscuyó en países de mayoría sunita o con grandes poblaciones chiitas, muchos de los cuales (entre ellos Líbano, Siria, Irak, Yemen, Sudán y Libia) terminaron convertidos en estados fallidos o semifallidos. Además de desestabilizar todo Medio Oriente, Irán patrocinó el terrorismo en todo el mundo, fue un factor de migración en masa a Europa y apoyó la guerra rusa de agresión contra Ucrania. Tiene misiles balísticos de largo alcance con capacidad para llegar a toda Europa, y si consiguiera armas nucleares sería una amenaza directa para todo Medio Oriente y Europa.

Más allá de lo que se piense sobre la decisión de Trump de ir a la guerra, todo el mundo debería desear un desenlace en el que el régimen actual ya no pueda amenazar la estabilidad económica y financiera del mundo ni su seguridad. Intentar terminar el trabajo es mejor que las alternativas, incluso cuando se tienen en cuenta los riesgos evidentes.

El canciller alemán Friedrich Merz lo expresó muy bien durante la Guerra de los Doce Días en junio del año pasado: «Israel está haciendo el trabajo sucio por todos nosotros». Era verdad entonces y lo es ahora. Aunque el fin de la República Islámica beneficiará más a Europa, China y Asia que a Estados Unidos, lo más probable es que Washington opte por la escalada. En el mejor escenario, eso supone turbulencia económica mundial a corto plazo seguida de una mayor estabilidad global, pero no se puede descartar que haya perturbaciones a medio o largo plazo.

Traducción: Esteban Flamini

Fuente: https://www.project-syndicate.org/commentary/us-iran-escalation-most-likely-scenario-by-nouriel-roubini-2026-03/spanish

Nouriel Roubini

Economista

Nouriel Roubini, a professor at NYU’s Stern School of Business and CEO of Roubini Macro Associates, was Senior Economist for International Affairs in the White House's Council of Economic Advisers during the Clinton Administration. He has worked for the International Monetary Fund, the US Federal Reserve, and the World Bank.

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