La angustia racial de las élites dominicanas que contagia a una parte de la población, es un intento enfermizo de negar la historia y erradicar toda evidencia de negritud.
Afortunadamente hay ejemplos que desafían esa retórica de autoodio. José Francisco Peña Gómez en el país y Darializa Avila Chevalier en la diáspora dominicana de la ciudad de Nueva York.
El ejemplo mayor en el país es José Francisco Peña Gómez, hombre negro de ascendencia haitiana, fue amado por el pueblo y a quien yo llamo “el pertubador moderno de la hispanidad dominicana.”
Cerca del cuarenta por ciento de los votantes en las elecciones presidenciales de 1994, votaron por Peña Gómez. La Junta Central Electoral dio como ganador a Joaquin Balaguer. En medio de manipulaciones y el apoyo de los Estados Unidos, Peña Gómez nunca subió al poder político. Su alma, liderazgo y carisma se clavaron en los corazones del pueblo.
Es innegable, que los dominicanos cruzaron el Atlántico en la época colonial, el dominicano promedio tiene entre el 35 al 45 por ciento africano en su ADN. Y a los blanquitos que se blanquearon con la migraciones forzadas de gente blanca principalmente de las islas Canarias, le seguimos preguntando ¿Y tu abuela dónde está?
La diáspora en Nueva York funciona como una avanzada red que rechaza los parámetros tradicionales en los cuales se define la identidad dominicana que originalmente bloquearon a Peña Gómez.
El ejemplo más reciente lo constituye la diáspora dominicana en la ciudad de Nueva York. Los candidatos para el Congreso del distrito 13 en las primarias demócratas se debatían entre dos. Adriano Espaillat–el actual candidato apoyado por la poderosa maquinaria demócrata, querido por muchos y muchas por su apoyo a las organizaciones comunitarias y luchas por viviendas ascequibles– y Darializa Ávila Chevalier joven dominicana de padres dominicanos, socióloga, militante del lado socialista del partido Demócrata y activista comunitaria..
No había comenzado la campaña, cuando varios medios de comunicación y redes sociales en la República Dominicana hablaban de la haitiana que se hacía pasar por dominicana. Su segundo apellido es chevalier, eso la hacía haitiana. Alegaban que insultó la bandera dominicana y deseaba la unificación de los dos países que constituyen la isla Hispaniola. La retórica racista alcanzó a Nueva York o viceversa.
A fin de cuentas, la joven es dominicana de padres y abuelos dominicanos y a quien se le ocurre hablar de unificación en este siglo. Las acusaciones de unificacion son desplegadas como un algoritmo bien calculado para incitar anxiedades historicas y desacreditar a los y las candidatos negros.
No creo que Adriano Espaillat haya diseñado esta retorcida idea en contra de Darializa. Ahora le afectó tremendamente su campaña además que el congresista firmó el acuerdo con AIPAC institución que apoya al estado genocida de Israel.
Los resultados le dieron a Avila Chevalier el 49.4 por ciento de los votos y a Espaillat 45.9.
Racista y pro-israelita, Espaillat perdió un número importante de su electorado y lo impensable se hizo realidad Avila Chevalier ganó, destruyó la maquinaria demócrata y se convirtió en la candidata demócrata en las elecciones nacionales en noviembre de 2026. Lo más importante es que la comunidad votante dijo: hasta aquí llega el racismo y el antihaitianismo absurdo de los dominicanos.
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