Cada vez que surge un conflicto bélico en el Medio Oriente y aumentan los precios del petróleo y sus derivados, la economía dominicana se desguañanga.

Joaquín Balaguer tuvo la suerte de que un evento como ese no ocurrió entre 1966 y 1973, cuando tuvo lugar la guerra de Yom Kipur, conflicto que enfrentó a Egipto y Siria contra Israel. Durante el gobierno de Antonio Guzmán tuvo lugar el más elevado crecimiento en el precio internacional del petróleo desde entonces hasta el día de hoy, y que perduró durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, el segundo gobierno perredeísta, cuando más de diez países latinoamericanos tuvieron que acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI). Hacia finales del gobierno de Leonel Fernández tuvo lugar otra gran subida; y durante el actual de Luis Abinader la guerra entre Rusia y Ucrania ha vuelto a aumentar el precio internacional del mismo.

¿Qué hicieron esos cinco gobiernos para dejar de depender de energía importada? Prácticamente nada. Durante los primeros gobiernos de Balaguer se construyó una refinería de petróleo, administrada por la Shell, para aprovechar la diferencia de precios entre el crudo y el refinado y también para poder utilizar las importantes líneas de crédito que México y Venezuela ofrecían al país. Ya hoy día, siendo esa refinería totalmente estatal, apenas refina un 12% de lo que vende y no existen gobiernos que vendan a crédito como antes. Hoy importamos esencialmente de Estados Unidos el petróleo y el gas natural, y el carbón desde Colombia.

Para despolitizar la determinación de los precios de venta al público de la gasolina y sus derivados se estableció una fórmula bajo la cual, en forma automática, todo aumento o disminución en el precio del crudo de Texas se traspasaba al público, junto con cambios en el flete, los impuestos internos y los márgenes de comercialización. Bajo ese esquema cualquier ciudadano podía predecir cuál sería el cambio final en los precios.

Pero nuestros políticos, para no enfrentar incrementos de precios al público, dejaron de utilizar la fórmula y ahora la gente, en vez de culpar al precio del crudo en Texas, culpa a los gobiernos por los aumentos. Los precios los fija el gobierno, no la fórmula. Es decir, se ha politizado un esquema que busca sacar de la política la determinación de los precios de la gasolina al consumidor.

En cuanto al precio de la electricidad, este ha estado fijado por el gobierno sin modificaciones, y no como debería ser, vinculado a los costos de generación resultantes del costo del gas natural, el carbón, el diésel, el sol, el viento y nuestros ríos.

En el primer gobierno de Leonel Fernández se privatizaron las tres distribuidoras, pero luego el de Hipólito Mejía las estatizó y desde entonces las cosas han ido de mal en peor, y hoy día el 40% de la luz que se produce la reciben ciudadanos que no la pagan. El resultado ha sido un enorme subsidio que afecta la capacidad del gobierno de realizar inversiones públicas de importancia.

El resultado de un control estatal sobre los precios de la gasolina y de la luz ha sido que los mismos están por debajo del promedio mundial. Que eso ocurra en un país como Baréin es comprensible, pues es un gran exportador de energía, pero que lo haga un país que depende en un 75% de energía importada es absurdo. El resultado son los miles de motores y conchos que circulan entre nosotros y la incapacidad de los gobiernos de hacer que la gente pague su luz o quede desconectada.

La verdadera solución para un país como el nuestro, colocado, como nos lo recordó Pedro Mir, "en el mismo trayecto del sol", son los paneles solares. Ya los principales bancos del país, las estaciones de gasolina y otras edificaciones los han colocado en sus techos, pero no lo hacen nuestros gobiernos en los edificios públicos, incluyendo fortalezas militares. Aunque contamos con energía eólica a través de turbinas de viento, nuestra generación de renovables no pasa de un 22%, cuando en países como España es de un 50%. Aunque Brasil genera mucha energía con la caña de azúcar, el etanol, los bajos volúmenes de producción de caña en nuestro país hacen irrealizable utilizar esa fuente, como también lo es el usar la biomasa.

Bernardo Vega

Historiador, economista

Economista, historiador, autor de decenas de libros. Impenitente columnista, fue gobernador del Banco Central y embajador ante la Casa Blanca. Ex director del periódico "El Caribe" y de la revista "La Lupa Sin Trabas". Actualmente es presidente de la Academia Dominicana de la Historia.

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