Sobran las palabras para explicar a un dominicano el significado de la palabra “chepa”; sin embargo, para quienes nos leen fuera del país es necesario destacar que en la República Dominicana una “chepa” es algo que sucede por pura suerte, un accidente o casualidad, sin planificación o simplemente por azar.
Cuando hablamos del progreso, el bienestar o el desarrollo de una nación, no podemos pensar que el mismo ha sido fruto del destino, más bien el desarrollo es resultado de una construcción deliberada que implica decisiones y coherencia institucional para orientar acciones coordinadas y planificadas.
Según el economista sueco Gunnar Myrdal, el desarrollo no es simplemente crecimiento económico, sino un proceso integral de transformación estructural y social, que mejora las condiciones de vida de la gente a través de cambios económicos e institucionales que se refuerzan entre sí. Myrdal sostenía que los procesos orientados a impulsar el desarrollo tienden a reforzarse, tanto en sentido positivo como negativo; de manera que el progreso genera mas progreso y el atraso genera más atraso.
El 2025 demostró que, a pesar del crecimiento económico moderado exhibido en el país, se evidencian mejoras en indicadores vinculados al bienestar, entre los que resaltan: reducción de la pobreza, mejoras en el acceso a servicios públicos, baja en el índice de subalimentación, expansión de la red vial, inversión social más focalizada, disminución de muertes maternas, ampliación en la cobertura universitaria, aumento de empleos y oportunidades.
Estos logros no responden a la suerte, sino a políticas públicas mejor orientadas y a una comprensión más amplia del desarrollo como proceso multidimensional que se localiza en un lugar específico, allí donde se encuentran sujetos que contribuyen desde su localidad en hacer de la República Dominicana una mejor nación.
Demostrando la importancia de planificar el desarrollo tomando en cuenta la variable “territorio” como recipiente de las acciones requeridas para reducir los efectos negativos y ampliar el potencial diferenciado en cada lugar. El diálogo con los agentes sociales y económicos localizados en cada demarcación, el aumento del número de iniciativas situadas por toda la geografía nacional y fomentar nuevas inversiones en cualquier parte del territorio, sin importar el número de residentes de una provincia o municipio; es parte del enfoque que ha primado para conducir la nación dominicana por el camino del desarrollo.
Para seguir fortaleciendo este modelo se requiere aprobar las reformas pendientes que garanticen no dejar a nadie atrás. Reflexionar sobre el financiamiento al desarrollo para pasar de una lógica únicamente sectorial, a una lógica territorial que ubique cada peso del presupuesto nacional en una región o provincia. Finalmente, fortalecer la planificación sustentada en los datos, apoyada en el diálogo y con propuestas diferenciadas por territorio.
El desarrollo no es una chepa, sino que debe seguir siendo el resultado de decisiones conscientes, coordinadas y territorialmente sustentadas; solo así el crecimiento económico, incluso cuando sea moderado podrá convertirse en progreso y bienestar para la gente, sin importar el lugar en donde resida.
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