Leyendo a Emil Cioran en una carta dirigida a Fernando Savater sobre Jorge Luis Borges, no pude "evitar" el "iluminarme" con este latido.
No diré sobre las últimas palabras de esta epístola: "El yo, falsa suprema", "¿Dónde se halla la realidad de todo esto?"[]
"Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, una utopía en la que todos le imitemos, uno de los espíritus menos graves que han existido… el último delicado".
Sí, no más bien, sobre un breve comentario de la misma que encendió el latir de mi consciencia: "Para el todo vale, puesto que el mismo es el centro de todo…"
Cuando escuchamos a alguien "atreverse" a decir que es el centro del universo solemos mirarlo con desdén y apatía por no poner "su ego en las sombras"; sin embargo, realmente cada uno de nosotros "es el centro de todo"…
Sin usted, no existe nada. Dejamos "de existir" y todo se acaba… por lo menos, eso creemos. "La realidad" es que "algo se acaba"…
Usted o yo y todos los demás, terminamos y "salimos" de "la ópera", tan pronto nos "sacan del escenario". Concluimos la actuación y saltamos a la siguiente "circunstancia"…
Pero en cada una de las películas que nos corresponda interpretar, ¡siempre seremos "el centro" porque eso es lo que somos! Protagonistas de todas las escenas que nos toquen porque estamos "indisolublemente atados" al centro, o sea, al Yo. Único e "indispensable"…
Cumplimos una función específica dentro de toda la inmensidad del universo. Una célula o núcleo, o como usted quiera llamarle, que provoca la armonía de "ese todo".
Somos el centro, del centro , del centro del universo. El centro de todo, de un todo con vocación de infinito y de infinitas respuestas que generan infinitas preguntas y a la vez infinitas respuestas que siguen pariendo preguntas en una dinámica de nunca acabar…
Sin mí no existo. Yo soy él, soy el que se convierte en ti y en águila y tigre. Y en todas las mañanas y veredas y caminos y ríos. Todos los misterios y resoluciones aparecidas y desaparecidas.
Soy el centro mismo que "se distrae" con los afanes que pasan en hileras interminables y que, a la vez, son las lecciones que me hacen recordar que soy el centro de todo, lo que ocurre y lo que "produzco" a través de mi mente.
Una mente, que a veces se despierta y se percata de que es "el centro de todo", rodeado de muchos centros que se creen serlo también, sin saber que, en realidad, yo soy el centro de todo, por lo menos de mi universo. ¡Salud! Mínimo Céntrero.
Postdata: Si se enredó en este latido, no se preocupe, ya somos dos…
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