Uno de los más importantes personajes médicos del siglo XIX fué el doctor Ramón Emeterio Betances, quien además de médico fue un hombre comprometido con sus ideas políticas. De esta manera lo describe el doctor Santiago Castro Ventura: “El doctor Betances desde muy joven fue adquiriendo una conciencia política de índole liberal, que le condujo a tomar parte activa en los acontecimientos revolucionarios desatados en la capital inglesa durante el año 1848, para luego llegar a protagonizar diferentes episodios que le condujeron a la presidencia del primer gobierno provisional independiente de su natal Puerto Rico luego del Grito de Lares”.
El doctor Betances nació en Cabo Rojo, Puerto Rico en 1827, hijo de un dominicano y una puertorriqueña. Estuvo por primera vez en Santo Domingo en el 1857. Las circunstancias politicas le hicieron regresar a Puerto Rico en 1859. Betances estableció una práctica muy exitosa de cirugía y oftalmología en Mayaguez. Incluso enemigos políticos aguerridos como el periodista español pro-monarquía José Pérez Morís consideraban a Betances como el mejor cirujano en Puerto Rico en ese tiempo. Su buena reputación en Puerto Rico sobreviviría su estadía en la nación insular por muchos años. Betances introdujo nuevos procedimientos quirúrgicos y asepticos en Puerto Rico. Con la ayuda del anestesiologo venezolano Pedro Arroyo, Betances realizó el primer procedimiento quirúrgico bajo cloroformo en Puerto Rico, en noviembre de 1862.
Regresa a nuestro país en el 1867 luego de haber sido expulsado de Puerto Rico. Entre 1867 y 1869 realizó numerosas intervenciones quirúrgicas en Santo Domingo, y es expulsado de nuestro país en 1869 por el Presidente Báez. Desde aquí se dirige a París, y allí conoce al General Gregorio Luperón. Regresa de nuevo al país en 1875, y se establece en Puerto Plata desarrollando una gran obra, en las que da consultas y opera a todos los que requerían sus servicios. Por este motivo el ayuntamiento de Puerto Plata le rindió diversos homenajes, en que se le reconocen sus cualidades y su dedicación al servicio público. Se decía que venían a verle todos los enfermos y ciegos de los alrededores. El periódico El Porvenir del 1875 decía que la llegada del doctor Betances a Puerto Plata “había sido una providencia para sus habitantes”. Los puertoplateños le llamaban “médico santo” y los puertorriqueños “padre de los pobres y los negros”. Escribió diversas obras entre las que se destaca la biografía que realizó del Arzobispo Meriño.
El doctor Castro Ventura, autor de una extensa biografía del doctor Betances afirmó en 2012: Es lamentable que Betances sea hoy un héroe ignorado, y que ni siquiera una calle dominicana se honre con su nombre, mientras grandes avenidas han sido bautizadas con nombres de personalidades extranjeras que posiblemente nunca se interesaron en conocer ni siquiera la ubicación geográfica de la isla. La obra narra parte de lo que hizo Betances en el país como exiliado vinculado al bando patriótico de los Azules, entidad en la que se solidarizó con los más nobles intereses del pueblo dominicano. Se trata de una narrativa sobre los ajetreos patrióticos de Betances, ilustre médico insurgente, quien de forma clandestina se trasladó a República Dominicana y al igual que Eugenio María de Hostos realizó una obra trascendental en pro del progreso de los dominicanos y el afianzamiento de su independencia. En París se desempeñó como diplomático dominicano con gran éxito y contribuyendo siempre con causas nobles y positivas. Ofreció en nombre de Luperón refugio en República Dominicana para los judíos rusos que estaban padeciendo persecuciones.
Este hombre extraordinario, quien fuera no solamente oftalmólogo, sino filántropo, escritor, humanista y prócer, murió en Neuilly-sur-Siene, París, el 16 de septiembre de 1898.
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