Al Dr. Herbert Stern, eminente oftalmólogo e historiador dominicano, cuya obra inspiró este texto. Mi eterna gratitud a Eduardo de la Rocha por guiarme hacia sus textos, y a la Dra. Elvira Lora por su valioso apoyo editorial.
El miércoles 9 de julio de 1930, el periódico Le Matin hacía eco de una crónica estadounidense sobre el doctor Horace Périgord, ministro de Haití en camino a Londres. Durante su escala en Nueva York, la comunidad diplomática y académica organizó fastuosos festejos en su honor.
Las celebraciones comenzaron el domingo 6 de julio de 1930 con una recepción de gala en Brooklyn, en la residencia del profesor Lastant Auguste, y un gran baile en Manhattan Avenue. Tras un breve descanso, el itinerario concluyó el martes 8 de julio de 1930 con un banquete íntimo ofrecido por la familia Harris, antesala de su partida final a bordo del legendario transatlántico Île-de-France.
Cuando se busca reconstruir su rastro, uno se sumerge en listas y boletines oficiales, como para asegurarse de que todo aquello realmente existió. El 20 de diciembre de 1926, su nombre aparece en el número 1344 de la lista del Impuesto de Alquileres en Le Moniteur: una simple dirección, una tasa pagada en el Puerto Príncipe de los años veinte. Luego ocurre un relevo diplomático en el Palacio de Buckingham. El lunes 26 de febrero de 1930, el doctor Louis Baron, nuevo ministro residente de Haití en Londres, es recibido con el ceremonial de rúbrica por Su Majestad el Rey de Inglaterra para entregar sus cartas credenciales y, al mismo tiempo, las cartas de retiro de su predecesor, el doctor Horace Périgord. Sin embargo, los archivos del Boletín Oficial del Departamento de Relaciones Exteriores mencionan que en el 11.º Congreso Internacional de Veterinarios, celebrado en Londres bajo los auspicios del Gobierno británico del 4 al 9 de agosto de 1930, es él, el doctor Périgord, quien representa a su país. El periódico Le Matin registra después un discreto retorno el 2 de febrero de 1931, saludando su visita a la redacción tras desembarcar del buque Bogotá: el Dr. Périgord, quien nos representó durante algunos meses en Londres, ha regresado con buena salud, y le reiteramos nuestros mejores deseos.
Mientras más se retrocede, más borrosos se vuelven los rostros. Encontramos al doctor en el siglo anterior, en las salas blancas de la Escuela de Medicina. El lunes 13 junio de 1898, un jurado compuesto por los doctores Jeanty, Michel y Boyer examina al joven estudiante Horace Périgord para su doctorado. El resultado es favorable, el candidato recibe la calificación de «satisfactorio» y el acta es firmada por el presidente del jurado, el Dr. H. Mahotière, junto a un misterioso Dr. R cuya inicial queda suspendida en el vacío de los archivos de Le Moniteur del 13 de julio de 1898. Después llega el reconocimiento. El viernes 8 de noviembre de 1912, Le Matin anuncia su nombramiento como primer titular de la cátedra de clínica oftalmológica, creada bajo la dirección del Dr. Paul Salomon. Más tarde, se convertiría en el director de la Escuela Nacional de Medicina y Farmacia. El historiador Catts Pressoir, en su obra de 1927, relata cómo el doctor hizo frente a las presiones del ocupante estadounidense —un tal Mac Lean—, quien pretendía persuadir al Dr. Périgord de cerrar la institución para reabrirla bajo los auspicios del Servicio de Higiene, alegando que el presidente Dartiguenave aprobaba la medida. Périgord resistió.
También estuvo el episodio de las Bahamas, entre 1909 y 1911, donde ejerció como cirujano y cónsul en Inagua, esa isla llana y blanca de sal, batida por los vientos del Atlántico. Una notificación de Bahamianology, con fecha del 26 de mayo de 1909, indica que se le concedió la autorización para asumir el cargo a la espera de la llegada del exequátur real. Es la época de su complicidad con su amigo, el doctor Alonzo Holly, y de los esponsales anunciados con Théodora Holly, la hermana de Alonzo, una mujer que escribe y que piensa la política. Una promesa de futuro que también se disolvió en el tiempo, ya que regresó solo a Haití en 1911. Hacia 1924, lo encontramos de nuevo en Puerto Príncipe, como miembro de la junta de la Asociación Haitiana para la Sociedad de las Naciones, al lado de Dantès Bellegarde y Constantin Mayard. El Dictionnaire bibliographique de Max Bissainthe menciona ese delgado volumen de 116 páginas, titulado Al lector, salido de las prensas de la Imprenta Chéraquit como una herramienta de propaganda idealista.
El telón cae lentamente. El miércoles 27 de julio de 1938, una nota de prensa luctuosa en Le Nouvelliste por un colega, el doctor Lechaud, suena como una advertencia. El autor enumera allí a los últimos sobrevivientes de una época, una docena de médicos que aún luchan en nuestro medio, extrañados, desorientados y desamparados, entre los cuales figuran Alonzo Holly, Paul Salomon y Horace Périgord. El último rastro no es más que una mención administrativa en Le Moniteur del martes 30 de septiembre de 1947, en la página 767. Allí se lee simplemente: «Vda. de Horace Périgord». El doctor se había marchado definitivamente, dejando atrás direcciones en Nueva York, salones en Brooklyn y el recuerdo lejano de una bandera haitiana ondeando en el cielo de Londres.
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