Con Gaza en el corazón
A comienzos del siglo XX y continúan en el XXI, cobran fuerza dos disciplinas científicas que engloban varias visiones de los acontecimientos sociales y mentales con un mismo objetivo: descubrir las bases cerebrales de la conducta moral y ética del ser humano.
Donde se plantean preguntas y cuestionamientos sobre el pensamiento social.
Esta raíz reflexiva y gran parte de los conceptos filosóficos de búsqueda de la existencia de una moralidad orgánica localizada dentro de nuestro parénquima cerebral, que se desarrolla o se reprime, y que cada individuo posee una propia capacidad para la moralidad, es posible; o, por el contrario, son los grupos sociales y de convivencia los que crean estos códigos.
¿Los códigos éticos y morales son aprendidos o forman parte del condicionamiento clásico?
Estos conceptos, que forman parte de la convivencia civilizada, son transmitidos desde generaciones a través de la educación, la política y la religión.
Son una forma de dominación para el control de nuestros instintos animales y primitivos que poseemos los seres humanos. Por ello se crearon las leyes y los códigos civiles o morales; el orden de los factores no altera el producto.
Vamos a conocer uno de estos conceptos. La filósofa española Adela Cortina lleva décadas analizando y creando otros nuevos términos para identificar reacciones colectivas ligadas a la convivencia y a una moralidad selectiva; estas reacciones van más allá del racismo, la xenofobia y el clasismo.
En el año 1995, para definir el rechazo, el desprecio y la aversión hacia las personas pobres o desfavorecidas, ella, Adela Cortina, creó un nuevo término que, en sí, es un concepto y una definición de una reacción colectiva y condicionada por la ideología. La forma lingüística deriva del griego áporos (pobre) y fobos (temor o rechazo; fobia).
Este concepto revolucionó todas las esferas de los estudios sociales y filosóficos, hasta éticos; fue tal su impacto y revulsión para los observadores de las conductas sociales que en 2017 la Real Academia Española (RAE) lo incluyó en el diccionario de español más importante del mundo para los lingüistas y amantes del español, dándole una categoría universal al término.
«Aporofobia» nos da una forma de mirada social para identificar conductas de rechazo a otros grupos en situación de exclusión.
Con el cambio de estos tiempos y la ola fascista que asola el mundo, este término es tan definitorio de nuestro siglo: el desprecio al otro.
En un mundo ciego moralmente somos espectadores de deportaciones e incluso las justificamos: «No queremos más pobres; nuestras sociedades no pueden asumir el coste», «Son delincuentes»…
Realmente, nuestra mirada hacia los pobres está desprendida de todo ápice de humanidad; no los vemos como seres humanos, no tenemos empatía hacia ellos, son una amenaza.
Es de las peores fobias colectivas que pueden existir: ver al otro sin humanidad y, peor aún, con miedo.
APOROFOBIA, para nuestro diccionario social y vital. Gracias, Adela.
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