Siguiendo a Isaiah Berlin, Camps asume dos expresiones de la libertad. La primera se refiere a la posibilidad de actuar sin restricciones que no sean aquellas establecidas por las leyes (libertad negativa). La segunda remite a la capacidad de elegir fines de una manera autónoma (libertad positiva). Por ejemplo, puedo disfrutar de la libertad de asociarme con mis amigos, pero luego está el problema de para qué me asocio con ellos. La libertad negativa constituye una condición de posibilidad de la libertad positiva.
Una sociedad democrática requiere de un Estado que no se exceda en los límites establecidos a la acción ciudadana, ni tampoco es posible si la ciudadanía falla en la construcción colectiva de fines comunes.
Para que semejante proyecto sea viable, se requiere de la confianza. La cultura neoliberal difumina esta idea porque exacerba el rol del individuo y sobredimensiona su capacidad de acción, otorgando al individuo una autonomía absoluta e inculcando unos falsos valores según los cuales cada persona es la única responsable de su éxito o fracaso.
El neoliberalismo fomenta una desconfianza en el otro, al que se le ve como un rival permanente en la competencia de la vida. De la misma manera, la política se ve con escepticismo, al igual que toda propuesta comunitaria que es interpretada como una pantalla que oculta intereses espurios. En la medida en que este clima de desconfianza se afianza, se debilita la atmósfera democrática.
El socavamiento de la democracia por parte de los supuestos neoliberales exige un cambio de perspectiva hacia una ética del cuidado basada en una concepción relacional de la libertad que nos vincule con los otros.
[1] Camps, Victoria. La sociedad de la desconfianza. Como recuperar la confianza en un mundo sin dimensión moral de la política y la vida cotidiana. Barcelona: Arpa, 2025. 9.
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