La filósofa Wendy Brown ha ofrecido una entrevista al diario El País donde afirma que el modelo de la democracia liberal está agotado. En contraposición, propone una democracia reparativa, un modelo participativo focalizado en el cuidado y en la reparación de los daños provocados por el neoliberalismo (https://elpais.com/ideas/2026-10-24/wendy-brown-politologa-llevamos-un-tipo-de-vida-insostenible-y-lo-sabemos.html?outputType=amp&fbclid=IwY2xjawV).
Entre los referidos daños suelen mencionarse la destrucción del medioambiente o la precariedad económica de millones de seres humanos. Pero también son agravios importantes una cuestionable escala de valores cuyas consecuencias son la disolución de la vida comunitaria y el establecimiento de una descarnada lucha por la supervivencia, bendecida bajo el epíteto de «libre competencia».
Lo cierto es que esa competición libérrima puede representarse con esta analogía: imaginemos a un niño con problemas de nutrición, descalzo, de pie sobre un cemento calentado por el sol. Luego, pensemos en otro niño que ha disfrutado de buena alimentación y se encuentra calzado con tenis adecuados para correr. Entonces, una persona les dice que corran por un premio para el que logre llegar primero. Podemos reconocer que, si bien se puede hablar de una libre competencia, existen unas condiciones previas que los niños no han creado y que, sin embargo, son determinantes para el resultado final de la competencia.
De igual manera, la vida social humana no es una competencia desde la cual partamos en iguales condiciones. Quien ha tenido la fortuna de nacer en una familia acomodada, con relaciones de poder y perteneciente a un colectivo tradicionalmente privilegiado, disfruta de unas ventajas que no son el producto de sus propios méritos con respecto a quienes padecen de un origen menos favorecido.
No obstante, la cultura neoliberal promueve la perversa idea de que los individuos son responsables absolutos de sus éxitos y fracasos, desviando la mirada de las estructuras sociales que inciden en dichos resultados. Al mismo tiempo que fomenta el valor de una libertad económica absoluta, silencia la noción de límite que lleva implícita cualquier ejercicio humano de libertad mientras carece de reparo en promover el pacto con sistemas que denigran la dignidad humana siempre y cuando los mismos fomenten la libre empresa.
Brown asocia el neoliberalismo con el nihilismo, un proceso de desvalorización que monetiza todos los aspectos del mundo de la vida. Sus consecuencias políticas contribuyen a una atmósfera de pasividad que posibilita el ascenso de las fuerzas autoritarias. El desafío de nuestro tiempo es cómo generar resistencias articulando el diverso abanico de fuerzas democráticas que no son compromisarias de un único programa político, pero sí comparten una sensibilidad hacia una ética del cuidado y de la reparación democrática.
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