Los grandes espíritus proporcionan guía a los demás para encontrar el propio. Los malos, para extraviarse. Digo grandes espíritus, no líderes. Líder puede ser hasta la sombra de cualquiera por los intereses personificados en ese otro como “falso guía”. De ahí el mercado de ofertas y demandas de guías y líderes. Como vivimos y nos desenvolvemos en esta sociedad, los tenemos hasta en la sopa. Son “líderes” o dicen ellos que lo son, porque reducen nuestras preocupaciones de las grandes interrogantes de la vida, por nuestra voluntad y dependencia, a sus proyectos personales; y los “líderes”, porque representan las tres calientes en el futuro inmediato.
Tienden o dicen representar nuestro bienestar en su totalidad. «Mientras más dure ese “Guía o líder”, contra viento y marea, mejor», y cualquiera que se atreva a ponérsele en el medio, se va de paro. Así estamos por aquí, pero para conformarnos un poco, cuando se diagnostican las posibles “enfermedades” de una sociedad, que no son otras que no andarles a tiempo a las cosas a resolver, postergándose hasta que se convierten en irreconocibles.
Un falso “guía” vive dando y despachando formulitas para que les crean lo que solo en sus sueños o en la imaginación de sus seguidores enfermos. Otra característica es criticar al de su espécimen lo que siempre ha hecho cuando se le pasó de hacer lo que tenía que hacer, bajo el apremio de la fórmula del olvido del otro. El desbarajuste de este tiempo les da la oportunidad de que muy pocos les den seguimiento y los que se los dan lo hacen por los intereses creados alrededor de esas figuras convertidas en mesiánicas por la repetición de hablar lo mismo y ofrecer lo mismo.
No hay guías ni líderes sanos y el que se lo cree lo sabe, y si pretende no saberlo, imagínese el que lo sigue. Entonces, ¿en qué pie estamos parados? ¿En ninguno? Va a depender del ojo de la aguja con que cada quien lo mire.
Los “guías y líderes” abundan en todos los estratos sociales, son las siete carnes del sancocho, y si aparece otra carne exótica para el agua hirviendo, va.
Los “Guías y Líderes” están al granel en estos tiempos de redes sociales, de crisis espirituales a lo de irse en yola, cuando se podía, por supuesto. Nada más hay que creérselo, y para creerse a sí mismo que se es un genio, basta con soñar dormido hasta no despertarse sobresaltado, por haber soñado que se hizo realidad lo que tanto ha hablado.
Los “guías y líderes” abundan en todos los estratos sociales, son las siete carnes del sancocho, y si aparece otra carne exótica para el agua hirviendo, va.
Con diagnosticarlos no basta, ni con criticarlos ni emplazarlos por sus hechos; mucho menos por lo que dicen. Sus masas los respaldan en cualquier lugar y en todo terreno.
Un guía-líder es aquel (perdonen el intento de definición) que nos ayuda a encontrar nuestro propio camino y después nos suelta para actuar y pensar por nuestra cuenta. No nos exige fidelidad eterna ni que les creamos la oración personal que pregona él y sus recuas, para que su salud sea como una luz fosforescente.
Todo el que los sigue y los cambia de acuerdo a sus intereses mutantes, lo sabe. ¿Es que nuestra psiquis necesita de “protección” para lo que nos conviene en el futuro? Es lo que podría llamarse inteligencia emocional. Los guías, líderes o lo que sea, podrían parecerse al que le prende un velón al santo de su devoción para que el santo encuentre el camino, después de haber hecho su santa diligencia… y la luz del velón sirva para regresar el favor material o espiritual al que lo solicitó.
Compartir esta nota